Agosto 02, 2019

Un irreverente crucigrama

‘Había una vez... en Hollywood’ es la epístola cinematográfica que Quentin Tarantino hace a Hollywood. Una cinta que reúne al talento más exclusivo de la industria. Platicamos con los responsables de tan sugestivo título.

POR Óscar Uriel

cortesía de Sony Pictures México

“Me encantaría regresar a Morelia y presentar una exhibición especial de esta película. Amo ese festival, me siento como en casa”, fueron las primeras palabras que expresó Quentin Tarantino cuando le detallé que venía de la Ciudad de México. Tarantino simplemente ama nuestro país. Ha estado en tres ocasiones en el Festival Internacional de Cine de Morelia, ha visitado la Ciudad de México otras tantas y manifestado abiertamente su fascinación por el cine nacional y sus estrellas (Hugo Stiglitz, por ejemplo).

 

Ahora, el director quiere presentar Había una vez... en Hollywood en México, película que ha calificado como su trabajo más personal, un mosaico de relatos al estilo pulp el cual tiene como marco el turbulento año de 1969 y la ciudad de Los Ángeles, California.

 

“El año de 1969 significó el fin de muchas cosas pero también el principio de otras. Es muy curioso porque durante el primer semestre de ese año se estrenaron muchas producciones que representaban la manera tradicional de Hollywood de contar historias pero paradójicamente esa misma temporada se exhibieron películas que correspondían a las exigencias sociales que se manifestaban de forma inminente en ese momento. Los personajes centrales de mi película se encuentran justo en la mitad de esa transformación”, dice un expresivo Tarantino al cuestionársele la repercusión de ese periodo en particular en Hollywood y más aún, en su propia vida.

 

Tarantino ha expresado que Había una vez... en Hollywood representa lo que Roma fue para Alfonso Cuarón. Una época que se reconstruye a través de los recuerdos. Para Alfonso, fue la Ciudad de México en 1970. Para Tarantino, Los Ángeles en 1969. Ahora, la forma de estos dos directores no podría ser más opuesta pues mientras Cuarón apuesta por la precisión y el naturalismo, Tarantino se toma varias libertades sobre los hechos históricos, tal como lo vimos en Bastardos sin gloria. “Hubo dos retos muy claros en esta misión. El primero fue encontrar los lugares reales en donde se lleva a cabo la anécdota y ver si podrían seguir funcionando tal y como estaban en 1969. La otra, era transformar el lugar a su apariencia de hace 50 años pero aquí viene el desafío de producción ¿qué tan caro resulta reconstruir el espacio tal y como lo recordaba? Tienes que emplear tu sentido común pues este factor puede encarecer la producción. Lo fascinante del desafío es que no era una tarea fácil y eso me entusiasmaba como creativo. Le doy gracias a Dios de poder hacer mi película hoy en día porque en dos años más, no sé si esto sería posible. Las propiedades en Los Ángeles se están transformando tanto que durante el proceso de preproducción tuvimos que hacer algunos cambios. Parece que la gente está enloqueciendo con el asunto de los bienes y raíces en esta ciudad”, añade Tarantino.

 

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