Febrero 08, 2019

Sergio Díaz, diseñador sonoro de 'Roma', nos trasladó a los años setenta

Con una nominación al Óscar en puerta, el mexicano narra su experiencia y los retos a los que se enfrentó durante la producción de la multipremiada cinta.

POR Colaborador

Por Karla Lucía León Segoviano

 

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Las luces se apagan, las voces callan y los reflectores apuntan al centro del escenario en donde aguardan un par de tenis blancos que inician un trayecto firme hacía el sillón azul que contrasta con el telón de fondo. Una voz gruesa rompe el ambiente con un saludo amable, la ola de aplausos y ovaciones no se hace esperar e inundan el recinto que alberga a más de 500 estudiantes, quienes observan expectantes a Sergio Díaz, diseñador sonoro y supervisor de audio de Roma.

 

Con cintas como Babel, 21 gramos y El laberinto del fauno en su trayectoria cinematográfica, Sergio asegura que trabajar bajo la dirección de Alfonso Cuarón es, hasta ahora, el reto más grande al que se ha enfrentado, pues marcó un parteaguas en su vida profesional y personal durante 18 meses.

 

“En marzo de 2016, Nicolás Celis, uno de los productores me dijo: ‘Estás en un proyecto muy grande pero aún no lo sabes’. En julio comenzamos a firmar cartas de confidencialidad y en ese momento me di cuenta de que iba a trabajar con Alfonso”, revela carismático, a la vez que asegura que toda la experiencia y conocimiento que adquirió en años anteriores lo aplicó en el proyecto que demandó su plena atención.

 

La dinámica del diseñador sonoro consistió en reunir a un equipo de más de 50 editores distribuidos en la Ciudad de México, Nueva York, Vancouver e Inglaterra, con los que construyó una base propia de la cacofonía del México de los años setenta, caracterizada por una gran cantidad de aves y un sonido orgánico de la ciudad, así fue como envolvieron a la audiencia bajo una armonía con un fuerte contexto geográfico lleno de símbolos emotivos y apegados a la realidad.

 

Para Sergio, su mayor reto fue lograr la precisión quirúrgica que Cuarón requería para hacer justicia a sus memorias, motivo por el que Roma fue mezclada en Dolby Atmos, un sistema de audio de alta tecnología que permitió una recreación pura y a detalle, “son los sonidos los que generan una emoción particular, hay tantas cosas que suceden fuera de cuadro que le dan un toque propio a la película y a la época. En cada secuencia hay una poesía sonora que converge con lo visual.”, afirma. 

 

Foto: Eugenio Rubio

 

Entre anécdotas, el también compositor devela que la recreación del tráfico de Insurgentes y Baja California fue una de las mezclas más laboriosas, pues durante dos días se grabaron 150 autos de manera individual. “Había autos que tenían una maquinaria muy maltratada, lo que hicimos fue ajustarlos en edición e incorporar sonidos para dar la sensación de que algunos eran nuevos y que otros tenían unos cuantos años de uso”, confiesa.

 

Roma contó con la participación de Skip Lievsay, ganador del Óscar a Mejor Sonido por Gravity y de Craig Henighan, quien ha trabajado en la exitosa serie Stranger Things, ambos, junto con Sergio, exploraron la posibilidad de dejar a un lado los efectos sonoros para ofrecer una experiencia de 360 grados a la audiencia, lo que la coloca como una cinta con un nivel tecnológico muy amplio.

 

"La escena afuera del Metropólitan es un ejemplo del desdoble de sonidos que realizamos y de la construcción sonora, en esta escuchamos la cacofonía perfecta de nuestro México con el vendedor de los merengues, el organillero y el viene viene, todos ellos registrados de manera independiente. Los audios, captados por José García, ‘El Tiburón’, conviven en un punto exacto", indica mientras pierde la mirada, justo como si reviviera cada momento del rodaje.

 

Mientras el silencio se agudiza con el paso de sus palabras, Sergio declara que Roma representa el principio de una nueva era para el cine mexicano y suelta, sin más, que la cinta debe ganar el Óscar por la planeación, naturalidad y la conexión que ha generado con México y el mundo. “Hemos recibido grandes elogios. Vamos a regresar con algo muy importante”, expresa confiado.

 

Sergio, quien ya colabora en tres proyectos nuevos, describe su trabajo con un alto nivel de exigencia, rigor, disciplina y amor, por lo que afirma: “Mis editores entienden el nivel de cada proyecto. No me cansaré de decirles gracias, porque este es un trabajo de todos”. Entre aplausos, Sergio se levanta de su asiento, no sin antes pasar la mirada por cada uno de los rincones del teatro, camina lento, entrega el micrófono, agradece y se despide entre el vaivén de la tela y los gritos de un público inspirado. La energía baja, apagan las luces, suben el telón y en la pantalla aparece una sábana de agua con la insignia: Roma.

 

 

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