septiembre 29, 2020

Una rebelde en paz

Halsey es la joven creadora de éxitos más honesta del pop. Actualmente, está aceptando a la persona detrás de la artista.

La casa de Halsey es hermosa: una gema sin pretensiones y espaciosa de mediados de siglo situada en el lado inclinado de una de las afluentes colinas de Los Ángeles y diseñada por la misma agencia de arquitectura que construyó la torre de Capitol Records, su disquera actual. Ella tiene otra casa, una que es más “como un depa de soltera con un bar extravagante que tiene el tema de la Mansión Playboy», pero se mudó aquí hace aproximadamente un mes para trabajar en su tercer álbum (actualmente están construyendo un estudio en la parte trasera) y la casa le ha empezado a gustar de una manera que no esperaba.

De hecho, dice que la única vez que abandonó su hogar en los últimos tres días fue para ir de compras esta mañana; insistió en hacerse cargo a pesar del obvio peligro de ser una persona famosa en su hábitat natural. “Soy una mujer adulta. No puedo ser esta maldita persona codependiente e indefensa que tiene a alguien que hace todo por ella, porque me mato. Me vuelvo loca literalmente», dice

Su rostro no tiene maquillaje, su cabello corto está oculto por una bufanda y ninguna de sus 60 pelucas está a la vista. En sus jeans salpicados de pintura, parece la niña de clase media alta de una escuela de arte que podría haber sido si sus padres hubieran sido de clase media alta y pudieran haber pagado la colegiatura en la Escuela de Diseño de Rhode Island, el instituto de sus sueños al que entró, pero no pudo pagar. En su lugar, Halsey creció en ciudades turbulentas de Garden State, donde pasó la primera parte de su vida en el dormitorio universitario de sus padres, cuenta, hasta que abandonaron la universidad, consiguieron trabajos como guardia de seguridad y vendedor de autos, y eventualmente tuvieron dos hijos más.

Debido a su juventud y temperamentos, Halsey se crió a sí misma. “Mis padres no hicieron una mierda», dice, de buen humor. “Tuve que aprender a cocinar para mí misma».

Como artista e incluso como persona, Halsey siempre ha sido polarizada por razones que aún no está segura de entender. Casi desde el momento en que se lanzó su sencillo debut, “Ghost», en 2014 –una canción que escribió y grabó en el sótano de una amiga y se subió a SoundCloud– ha sido elegida como una especie de punk: desmesurada, provocativa, un poco demasiado picante. Por un lado, era difícil de ubicar –más desarreglada que Ariana o Beyoncé, más dura que Lana o Lorde– una estrella pop con sensibilidad rock. Por otro lado, ella era una maximalista. Ningún coro era demasiado grande, ningún concepto de álbum era demasiado emocionante. Parecía operar, permanentemente, al máximo.

Y a pesar de las críticas, funcionó. Sus dos álbumes –Badlands de 2015 y Hopeless Fountain Kingdom de 2017– fueron discos de platino, y adolescentes de todo el mundo comenzaron a teñir su cabello azul como ella. “Closer», su colaboración con The Chainsmokers, encabezó las listas de éxitos durante 12 semanas consecutivas, y “Without Me», una canción sobre su ruptura del rapero G-Eazy después de que “me engañó frente a todo el mundo, como mil millones de veces», se convirtió en su primer sencillo como solista en alcanzar el Número Uno.

Mientras tanto, Halsey despertó a la bestia de la opinión pública: cuando tuiteó acerca de su trastorno bipolar, ¿estaba desestigmatizando una enfermedad mental o romantizándola? ¿Era correcto que ella se considerara una mujer afroamericana (su padre es afroamericano) pero que pareciera blanca? Y a pesar de un baile sexy con otra mujer en The Voice (“Se suponía que representaba una lucha de poder; no pensé: ‘Sí, voy a hacer algo lésbico en la televisión'»), ¿era realmente bisexual si sólo estaba saliendo con hombres públicamente?

En la preparatoria, cuando aún era Ashley Nicolette Frangipane, antes de que tomara su nombre artístico de una parada de metro en Brooklyn, cerca de donde una vez vivió un exnovio adicto a la heroína, Halsey era una chica inadaptada que se escondía en el salón de arte donde era improbable que los bullies se aventuraran. No importaron las clases avanzadas, las rutinas de gimnasia, el anuario escolar que editó; estas actividades saludables fueron reemplazadas por otras más sospechosas para la mente adolescente: cortar todo su cabello, tocar música en la cafetería del pueblo vecino, ir a conciertos en la ciudad y decir lo que pensaba. Cuando tenía 15 años, convenció a su madre para que la dejara hacerse su primer tatuaje; de hecho, se hicieron tatuajes iguales.

La antipatía de sus compañeros de preparatoria la llevó al internet, donde Tumblr se convirtió en un vertedero de obras de arte, poesía y canciones que había escrito, satirizando cosas como la relación de Taylor Swift con Harry Styles. Ahí, podía ver a lo que la gente respondía, y podía ver que respondían, por alguna razón, a varias versiones de ella. Abandonó la escuela, lo que encontró como una pérdida de tiempo, y dobló la apuesta, creando una plataforma antes de que la mayoría de la gente entendiera qué era eso. “Mi mamá me decía: ‘Tu vida real apesta. No tienes amigos. Decidiste no ir a la universidad. Vives en este mundo de fantasía en internet’», narra. “Y trataba de explicarle: ‘Estoy construyendo una marca’. Y ella decía: ‘¿Estás construyendo una maldita qué?'».

Salirse de su casa para dormir en sillones en Brooklyn y el Lower East Side le dio la oportunidad de probar esa marca. “Nadie me conocía, así que podía ser quien quisiera ser», dice. Y lo que ella quería ser era “sólo una fusión de otras personas que me gustaban. Un poco de Jagger, un poco de Alex Turner, un poco de Patti Smith, un poco de Effy de Skins, un poco de Clementine de Eterno resplandor de una mente sin recuerdos y un poco de Winona Ryder, Inocencia interrumpida. Era todo lo que relacionaba con mi angustia fabricada”.

Técnicamente sin hogar, romantizó su vida bohemia en internet y mantuvo las formas en que luchaba –empleos de salario mínimo, la humillación de tener sólo nueve dólares en su cuenta– para ella misma. Recientemente, cuando habló de acostarse con hombres simplemente por un lugar donde quedarse, “por supuesto se convierte en esta fantasía hiperbolizada de ‘Halsey la prostituta'», se burló. “No tenía un proxeneta, nadie me daba dinero. Pero definitivamente salía con tipos que no me gustaban porque podía quedarme en su departamento. Tenía sexo como medio de supervivencia. Tengo suerte de que eso fue todo para mí; para otras mujeres que conocía, no era sólo eso. Eso era lo que estaba tratando de decir».

Independientemente de lo que estaba haciendo para sobrevivir, resultó que en lo que era experta era en crear una historia y luego manifestarla en la vida real, tanto que cuando se presentó a una reunión en Astralwerks con todas sus posesiones en una bolsa, parecía tan plenamente formada como artista que Glenn Mendlinger, el hombre que la firmó, no pudo evitar pensar: “‘¿Esto es una broma?’ Ella hablaba sobre campañas y lluvias de ideas y texturas, y tenía 25 mil seguidores en Twitter».

Es un poder que aún ejerce, convirtiendo las historias en realidades en su vida cotidiana, preparando la escena y colocándose a sí misma en el rol que desea. Anoche, por ejemplo, la escena fue “Indie Film» y Halsey fue la heroína artística, con un papel secundario en la forma de su novio, Dominic Harrison, también conocido como el rockero británico Yungblud. “Estábamos sentados en nuestra ropa interior escribiendo poesía en nuestras máquinas de escribir como perdedores en una película independiente», dice. “Pedí comida china, escuchamos casi toda la antología de The Beatles, nos fuimos a dormir a las dos o tres».

Es un hecho de su vida, y una condición de su trastorno bipolar, que Halsey no siempre sabe qué versión de sí misma será cuando despierte. Diagnosticada a los 17 años después de un intento de suicidio, dice que desde hace algún tiempo ha estado en un periodo maníaco prolongado que sabe que no durará para siempre. “Sé que voy a deprimirme y volveré a ser aburrida pronto», me dice con el ceño fruncido. “Y odio que esa sea una forma de pensar. Cada vez que me despierto y me doy cuenta de que estoy de vuelta en un episodio depresivo, me siento mal. Pienso: ‘¡Mierda! ¿Esto es lo que haremos ahora? OK’”.

La manía, piensa ella, puede quedarle bien, incluso si puede hacerla más volátil, más propensa a hacer “cosas locas». Ella estaba en un periodo maníaco la primera vez que nos conocimos, cuando escribí sobre ella en 2016. Ese día el plan había sido reunirse en el Central Park de Nueva York para un “picnic», aunque Halsey y yo fuimos directamente al champagne rosado Veuve Clicquot. Ambas estábamos en un lugar inestable, y de alguna manera pudimos sentir eso en el otra. En poco tiempo, estábamos hablando de los bebés que habíamos perdido recientemente y lloramos juntas bajo el sol del mediodía. Más tarde, la misma Halsey que ha sido sincera sobre su trastorno bipolar, su bisexualidad, sus relaciones y su intento de suicidio le dijo a otros periodistas que su aborto involuntario era el único detalle que se arrepentía de haber compartido. Y fui yo quien lo compartió.

Ahora, Halsey recuerda cómo fue todo, el torrente de misoginia que le ocasioné al escribir sobre esa experiencia íntima, inevitablemente catalogada por los haters de Halsey como manipulación, para llamar la atención, tal vez incluso una mentira: “Fue muy extraño ver cómo la gente decía: ‘Bueno, voy a revisar la validez de esta experiencia que ella tuvo'».

Comienzo a disculparme, pero ella me detiene gentilmente. “Aprecio que digas eso», dice, “pero sin duda no tuvo nada que ver contigo y mucho que ver con la forma en que la gente percibe la experiencia femenina». En este punto, estamos debajo de una enorme fotografía enmarcada de Kurt Cobain en el festival de Reading, y nos movemos a la sala, donde hay una máquina de escribir sobre la mesa de café, una gran cama para el perro de Halsey, Jagger, y una pintura a medio terminar apoyada contra una columna en el centro de la habitación, junto a una cámara Polaroid y una paleta de pintura. (“Estoy haciendo esta serie de pinturas donde la sandía es representativa de este tabú de la sexualidad femenina», dice. “Sé que suena muy raro, pero prometo que tiene sentido»).

De hecho, la experiencia de la mujer es algo en lo que Halsey ha estado pensando mucho, dando discursos en la Marcha de las mujeres y otros lugares en los que menciona que fue abusada sexualmente por un amigo de la familia cuando era niña, forzada a tener relaciones sexuales por un novio cuando era una adolescente y atacada sexualmente hace apenas un par de años, algo de lo que ella había asumido que su fama la hacía inmune. “Esto es lo que me molestó», dice enfáticamente. “Un hombre joven busca el éxito y el poder para usarlos para controlar a las personas, y una mujer joven busca el éxito y el poder para que ya no tenga que preocuparse por ser controlada». Pero resultó que incluso esa configuración problemática había sido muy optimista, como le enseñó su agresión más reciente: “Es una ilusión, una pinche mentira. No hay cantidad de éxito o notoriedad que te haga sentir segura cuando eres mujer. Ninguna».

Durante el almuerzo, ella me leyó la letra de su nuevo sencillo, “Nightmare», haciendo scat con las palabras: “Come on, little lady, give us a smile/ No, I ain’t got nothing to smile about”, explicando que iba a ir a ver a Bikini Kill esa noche “para inspirarme en mis shows» y refiriéndose a la canción como un “grabación de protesta», que ella cree que ha tardado mucho en llegar. La canción actual no tiene tanto scat pero sí gritos al estilo del rock alternativo de los años noventa. “¿Cuándo fue la última vez que encendiste la radio y escuchaste a una chica gritando, enojada por algo?», pregunta. “Es por eso que amo a Alanis. Quiero encender la radio y escuchar a una mujer joven decir: ‘¡Mierda, no!’. ¿Sabes a qué me refiero? Especialmente ahora mismo”.

Halsey se enfrentó a su abusador sexual reciente, quien dice que “lo tomó en serio, fue a rehabilitación, buscó terapia». Ella siente catarsis, confía en que otras mujeres no correrán el riesgo de que la misma persona actúe de la misma manera. Pero también entiende, y resiente, el riesgo que corre al simplemente hablar. “Entonces no soy ‘estrella del pop nominada al Grammy’, entonces soy ‘sobreviviente de violación'», dice con un estremecimiento. “No, no. No, absolutamente no. He trabajado demasiado para ser cuantificada o categorizada por algo así».

O incluso ser categorizada en absoluto. La identidad es algo complicado para cualquier persona, pero especialmente para una estrella de pop cuya personalidad tiende a cambiar, dice, para que coincida con cualquier vestimenta que esté usando. “Estaba hablando con Dom el otro día, y pensé: ‘Cuando estás en tu cama en la noche y estás de gira y me extrañas, ¿cómo me imaginas? ¿Me imaginas con el pelo castaño corto? ¿O cabello largo y rubio?’. Y él respondió: ‘Realmente no lo sé’». Y la cosa es que Halsey tampoco lo sabe. Ella realmente no puede imaginar cómo se ve. “Y lo he pensado por un tiempo, y he estado como: ‘¿Eso es algo bueno o malo?’ ¿Significa que no tengo sentido de identidad? ¿O es bueno que no limite mi percepción porque no me he permitido ver a mí misma como una sola cosa, porque no he sido algo durante el tiempo suficiente para convertirme en eso?”. Ella hace una pausa, considerándolo, esperando que se presente una respuesta. Pero, por supuesto, no la hay.

“¿Son los ganchos de Jay-Z? ¿O de Patti Smith?», pregunta Halsey, mirando un estante de ellos en el camerino de Webster Hall en Nueva York un par de semanas más tarde. “¿Por qué hay tantos ganchos en esta habitación?».

“Siento que Jay-Z probablemente tiene más cambios de vestuario que Patti Smith», dice su asistente María encogiéndose de hombros. “Pero ¿quién sabe?».

Halsey sonríe, pero luego le pide a María un Midol. La noche anterior, en su habitación de hotel antes de irse a dormir, había rezado “algo así, no a un Dios ni a nada», para que, en el show de esa noche, su primer concierto grande desde el verano pasado, le fuera bien. Luego se despertó al darse cuenta de que había llegado su periodo, que no era una buena noticia. “Siento que para una intérprete femenina normal es como: ‘Rayos, tengo mi periodo. Hoy tengo un concierto’. Y para mí es como: ‘Rayos, tengo mi periodo. Espero no tener que ir al hospital’”.

Por un tiempo, Halsey se había sentido atormentada por la idea de que no podría tener hijos, que la endometriosis que podría haberle causado su mala conducta le impediría tener un bebé. Pero la cirugía y algunos cambios en su estilo de vida han mejorado su salud al punto en que su médico ya no cree que deba congelar sus óvulos, lo que planeaba hacer este verano. “Yo estaba como: ‘Espera, ¿qué acabas de decir? ¿Acabas de decir que puedo tener hijos?’. Era como lo contrario de descubrir que tienes una enfermedad terminal. Llamé a mi mamá, llorando”. Halsey ahora bromea con María sobre tener un “pacto de embarazo» en el que acuerdan quedar embarazadas juntas. “No importa. No necesito sacar un tercer álbum. Sólo voy a tener un bebé», anuncia.

Y, en realidad, eso no es tan difícil de imaginar. Cuando conocí a Halsey hace tres años, su fama era sumamente nueva y desestabilizadora, incluso para alguien sin una enfermedad mental grave; para alguien con una, existía una sensación de que toda la situación podía salir muy mal, que detrás de su fortaleza, una verdadera fragilidad se estaba ocultando. Ahora esa fragilidad parece haberse transformado en una especie de ternura, caótica pero amable. Ya no bebe alcohol, ni consume drogas ni fuma marihuana. “Apoyo a toda mi familia», dice. “Tengo varias casas, pago impuestos, tengo un negocio. Simplemente no puedo estar mal todo el tiempo». (También está profundamente divertida por lo mucho que puede “asustar a los hombres blancos ricos. “¿Eres un maldito CEO? Yo igual»).

Su único vicio restante son los cigarrillos, y ella pregunta si puede encender uno de vez en cuando, sin pantalones, con una camiseta rota de Marilyn Manson, a mi lado en el sofá. Le pregunto si, a pesar de las señales iniciales que indicaban lo contrario, su éxito la ha estabilizado. “Sí, porque me hace responsable», responde con cuidado, dando una fumada. “Me han internado dos veces desde [que me convertí en] Halsey, y nadie lo sabe. Pero no me da vergüenza hablar de eso ahora». Estar internada no es un problema, razona, es una manera responsable de lidiar contigo. “Fue mi elección», continúa. “Le dije [a mi manager]: ‘Oye, no voy a hacer nada malo en este momento, pero estoy llegando al punto en que tengo miedo de poder hacerlo, así que necesito ir a resolver esto’. Me sigue pasando en el cuerpo. Sólo que ahora sé cuándo confrontarlo”. Rápidamente cuenta a las personas que trabajan para ella y calcula cuántos hijos tienen. “¿Quiero lastimar a estas personas?”, pregunta.

Halsey dice que el álbum en el que está trabajando actualmente es “el primero que compongo de forma maníaca». Su proceso de escritura feroz fue el mismo. “Ella decía: ‘OK, me voy a fumar un cigarro’ y, literalmente, cuando volvía, la canción estaba lista», cuenta el productor Benny Blanco. Pero debido a que “no puede quedarse quieta el tiempo suficiente para ser productiva», terminó adquiriendo perspectiva, se alejó y luego volvió a revisar las canciones semanas después de que las escribió inicialmente. Un producto ecléctico de su estado mental, el álbum es un sampleo de “hip hop, rock, country, todo, porque es muy maníaco. Es tan maníaco. Es literalmente sólo lo que quise hacer; no había ninguna razón para que no pudiera hacerlo».

También es la primera vez que el trabajo de Halsey no se esconde detrás de un concepto, aunque hay, dice, un “motivo». “Hay un montón de exploración de l’appel du vide, que es ‘la llamada del vacío’ en francés”, me dijo en Los Ángeles. “Es esa cosa en el fondo de nuestras mentes que nos lleva a pensamientos horribles. Como cuando conduces un automóvil y» [hace como si girara el volante] “o estás en lo alto de un edificio, y dices: ‘¿Qué pasa si salto?'». Eso, dice, es como son sus periodos maníacos. “Estás controlado por esos impulsos en lugar de la lógica y la razón».

Se está acercando la hora del espectáculo. La estilista de Halsey llega con una peluca, negra y un poco despeinada. Por un momento, Halsey la considera. Esta noche ella presentará su primer álbum completo, una deformación sónica del tiempo para sus fans incondicionales. ¿Debería haber traído una peluca azul que recuerde a la Halsey de sus días de Badlands? “No», dice ella, finalmente. “No puedo seguir volviendo a eso. Pienso: ‘Este es el verdadero yo’. No lo puedo evitar».

Halsey solía sentir lástima de “Ashley», pero ahora no. “OK, sin rodeos, esto es lo que es», había dicho en su sala, con la luz de la tarde y el humo del cigarro bañándola en un resplandor suave. “Yo era una adolescente que no era muy querida en la preparatoria, y me vendieron el sueño de que le iba a gustar a todos, porque iba a ser una persona famosa». Pero no fue así, no le gusto a todos, sin importar qué persona intentara ser. “Eso es todo lo que es. Y ahora tengo 24 años, y me digo: ‘Bueno, supongo que no importa’».

Y, en realidad, no importa. Fuera del camerino, mil 500 jóvenes que se sienten inadaptados, con cabello azul, tatuajes y angustia adolescente sin importar su edad se acercan para verla cantar un puñado de canciones que escribió cuando todavía le estaban vendiendo el sueño. Ellos cantarán con ella. Gritarán su nombre. Llorarán, seguramente llorarán, pensando en los cuerpos que están a su lado y las luces en sus ojos. Y en ese momento, aunque fugaz, el sueño será real, y las historias que ella cuenta serán verdaderas, y nadie sentirá que tenga que disculparse por nada.

Escucha Badlands en vivo desde el Webster Hall:

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