Abril 30, 2019

Reseña: 'Father of the Bride' de Vampire Weekend

El primer álbum en seis años de Ezra Koenig y compañía es una deliciosa mezcla de impotencia y crisis.

POR David Fricke

Con un total de 18 canciones y menos de una hora de duración, el primer álbum de Vampire Weekend en seis años suena como un esfuerzo maníaco por recuperar el tiempo perdido. El cantante y guitarrista Ezra Koenig —compositor y letrista de la banda y coproductor en prácticamente todas las canciones— llena sus ganchos y puentes con cambios en el ritmo, el tono de guitarra y las florituras instrumentales dramáticas que, al final, se siente como si hubieras sido arrastrado por un moderno homenaje pop a la mezcla presente en Abbey Road de The Beatles — dos veces.

 

Father of the Bride es tan celosamente detallado y meticulosamente contorneado que fácilmente te hundes en sus invenciones: el torbellino del puenteo country, la guitarra de surf y el interludio clásico en "Harmony Hall"; el excéntrico hip hop de "Sunflower" con su riff vocal; el ritmo al estilo de Soweto y el coro inspirado en la voz con Auto-Tune de The Beach Boys en "Flower Moon". Pero todo esto es una delicia al oído cargada de problemas. La frustración, la impotencia y la crisis romántica llegan todas justo como en las canciones, como ráfagas de granadas, mientras Koenig da malas noticias como las "serpientes malvadas" en "Harmony Hall" ("Inside a place/You thought was dignified") con un brío vocal pulcro que se desarma. 

 

"Unbearably White" podría interpretarse fácilmente como el giro autocrítico de Koenig hacia su canto y su banda: los orígenes de Vampire Weekend como estudiantes de una universidad de la Ivy League y la despreocupada cadencia afrocaribeña de sus primeros discos. De hecho, el título proviene de imágenes de un frío y sofocante vacío (nieve intensa al borde de una avalancha; una página en blanco de un diario en espera de una confesión), presentadas con una guitarra elegante, un bajo de jazz fusión fluido y una orquestación con instrumentos de viento. En "How Long", Koenig hace menos el estilo cómico (una guitarra funky de los setenta y un sintetizador de sirena) con una acidez mordaz. Y en su trilogía de duetos con Danielle Haim que se extiende a lo largo del LP como una serie, los dos cantan sobre las rupturas y el amor como una versión de rock independiente de Johnny y June Cash. "Hallelujah you’re still mine/All I did was waste your time", canta Koenig en el final de "We Belong Together", que evoca a una versión hipotética de "Mull of Kintyre" de Wings producida por Kanye West.

 

Mucho ha cambiado para Vampire Weekend entre este álbum y Modern Vampires of the City de 2013. El grupo neoyorquino ahora es un trío: Koenig, el baterista Chris Tomson y el bajista Chris Baio. El multinstrumentista Rostam Batmanglij se fue a principios de 2016, insistiendo en que aún trabajaría con Koenig. Pero Batmanglij aparece una vez en este álbum como productor y coescritor, mientras que Koenig, amplía su alcance, colaborando con Bloodpop y DJ Dahi.

 

Aparte del fuego al estilo de New Order en "Sympathy" y del flashback a "Brown Eyed Girl" de Van Morrison en "This Life", hay muy poco rock en Father of the Bride, al menos del tipo que definió el auge de bandas neoyorquinas con guitarras a principios del milenio. Vampire Weekend llegó tarde a esa escena, careciendo de la desafiante actitud de The Strokes y la vanguardia artística de Yeah Yeah Yeahs. Pero ahora se ven como los tipos más inteligentes del lugar, formando música suntuosa, emocionalmente compleja, perfecta en este momento pop. "Sooner or later the story gets told" (Tarde o temprano la historia se cuenta), canta Koenig en "Unbearably White". "To tell it myself would be unbearably bold" (contarla yo mismo sería insoportablemente atrevido). Luego la cuenta hasta el extremo. 

 

 

 

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