Junio 06, 2019

Reseña: 'Tim' de Avicii

La oscura despedida en el álbum póstumo del DJ superestrella sugiera la lucha de un artista tanto en el corazón como en el arte.

POR Will Hermes

Las dificultades de Tim Bergling fueron mostradas de forma cruda en la cinta Avicii: True Stories, la historia de un DJ convertido en estrella de pop cuya fama y giras imparables lo destrozaron física y emocionalmente. Su pasión imparable, su rápido ascenso, su belleza de duende y sus problemas con el abuso de sustancias nos hacen pensar en Kurt Cobain. Y su aparente suicidio, tras tomar la decisión de parar con las giras para proteger su salud, fue igual de aplastante para su gran comunidad de fanáticos.


El comunicado de prensa sugiere que Tim estaba cerca de estar terminado antes de la muerte de Bergling, y sus coproductores han hecho todo por justificar el proyecto (por ejemplo, rescatar datos MIDI para duplicar notas exactamente como Bergling las tocó). Aún así, muchas canciones se sienten incompletas: la mitad de las 12 canciones son de tres minutos o menos y solamente dos duran más de cuatro minutos. Claro que, como cualquier lanzamiento póstumo, especialmente uno de este tamaño, hay un interés financiero de por medio y ningún creador para preguntar sobre su intención. Pero la música de Tim se alinea con lo que Bergling había estado haciendo en los últimos años, principalmente tratando de fusionar la dicha física del EDM con la dicha auditiva del pop.

 

Temáticamente, el ambiente se torna oscuro, algo que está de moda en el mundo del pop. Independientemente de lo mucho o poco que las letras de este disco nos puedan decir del estado mental de Bergling durante sus últimos meses de vida, cualquiera que se incline en leer Tim como una nota de suicidio extendida encontrará material que apoye la idea. En la primera canción "Peach of Mind", Avicii se queja de la sociedad diciendo que esta "se mueve demasiado rápido para [él]", y habla de la necesidad de "un poco de silencio". En el sencillo "S.O.S" (reproducido 179 millones de veces en Spotify en los primeros dos meses, sin contar los remixes, ni las 40 millones de vistas del video de testimonios de fanáticos), el flexible cantante de soul Aloe Blacc, quien cantó en el gran éxito de EDM y country "Wake Me Up", le dice a un amante "ayúdame a apagar mi mente" y piensa en "una libra de marihuana y una bolsa de cocaína" como una aparente segunda opción.

 

En "Bad Reputation", el cantante Joe Janiak describe sentirse "perdido en el mar", y "muy, muy, muy deprimido", preocupándose de que su estado de ánimo tóxico y su reputación lo "seguirán a donde quiera que vaya". En "Ain't a Thing" una voz exasperada (el cantante sueco Bonn) declara:

 

When the record’s on the final song
And all the parties will be long, long gone
All the pretenders and the hangers on
Can go find themselves another one


Las canciones de Bergling nunca fueron conocidas por su complejidad emocional, pero la música aquí no es tan fácil de leer. Con sus subidas predecibles y sus melodías deliberadamente luminosas (algunas prestadas: "S.O.S." interpola "No Scrubs" de TLC cantando "I don't need my drugs" en lugar de la línea original que dice "I don't want no scrub"), uno podría terminar de escuchar Tim y verlo como el testimonio de un hombre determinado a sucumbir a la oscuridad. Como Stories de 2015 y el documental True Stories, Tim sugiere que hablamos de un talentoso individuo limitado por el formalismo del EDM y su cultura. Y como Stories, su poco éxito en luchar en contra de esas normas hace más trágica su muerte.


Las canciones del disco aún buscan llegar al mayor número de personas posibles mezclando géneros. Imagine Dragons participa en "Heart Upon My Sleeve", una predecible fusión de los elementos típicos del rock moderno y el trance con letras sobre sentirse "roto" y "de rodillas". "Freak" es mucho más cautivadora, un proyecto enfocado en el coro que interpola "Stay With Me" de Sam Smith (que a su vez tomó ADN de "I Won't Back Down" de Tom Petty). Con destellos de miedo, enojo y depresión en la canalización de Bonn en alguien que trata de ocultar "las cicatrices internas" y que "nunca quiso morir joven", la canción es un puñetazo al corazón dentro del gran catálogo de éxitos de dance de Avicii.


El punto más alto es "Heaven", que Bergling comenzó a crear en 2014 junto con Chris Martin de Coldplay, un tipo que, digan lo que digan sobre sus decisiones de carrera, puede escribir melodías de voz como nadie y convertir letras genéricas en oro puro. Es un híbrido de pop y música de antro que dura 4:37 minutos. Martin canta sobre ser salvado por el amor y por la belleza simple de la noche que lo llevan a gritar: "Creo que morí… y me fui al cielo". Un ejemplo perfecto de un cliché que gira en torno a la universalidad, y el breakdown que nos recuerda a “Hoedown” de Aaron Copland posiblemente sea lo mejor de Bergling desde que “Wake Me Up” creó el country-EDM hace seis años, anticipando la tendencia que seguramente creará “Old Town Road” de Lil Mas X. Para un artista cuya música busca la máxima accesibilidad, a menudo erróneamente, Avicii puede ser recordado como un innovador. Lamentablemente, este disco se siente como si apenas estuviera empezando.

 

 

 

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