Si hay una historia de éxito que debe causar inspiración es la de Rodrigo y Gabriela. Este dúo ha llegado hasta donde ha querido y todo gracias al esfuerzo y dedicación que han puesto en cada una de sus melodías.  Desde los bares del centro de la Ciudad de México hasta tocar en la Casa Blanca, Rodrigo y Gabriela son en definitiva una muestra de lo que se puede lograr cuando el talento recibe el apoyo que merece. 

Conversamos con Gabriela Quintero, quien funge como guitarrista rítmica y percusionista en el dueto. Gabriela hizo una recapitulación de los primeros años del proyecto, el sentimiento de alzarse con un premio Grammy y mucho más.  

 

 

Un salto de fe

Rodrigo y Gabriela lograron la fama internacional cuando en un acto de valor puro, tomaron sus maletas y dejaron su vida en México para comenzar de cero en Irlanda. Es un hecho que es más sencillo acceder al mercado musical europeo dado a las oportunidades que las naciones desarrolladas ofrecen, sin embargo, Gabriela hace hincapié en que vivir en México no fue el problema durante sus inicios, sino la falta de un proyecto innovador.    

“Sería injusto decir que en México no encontramos nada porque realmente cuando tocábamos en México no teníamos mucho que ofrecer que fuera innovador”, aclara la instrumentista, “no teníamos una propuesta que tuviera un impacto o una innovación con esta banda y fue cuando nos fuimos a Europa. Ahí seguimos tocando y comenzamos a desarrollar un sonido propio. Fue allá que se generó un impacto y hubo respuesta y comenzó todo. Firmamos con una compañía, llegó un manager y todo eso, pero ya teníamos algo que tenía un sonido propio y eso nunca lo hicimos en México”. 

A pesar de esto, Gabriela asegura que esa experiencia con Tierra Ácida, la banda de metal con la que tocaban en los bares de México, les ayudó a ser más profesionales y a decidir lo que en verdad querían hacer con su música. 

“En ese entonces queríamos sonar como Metallica o como Pantera. Fue una experiencia muy buena porque el metal nos enseñó a amar la guitarra, amarla más de lo que siempre la quisimos. Nos enseñó a ser profesionales porque a pesar de que no tocábamos muy seguido, sí salíamos a algunos escenarios aunque estuvieran vacíos".  

Esos días parecen muy lejanos pero Gabriela los recuerda a la perfección y con mucho cariño. A partir de estas memorias comienza a imaginar qué hubiera sido de este increíble proyecto si hubieran decidido quedarse en su país natal. 

“Lo que desarrollamos allá no lo hubiéramos hecho acá. Los dos teníamos nuestros fantasmas y limitaciones. Si nos quedábamos aquí, no hubiéramos visto esos fantasmas, y afuera no te queda otra que intentarlo. Eso tiene un impacto en la música que haces, como te desarrollas creativamente. Creo que no hubieramos hecho esta propuesta musical. Sí nos dedicaríamos a esto pero de otra manera, no creo que hubiéramos sido un dúo famoso que gira por todo el mundo. Hubiera sido otra realidad. Positiva, pero muy diferente”.

Y aunque en retrospectiva la decisión de dejar todo por un sueño parece obvia, en su momento todo parecía condenado a fracasar. A pesar de todo, ambos siguieron avanzando y convirtiendo todas las adversidades en oportunidades. “El universo conspira cuando estás bien seguro cosas buenas empiezan a pasar”. Asegura Gabriela. “Todos tenemos todo, hay una historia que nos vendemos de que no tenemos nada, pero en realidad cuando tu te sientes bien, ahí es cuando trabajas en tus fantasmas, y cuando los enfrentas, es cuando avanzas”.

 

20 años después: una historia de éxito 

Rodrigo y Gabriela fueron reconocidos con el Grammy a Mejor Álbum Instrumental Contemporáneo gracias a su más reciente producción discográfica Mettavolution. Este galardón es muy importante, no sólo para el dúo que cumple 20 años de carrera, sino para la música latinoamericana, dado que es el primer álbum de la región que gana en esta categoría. 

 

 

“Nunca nos hicieron caso hasta hoy” revela Gabriela. “Nos nominaron en una categoría muy atinada, ya que lo que hacemos es una mezcla muy ecléctica de muchos géneros sin catalogar o ponerle una etiqueta”.

Gabriela reitera que este Grammy es una muestra de que con dedicación y una meta bien fijada, los sueños se materializan tarde o temprano. “La idea es compartir este Grammy con los fans y mostrar que sí se puede hacer muchas cosas. Es romper esos mitos de que ‘Ay, es muy difícil esto’, pero sí se pueden las cosas con el tiempo, a veces tardan 20 años pero sí se puede”. 

 

 

La instrumentista también reflexionó acerca de la forma en que los Premios Grammy encierran en estereotipos a la música latinoamericana la gran mayoría de las veces.

“Hay bandas que tienen un sonido totalmente universal, pero si son de Costa Rica o de Guatemala van a terminar nominándolos con un pop latino, y no no tiene nada que ver. Es importante romper con esas barreras y esos mitos y aunque todos deberían estar orgullosos de sus raíces y de su cultura, también es importante como artista decir ‘mi propuesta no es particularmente nacionalista' “.

De manera personal, el Grammy significa mucho para Gabriela ya que, según ella, le ayuda a tener un mayor impacto en su entorno. “Rodrigo y yo nos involucramos mucho en la comunidad y en toda la parte de impacto social y ecológico, tengo una organización ecológica comunitaria aquí en Zihuatanejo entonces el Grammy me abre mucho las puertas para hacer más cosas y a lo mejor hasta más fácil porque es como una corona o la copa del mundo o la medalla de oro de las olimpiadas, eso significa en la industria de la música”.

 

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El regreso a casa

Finalmente, Gabriela manda un mensaje a todos sus fanáticos que después de casi 10 años de ausencia, volverán a ver al explosivo dueto en el escenario del Vive Latino. “Estamos muy emocionados porque queremos hacer todo para crear una fanbase en México. Somos de aquí, nos emociona poder regresar y compartir el Grammy con los fans de aquí, también regresar con Mettavolution, que no lo hemos tocado en México, ya lo tocamos en todo el mundo pero ya le toca a México”.