La continuación a su disco emocionalmente pesado y orientado hacia el rock de 2017, Rainbow, comenzó como lo que Kesha describe un “álbum country psicodélico”. Pero una llamada telefónica de su hermano la envió a otra dirección. “Él me dijo: ‘¿Por qué no escribes algunas canciones pop? Eres buena en eso y te gusta’”. Terminó escribiendo 54 canciones para el disco, que se lanzará este mes y algunos tracks presentan un regreso a su estilo original, con rap a la “Tik Tok” (el éxito de Kesha de 2009; para ser claros, no es la app). “Lo que llamas rapear”, dice, “yo le llamo hablar mierda”.

¿Cuál fue tu respuesta a esa conversación con tu hermano?

Sentí que no tenía derecho a ser feliz y escribir canciones felices, y luego “My Own Dance” fue el primer tema pop que escribí. Me decía: “Bien. Iré a escribir una maldita canción pop”. Y luego dije: “Esperen, esto es muy divertido. ¿Por qué me estoy alejando del mayor placer de mi vida?”. Tengo que admitir que esa canción y la conversación con mi hermano me pusieron en el camino de encontrar probablemente la felicidad más severa que he tenido en toda mi vida.

¿Cómo exactamente?

Bueno, he pasado por cosas que no fueron del todo agradables, y todos sabemos de ellas. Me sentí un poco culpable por hacer canciones dance, temas divertidos sobre salir y emborracharme con mis amigos. Y luego me di cuenta de que no tengo que vivir bajo una nube oscura para siempre. Nadie me dice que sea feliz. Me gané mi felicidad y está bien ser feliz. Y con suerte eso es inspirador para la gente. Soy una maldita sobreviviente, pero eso no significa que tenga que ser definida por lo que he pasado el resto de mi vida.

¿Qué se sintió rapear nuevamente en el estudio?

Sentí que no era el momento adecuado para hacer eso en Rainbow; tenía muchas cosas realmente serias que abordar en ese disco, y en mi mente, parte de la alegría que ya no merecía estaba envuelta en lo que llaman rapear. Nunca me he sentido cómoda cuando la gente me dice “rapera”. Me hace reír. Pero parte de recuperar mi felicidad fue comenzar a hablar un poco de mierda. Trabajaría con personas y ellos dirían: “Ahí está ella. Ahí está esa perra”. Me di cuenta de que me estaba haciendo muy feliz, y con suerte haría feliz a otras personas.