noviembre 5, 2020

¿Pueden independizarse los Estados del norte?

¿Pueden agarrar sus chivas, separarse del resto del país y romper el Pacto Federal? La Constitución no tiene un mecanismo de suma o resta de estados a la Federación, por lo que la respuesta fácil es que “no". Peeerooo... pu’e que sí.

Los gobernadores de los estados de Aguascalientes, Chihuahua, Coahuila, Colima, Durango, Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Nuevo León y, Tamaulipas –integrantes de lo que ellos llaman la Alianza Federalista– andan muy gallos, muy machines. Andan diciendo que sus gobernados son los que producen la lana, que el Gobierno Federal se la gasta en caprichitos que en nada los beneficia y que si López sigue así, pues mejor que aquí se rompió una jerga y que se vayan López y los estados del sur a la…

Empezaron con plantear la renegociación del Pacto Fiscal y esta semana, Enrique Alfaro, de Jalisco y el “Bronco» Rodríguez, de Nuevo León llegaron a flotar la idea de agarrar sus chivas y separar a sus estados del resto del país. ¿Pueden romper el Pacto Federal y separarse de la Unión o son puras chamarras mentales? Como dije, la Constitución no tiene un mecanismo de suma o resta de estados a la Federación, por lo que la respuesta fácil es que “no».

Peeerooo…

Lo que sí dice la Constitución es que la nuestra es una República Federal, compuesta de estados libres y soberanos unidos en una Federación. También dice que la soberanía nacional reside en el pueblo y que el pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno. Podría alegarse, entonces, que el pueblo de estos estados podría decidir, libremente, en ejercicio de su soberanía originaria y de su derecho inalienable, alterar el Pacto Federal.

Se me ocurre, por ejemplo, una consulta de esas que le gustan a López y a sus seguidores en la que los ciudadanos de estos estados confirmen si quieren seguir siendo parte de los Estados Unidos Mexicanos o si prefieren independizarse y formar un país nuevo. ¿Cuál sería el resultado? No lo sé. La apuesta se antoja alta como para rifársela en una pelea de gallos.

Sí, ya imagino la respuesta de los puristas diciendo que, según la Constitución, “la pertenencia a la Unión no puede ser materia de consulta», pero la verdad es que en tiempos de la Cuarta Restauración, la ley es lo de menos y mucho menos en el tema de las consultas. “No me vengas con argumentos leguleyos», López dixit. Ahí están el aeropuerto, el tren, la refinería, la cervecería y los ex presidentes de fierro, pariente y el que agarra los fierros, a los fierros se atiene. Hablando de fierros, éste sería el camino “legalito” pero está, también, el camino de los hechos.

¿Qué necesitan estos estados para separarse de la Unión por la vía de los hechos? Muy poco, o mucho, dependiendo de la respuesta del centro. Podrían despertarse un día y decir: “De aquí para acá, ya no somos parte de los Estados Unidos de México, somos la República Federalista de México».

Las fronteras y garitas de paso serían las casetas de peaje en las carreteras federales. Los puertos, aeropuertos, bases militares, plantas de energía y demás bienes federales serían ocupados por el gobierno del nuevo país e, imagino, harían una propuesta de indemnización económica al país que dejan atrás. El peso podría seguir siendo moneda de curso en lo que se echa a andar una nueva que, espero, no se llame “varo». La República Federalista podría reconocer como suyos los compromisos internacionales asumidos por los Estados Unidos de México y buscar el reconocimiento internacional. Si el gobierno central los deja ir en paz, en eso quedaría.

Pero López no es de los que se queda con la espina adentro. En Palacio Nacional toda comezón ha de rascarse, por lo que es probable que intentaría retenerlos por la fuerza. ¿Podría? Creo que no. Los intentos violentos por retener territorios y gobernados que quieren separarse rara vez funcionan. Tarde o temprano, los movimientos separatistas –pacíficos o violentos– se imponen. Ejemplos sobran: la India, las Coreas, Taiwan y China, todos los países del Medio Oriente, casi todos los países de África, todas las naciones integradas a la extinta URSS y, ahora Brexit. Sí, también hay ejemplos contrarios como la Guerra Civil americana o las tormentas de Irlanda del Norte y el Reino Unido y los intentos fallidos de Cataluña, Escocia y Quebec de separase de España, el Reino Unido y Canadá; pero son los menos.

Y en el caso de México, los separatistas nunca han perdido. Nuestra propia independencia, la separación de Texas, la de la Alta California y los territorios de Nuevo México, Guatemala, Yucatán. Si a eso le suma uno que el Norte de por sí es bravo, cuna de tipos de la casta de Pancho Villa, Álvaro Obregón y Pascual Orozco… pues así blanditos, lo que se dice blanditos, no eh. Los separatistas contarían, sin duda, con simpatías de los militares dentro de sus fronteras u oriundos de sus tierras. Los unionistas tendrían que forzar una permanencia por la vía de las armas.

No imagino al ejército mexicano abriendo fuego en contra de otros mexicanos, civiles o militares. El nuestro es un ejército entrenado en la disciplina de la protección. Mucho menos imagino al gobierno gringo sentado tranquilo durante una guerra civil en su patio trasero. La última vez, hace menos de 100 años, no les gustó y hasta Veracruz ocuparon. Si la historia es una guía, mirarían con buenos ojos y hasta brindarían apoyo a una entidad más afín a sus intereses, políticas públicas e idiosincrasia económica que sirviera de buffer entre ellos y la olla de miseria en la que la Cuarta Transformación está hundiendo a los que se quedarán bajo su bota.

Así que, de que hay modo, hay modo. Ojalá que no.

Ojalá que los mexicanos volvamos a ser los que fuimos cuando el temblor de 2017. Ojalá regresemos a esos tiempos en los que eran más fuertes nuestras coincidencias que nuestras diferencias, en los que no queríamos dividirnos en “fifis» y “chairos» y “derechairos» y “liberals» y conservadores y neoliberales y norteños y sureños.

Ojalá dejemos de permitir que el odio que se escupe a diario en la mañanera desde Palacio Nacional deje de dividirnos.

Ojalá.

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