Junio 03, 2019

Reseña: 'The Rolling Thunder Revue: The 1975 Live Recordings' de Bob Dylan

Este set de 14 CDs incluye ensayos completos y rarezas, dándonos una perspectiva íntima de la caótica gira de teatros que contó con la participación de Joni Mitchell, Joan Bae y más.

POR David Fricke

Desde la áspera y espontánea energía de los ensayos que abren esta caja recopilatoria, hasta el turbulento clímax del set en un escenario en Montreal, la gira Rolling Thunder Revue de Bob Dylan apenas y duró una temporada: siete semanas en el alocado otoño de 1975. Y ninguna canción a través de estos 14 discos captura la distancia y la velocidad del legendario fenómeno que fue el tour de Dylan, entre el concepto (un ligero y medicinal show de rock & roll) y el vaivén vengativo de estar de gira, mejor que "Isis".


Escrita por Dylan y el director de teatro Jacques Levy en julio de 1975 y grabada ese mes para el siguiente disco del artista, Desire, "Isis" fue una parábola de separación y reunión llena de elementos autobiográficos: las tensiones y la inestabilidad del fallido matrimonio de Dylan. Extrañamente, en un ensayo para Rolling Thunder realizado el 19 de octubre (en el primer disco), Dylan toca la canción como si aún la estuviera componiendo, en un piano de sala en un tempo de vals rodeado por plumas de guitarra. Para cuando ocurre el primer show en Worcester, Massachusetts el 19 de noviembre, "Isis" está más cerca de ser lo que oímos en Desire pero corta de enfoque, con Dylan gritando las palabras alrededor de la melodía.


Es el 4 de diciembre en Montreal cuando ese fuego realmente arde. En las imágenes que se grabaron esa noche para el drama surrealista de Dylan, Renaldo and Clara, y fueron rehusadas en Rolling Thunder Revue: A Bob Dylan Story (el nuevo documental dirigido por Martin Scorcese), Dylan canta "Isis" con una cadencia salvaje, retando más que reconciliando. Sus ojos arden desde dentro del icónico maquillaje blanco mientras las guitarras crecen en su ira y el violín de Scarlet Rivera baila junto a él con arcos burlones y sensuales. Dylan, por fin, grabó una canción demasiado de prisa. Esta es la mejor versión de "Isis" que hay, y es el concepto de Rolling Thunder en su máxima expresión: el grupo de rock & roll como una tormenta que cura y un monumento a la probabilidad, lo suficientemente grande y fuerte para hacer que una letra penetre, pero tan frágil e impulsiva como su líder.


Rolling Thunder era una contradicción andante. Inspirado en la reinmersión en las energías performáticas y aún activas de la escena de Greenwich Village, Dylan cambió a sus compañeros por una tropa llena de sangre fresca. Joan Baez, Joni Mitchell, Bob Neuwirth y Ramblin' Jack Elliot tuvieron roles estelares mientras la banda era una fuerza aérea de guitarristas (Roger McGuinn de The Byrds, el alumno de David Bowie Mick Ronson, el joven T-Bone Brunett) con un decisivo toque de country folk en el violín de Rivera y la guitarra de acero de David Mansfield.

 

Sin embargo, Dylan siguió algunas convenciones mientras su idea salió de gira y llegó a los teatros pequeños, principalmente en Nueva Inglaterra. Al igual que en sus tours de 1966 y 1974 junto con su grupo, los arreglos y setlists eran fijos. La variedad entre estos cinco conciertos completos (todos ellos grabados dos semanas después del inicio de la gira en 1975) se muestra lentamente, usualmente al principio del segundo set en donde un acústico Dylan intercambia canciones del Blood on the Tracks por antiguas canciones como la granada eléctrica de 1966 "I Don't Believe You (She Acts Like We Never Have Met)".

 

Y Dylan es indudablemente la estrella, el centro magnético de todo. En un punto en sus duetos, Baez usó el mismo maquillaje que Dylan, borrando sus identidades mientras recordaban su vínculo como compañeros cantantes y románticos. Esas secuencias se vuelven mucho más interesantes a medida que la pareja se aleja del góspel de Dylan (“Blowin’ in the Wind”) y se va hacia covers a "Dark as a Dungeon" de Merle Travis y el significado oculto en la balada de 1954 “Never Let Me Go” de Johnny Ace. Aún así, Dylan enmarca esos momentos con una resistencia a la nostalgia, abriendo cada noche con una súbita transición de propósito y libertad determinada (“When I Paint My Masterpiece” cambia a “It Ain’t Me, Babe”). El segundo set, en cambio, pasa a la política inmediata en la vida de Dylan que revuelve canciones como “Hurricane”, su respuesta al encarcelado boxeador Ruben Carter, lanzada ese otoño como un sencillo, y el adiós más íntimo y doloroso de “One More Cup of Coffee (Valley Below)”, publicado en Desire en enero de 1976.

 


En 2002, la versión de Rolling Thunder para su colección Bootleg Series simulaba una noche común a lo largo de dos discos, tomando de todas los performances de Dylan presentados aquí (que también incluyen su concierto en Cambridge, Massachusetts el 20 de noviembre y dos shows más el 21 en Boston). Pero esta caja recopilatoria no incluye todo, le hacen falta los sets del ejército de guitarras conocido como Guam y los segmentos en donde Baez cantaba sus propias anécdotas sobre el romance con Dylan en "Diamonds and Rust" y el estreno del nuevo material de jazz de Mitchell que formaría parte de su siguiente disco, Hejira.


Pero la enorme perspectiva dada por los sets completos de Dylan, los ensayos casi hasta la noche de estreno (con canciones que no vuelven a aparecer en el setlist) y un disco adicional de rarezas, capturan tanto el agudo enfoque digno de un showman que el cantante trajo a este proyecto, como el acelerado y específico impulso que llega a su punto máximo en esa interpretación de "Isis" en Montreal. Inevitablemente, esa emoción y experimentación se disipó cuando Dylan llevó a Rolling Thunder alrededor de los Estados Unidos en 1976, perdiendo la emoción comprimida de esos pequeños shows en 1975 e intercambiándolo por públicos más grandes en arenas y por más dinero. Este boxset te lleva lo más lejos posible dentro de la magia accidental y con propósito que Dylan creó con Rolling Thunder Revue.


En Rolling Thunder Longbook, relatando sus impresiones mientras viajaba con el resto del equipo en 1975, el dramaturgo Sam Shepard escribió sobre un momento incluido en el disco de rarezas: Dylan irrumpiendo en un cuarto de un hotel de Massachusetts lleno de mujeres mayores jugando magjong como todo un trovador de guerrilla, sentado al piano y tocando "Simple Twist of Fate". "Esto es lo que verdaderamente importa", Shepard recordó con asombro. "El maestro incendiario. El lugar se llenará de humo en cinco minutos". Aquí estaba la "verdadera magia de Dylan", generando una energía que "trae a la vida a un primer plano".


"Si puede hacer eso aquí", Shepard continuó, "en un hotel a la orilla del mar y lleno de menopausia en temporada baja, no sorprende entonces que pueda mover a una nación entera".

 

 

 

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