septiembre 14, 2020

Recordamos a Amy Winehouse

La artista nació un día como hoy, pero de 1983.

EXTRAÍDO DE RS100, SEPTIEMBRE 2011

Sentados a la mesa de una popular cafetería de Miami, con la lluvia visible a través de la ventana, Amy Winehouse y su esposo, Blake Fielder-Civil, tenían un gran cúmulo de razones para celebrar. “Rehab” trepaba hacia los primeros lugares de las listas y la pareja se había escapado esa misma mañana a fin de contraer nupcias. Cuando el gigantesco coctel de fresas congeladas que ella ordenó hizo acto de aparición, Winehouse se deleitó con la excesiva chabacanería de la bebida: “¡Le llaman la Gran Rosarita!”.

Yo estaba con ellos, entrevistando a Winehouse para el artículo principal de un nuevo ejemplar de Rolling Stone. El año: 2007. Me había encontrado con ella cinco días antes, en Toronto. La boda me tomó por sorpresa: durante nuestra primera ronda, Winehouse se había mostrado inconsolable a causa de una violenta trifulca previa con Fielder-Civil. En la cafetería, ella me miró y señaló una de mis mejillas: “Tienes una pestaña ahí”, dijo con dulzura. “Tienes que pedir un deseo. Lo tomaría yo, pero si me acercara y te tocara sería muy extraño”. Su dulce gesto me desarmó tanto como su descarada intoxicación –y todo ese polvo blanco aún visible en las ventanas de su nariz, resultado de sus frecuentes visitas al baño, no cesaba de perturbarme. “Yo cuido de la gente”, dijo más tarde. “Soy muy leal y solidaria. Y estoy siempre a la defensiva”.

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Ésta es la Winehouse que sus amigos y familiares conocían: una personalidad dulce y maternal emparejada con una necesidad insaciable de auto-destrucción. Todo terminó trágicamente en su departamento londinense, el 23 de julio pasado, cuando Winehouse fue hallada muerta a la edad de 27 años. La policía declaró que la muerte de la cantante carecía de explicación , al menos mientras no se tuvieran los resultados del estudio toxicológico, pero su familia cree que su deceso fue causado por un síndrome de abstinencia: ella había intentado dejar el alcohol de un día para otro –luego de un desastroso retorno al circuito de las giras en junio–. “Hace tres años, Amy acabó con su drogodependencia”, dijo su padre durante el funeral realizado el 26 de julio en Londres. Entras las personalidades allí presentes mencionaremos a Kelly Osbourne y al productor Mark Ronson. “Los doctores dijeron que eso era imposible, pero lo consiguió. Ella luchaba con todas sus fuerzas contra la bebida y llevaba sobria exactamente tres semanas”. El padre de Winehouse dijo ante los congregados que su hija no había estado sumida en una depresión, y que la noche de su muerte había tocado la batería y cantado un buen rato, en su departamento.

Mientras Back to Black, su grandioso y definitorio segundo álbum, se colocaba de nueva cuenta en el Top 10, las multitudes se agolpaban en las inmediaciones de su casa en Camden, creando con su presencia un velorio improvisado; y había de todo: flores, pinturas, cigarros y botellas de vodka. “Ella sabía de lo que era capaz y ni siquiera tenía que esforzarse mucho para conseguirlo”, escribió Adele, cuyo sobrecogedor éxito en las listas no podría haberse dado sin las puertas abiertas por Winehouse. “Si le daban ganas de hacer algo, lo hacía, pero si el asunto no le interesaba, mandaba todo al carajo. Amy allanó el camino para los artistas como yo”.

La voz de Winehouse era como una cáscara sensual y triste, como un corazón roto marinado en whisky y tabaco. Sonaba como si proviniera de otra época, un eco de Sarah Vaughan y Billie Holiday, quizá de Janis Joplin, quien, como Jimi Hendrix, Jim Morrison, Brian Jones de The Rolling Stones y Kurt Cobain, también murió a los veintisiete.  “Nunca antes había escuchado a otro artista improvisar como si alguien estuviera apuñalando su corazón”, dice Zalon Thompson, amigo y antiguo vocalista de apoyo de la cantante. “Cada vez que cantaba sonaba como si estuviera citando algo desgarrador de su diario. Suena muy sencillo, pero ella podía conectarse con esa clase de cosas. Ella era una especie de verdad andante”.

Back to Black se convirtió en un clásico instantáneo, con su sorprendente mezcla de R&B moderno y de soul retro, un sonido muy atractivo para un gran abanico de fanáticos de la música. El álbum vendió más de 10 millones de copias alrededor del mundo. El sencillo que logró abrirse paso, “Rehab”, era algo así como un resumen de Winehouse: ocurrente, desafiante, auto-despreciativo y, de alguna manera, esperanzador. Nunca se disculpó por sus demonios personales y con el éxito de “Rehab”, parece que incluso los convirtió en su carta de presentación. Le gustaba hablar descaradamente acerca del crack, la coca y el alcohol, sustancias de las que abusaba, y a dondequiera que fuera desataba el caos: o bien aparecía muy drogada en el programa televisivo Never Mind the Buzzcocks, o bien interrumpía a Bono mientras éste recibía un premio, diciéndole, “¡Cállate! ¡Me vale madres!”.

Winehouse tenía 22 años cuando conoció a Fielder-Civil –un asistente de producción inmerso en el mundo de los videos musicales– en un bar local. Su relación de ‘vaivén’ aparentemente desató a su de por sí frágil personalidad. Los conciertos se tornaron secundarios; lo más importante para ella era armar alharaca a causa de su “nene”. Sus rompimientos previos habían sido devastadores para Winehouse, inspirando algunos de los momentos más oscuros del álbum, entre ellos “Wake Up Alone”, una balada tan triste como su título indica. “Me sentía muy mal por la manera como solíamos tratarnos”, dijo ella poco después de su boda. “Pensé que no volveríamos a vernos. Ahora sólo quiero pasarla bien con mi esposo”. El plan se descarriló: Un año más tarde, Fielder-Civil fue sentenciado a 27 meses en prisión a causa de una acusación por agresión y soborno.

Su jazzero debut, Frank, lanzado en 2003, fue objeto de críticas extáticas y premios en Inglaterra, incluyendo una nominación para el Mercury Music Prize y otra para un Ivor Novello, ambas en la categoría de Mejor Compositor. Sin embargo, a pesar de su solidez, el debut apenas si aludía a la grandeza del disco que le sucedería. En Back to Black, Winehouse atravesó por un asombroso proceso transformacional; dejó de ser una linda y prometedora cantante para convertirse en una diva tatuada, en una colmena de la que emanaban canciones acerca del amor más desesperanzado. Empezó a salir con Fielder-Civil en 2005. La pareja frecuentaba el bar local de Camden, en donde no cesaban de poner canciones de Motown en la rocola y de jugar billar. Pero, sobre todo, no podían parar de beber. Ella atribuyó el desplazamiento desde su sonido primigenio, más abocado al jazz, hacia el ritmo y blues sesentero de Back to Black, a su abandono de la marihuana a favor de la bebida. “Yo fumaba muchísima hierba”, declaró en Rolling Stone. “Supongo que si tu personalidad es adictiva, es lógico que dejes un veneno por otro. La mentalidad de la marihuana es para el hip hop, y cuando grabé mi primer disco eso era lo único que escuchaba: hip hop y jazz. La mentalidad de la hierba consiste en estar siempre a la defensiva: ‘¡Vete a la mierda! ¡No sabes quién soy!’, mientras que con el alcohol es más fácil pensar cosas como, ‘Me siento tan triste, te amo, me tiraré en medio de la carretera por ti, ni siquiera me importa si me miras o no, te amaré por siempre’”.

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Winehouse aparecía en todos lados; su fama se infló como un globo. Y la presión para realizar una gira de apoyo no hizo sino acelerar su declive. “Pasaba el tiempo cuestionando su capacidad”, dice Dougie Charles-Ridler, viejo amigo de la cantante y propietario del pub Hawley Arms. “Tenía que tomarse un tequila o un vaso de vino para relajarse. Poco a poco comenzó a necesitar más y más, hasta que perdió el control”. Y su vulnerabilidad saltaba a la vista de todos los que formaban su círculo íntimo. “Cierta vez, durante la gira de apoyo para Back to Black, el manager estaba buscándola, pero ella llegó dos horas tarde”, añade Charles-Ridler. “De pronto alguien comenzó a aporrear mi puerta. Era Amy. Corrió y de un salto se metió en mi cama para esconderse debajo de la colcha. Así pude verlo todo con claridad. Ella estaba aterrada”.

Winehouse se inscribió en un programa de rehabilitación a principios de 2008, luego de que el tabloide The Sun publicara un video de la cantante fumando crack, pero poco después le confesó a Claire Hoffman, corresponsal de Rolling Stone, que consumió una gran cantidad de drogas a lo largo de su estancia. Casi tan pronto como ganó cinco premios Grammy, en febrero, aceptándolos vía satélite por un problema con su visa, el enfoque comenzó a cambiar: la gente ya no anticipaba su próximo álbum sino su próxima fisión nuclear.

Durante su separación de Fielder-Civil, quien además estaba cumpliendo su condena en prisión, las cosas empeoraron. Un incidente sumamente bizarro: apareció un video en YouTube de una Winehouse completamente intoxicada. Acompañada del conspicuo Peter Doherty, antiguo vocalista de The Libertines, ella jugaba con ratas recién nacidas y las uñas de ambos estaban sucias con lo que presumiblemente era resina negra. Pero a Winehouse no le gustaba rodearse de guardaespaldas, a pesar del ejército de paparazzi que había decidido acampar afuera de su casa (y a quienes ella solía encomendarles alguna misión de cuando en cuando). “Seré franca: mi esposo no está, estoy aburrida, soy una muchacha joven”, dijo Winehouse a esta publicación. “Sentí que la vida no tenía ninguna razón de ser. Un mal momento, un punto bajo”.

Pero hacia principios de 2009, la cantante parecía estar mejor. Viajó a la isla caribeña de Santa Lucía y se quedó ahí algunos meses. Al parecer pudo dejar las drogas duras. Su demacrada figura comenzó a rellenarse un poco y la vida isleña vivificó su espíritu. Se volvió buena amiga de los nativos, sobre todo de Marjorie Lambert, la propietaria de 57 años del restaurante-cantina Marjorie’s Beach. Winehouse halló finalmente la privacidad que Londres no le concedía. A veces tocaba alguna canción en el piano blanco del lobby o sorprendía a los turistas cantando algo del Back to Black con el aparato para karaoke de Marjorie. Asimismo trabó amistad con una de las seis nietas de Lambert, una niña de ocho años llamada Dannika, y se sintió tan vinculada a ella que poco después comenzó a investigar si cabía la posibilidad de adoptarla. Y cuando una amiga de Lambert se quejó de una hernia que no podía operarse por falta de dinero, Winehouse se hizo cargo de los gastos: seis mil dólares. “Ella ayudó a la gente de nuestra comunidad”, dice Lambert. “Ella era amiga de todo mundo y amaba a los niños. Se quedaba con nosotros, se sentaba, nos acompañaba durante las comidas, reíamos juntos, hacía bromas”.

Winehouse y Fielder-Civil se separaron finalmente a principios de 2009, cuando él pidió el divorcio tras la publicación de unas cuantas fotos de Winehouse acurrucada con alguna belleza juvenil en Santa Lucía. Se divorciaron legalmente en agosto de ese mismo año. (Fielder-Civil regresó recientemente a prisión para cumplir una condena de dos años y medio por robo y armas de fuego.) Y a principios del año pasado, Winehouse dio a entender que su vida seguía mejorando; volvió a hacer mancuerna con Mark Ronson a fin de grabar una nueva versión de “It’s My Party”, un éxito de 1963 cantado originalmente por Lesley Gore. El tema apareció en un álbum tributo a Quincy Jones. La cantante se mostró saludable y feliz durante la sesión. Se mantuvo ocupada de otras maneras, también puso en marcha un sello disquero, Lioness, a fin de lanzar la música de su ahijada, Dionne Bromfield, una cantante adolescente de soul con un sentimiento no muy alejado del de su propia madrina. En marzo de este año, Winehouse fue invitada por Tony Bennett a los estudios Abbey Road con el propósito de grabar un estándar de jazz de los años treinta, “Body and Soul”, para el álbum Duets II, que el legendario cantante lanzará próximamente. “Ella era una artista fuera de serie, y como vocalista hacía gala de una rara intuición”, dijo Bennett. “Era amable e inteligente, y durante nuestra grabación, su ejecución fue extraordinaria y conmovedora”.

Minetras planeaba una gira europea de 12 fechas para esta primavera, Winehosue se registró en la clínica Priory de Londres para una “evaluación de su rehabilitación”, supuestamente para darle gusto a su padre. La clínica la dio de alta tan solo una semana más tarde, permitiendo que la cantante completara el resto de su tratamiento durante la gira. Su representante lanzó un comunicado en el que declaraba que Winehouse “se moría de ganas de tocar en Europa y había comenzado a prepararse a fin de emprender el viaje”.

El primer concierto de la gira, efectuado en Belgrado, Serbia el 18 de junio, fue un desastre. Frente a una audiencia de 20 mil personas, Winehouse, a todas luces ebria, buscaba sus propios versos a tientas, no entraba a tiempo y dejaba de cantar mientras sus vocalistas de apoyo proseguían con el tema. El público comenzó a abuchearla y ella les arrojó un zapato. El 21 de junio, luego de que las imágenes del concierto se esparcieran como virus por la red, el representante anunció que la cantante “cancelaría la gira entera”. Asimismo señaló que, “todos los involucrados desean hacer cuanto esté en sus manos para que ella vuelva a ser la mejor. Amy dispondrá de todo el tiempo del mundo para que esto ocurra realmente”. Apareció en público por última vez una semana antes de su muerte. Winehouse subió al escenario durante una presentación de Bromfield en el London Roundhouse, bailando mientras su ahijada cantaba “Mama Said”, de The Shirelles. Se veía sobria pero nerviosa, mucho menos una leona que una niña pequeña.

Para sus seguidores quizá exista el consuelo de que por ahí quede algo más que las pocas docenas de temas que grabó a lo largo de su vida. Existen versiones alternas de Back to Black que probablemente verán la luz algún día. Y al parecer ya trabajaba con Remi, ?uestlove, Raphael Saadiq y otros más en una secuela. Cuando Hoffman la entrevistó para Rolling Stone, Winehouse describió lo que tenía en mente: “Cuando las canciones estén listas irradiarán una atmósfera muy cool. Semejarán a estas chicas que he estado escuchando, The Shangri-Las”.

Y sí estaba en espera de épocas más luminosas. Remi comenta que Winehouse se había comprometido a asistir a la boda de su primer manager, Nick Shymansky, programada para un día después de su inesperado deceso, y que él, Winehouse y Nas estaban planeando vacacionar juntos en Barbados este otoño a fin de celebrar la fecha de cumpleaños compartida por la cantante y el rapero: el 14 de septiembre. “Habíamos trabajado en su tercer álbum a lo largo de los últimos tres años”, dice Remi. “Hablábamos por Skype regularmente y cada sesión duraba horas. Ella se sentía mejor y sí estaba mejor que hace tres años, eso es seguro, y su cabeza estaba en otro espacio. Se ha ido, pero su obra vivirá eternamente”.

Información adicional proporcionada por Patrick Doyle, Monica Herrera, Olly Parker y Courtney Rubin.

Escucha el álbum Back To Black: B-Sides, de Amy Winehouse:

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