enero 25, 2021

Orígenes del rock en Argentina

Lo que llegaría a ser un movimiento masivo y con características únicas, que se convertiría por derecho propio en una de las corrientes fundamentales de la música popular argentina

Extendiendo su influencia a toda Latinoamérica, comenzó a partir de la imitación: el éxito de Bill Haley llegó al país fundamentalmente a través de sus películas, primero con Blackboard Jungle, traducida como Semilla de maldad, y luego con dos de las primeras películas musicales dedicadas al rock, Rock Around the Clock y Don’t Knock The Rock, ambas de 1956, estrenadas en Buenos Aires al año siguiente. Cuenta la leyenda que, cuando empezaban a sonar las canciones de Haley, el público se ponía a bailar rock ’n’ roll en los pasillos, y dejaba una estela de butacas destrozadas.

Le cupo a un trombonista que venía del jazz, Eduardo “Eddie” Pequenino, oculto bajo el seudónimo de Mr. Roll y sus Rockers, el mérito de grabar el primer rock ’n’ roll registrado en Argentina: Una versión de “See You Later Alligator”, traducida –solo en el título del disco, el tema estaba cantado en inglés– como “Hasta luego cocodrilo”, aparecida en una placa  de 78 rpm en 1957 (había sido grabado en diciembre de 1956) . Luego grabó un larga duración, editado el mismo año, con más versiones de Bill Haley & his Comets, entre ellas “Bailando el rock”, es decir, “Rock Around the Clock”. Participaban de su  grupo algunos conocidos músicos de jazz del momento y, en ciertas grabaciones, el mismísimo Lalo Schiffrin en piano (Pequenino había tocado antes en la banda de este último). Eddie también aparece en lo que posiblemente sea la primera película argentina dedicada al naciente ritmo, “Venga a bailar el rock”, estrenada en septiembre de 1957. Al año siguiente, su agrupación tocó teloneando a Bill Haley en su visita al país, en el cine Metropólitan, y fue nombrado por el visitante como “Rey sudamericano del rock”. Sin embargo, pasado el primer furor del rock, Pequenino regresaría al jazz y se haría famoso durante los años sesenta como actor cómico de televisión.

En 1958, Billy Cafaro tuvo un gran éxito con “Pity Pity”, versión traducida de un tema de Paul Anka, al que le siguieron otros hits, como “Personalidad” y “Marcianita”, pero después de ofender a los tangueros con la sátira “Kriminal tango” emigró en 1962 para proseguir su carrera en España.

La distinción de haber compuesto el primer rock ’n’ roll en castellano de autoría propia, le corresponde a Johnny Tedesco, que en 1961 graba un simple con “Rock del Ton Ton” y “Vuelve primavera”, que se convierte en un éxito espectacular, llegando a vender medio millón de copias. Hacia 1962, Tedesco (que ya había tenido una experiencia previa en La cantina de la Guardia Nueva, un programa de TV producido por Ricardo Mejía, quien era también directivo de la RCA) se convierte en uno de los pilares de El club del clan, ciclo televisivo que tuvo su momento de oro entre los años 1962-64, en la pantalla de Canal 13 (dirigido por el cubano Goar Mestre), desatando un movimiento denominado como “Nueva ola”. Algunos de sus principales exponentes fueron Palito Ortega (que había comenzado imitando a Elvis bajo el seudónimo Nery Nelson), cuyos primeros éxitos fueron “Decí porqué no querés” y “Despeinada”, Lalo Fransen, Violeta Rivas, Chico Novarro, Nicky Jones (que tuvo sus inicios como cantante de los Rocklands, grabando una versión de “Fugitiva” de Del Shannon), y el mencionado Tedesco. Todos ellos editaron LPs individuales y además integraban varios compilados editados bajo el paraguas de El club del clan; también participaron de la película del mismo nombre, estrenada en 1964. Además, Johnny, Fransen (guitarras), Jones (bajo) y Ortega (batería) tenían su propio grupo de rock dentro del programa, los Red Caps, con el cual editaron un LP y varios singles, haciendo temas de twist, rock (el “Move It” de Cliff Richard, rebautizado “La mantequilla” tomada de la versión de los mexicanos Los locos del ritmo), y surf, como el instrumental “Guitarra capo” (“Boss Guitar” de Duane Eddy) y “Surf City”, de Jan & Dean, compuesta por Brian Wilson.

El fenómeno del “Club del clan” podría equipararse, tanto por su simultaneidad cronológica como por ciertas características estilísticas, con los “cantantes de zapatos blancos” que surgieron en Estados Unidos después de que el sistema se las arreglara para anular la primera oleada del rock ’n’ roll (con Elvis en la milicia, Chuck Berry preso, Jerry Lee Lewis estropeado por una campaña de prensa, Little Richard convertido a la religión, Eddie Cochran fallecido, etc.), reemplazándolos por una versión blanca y edulcorada, con exponentes como Paul Anka, Pat Boone, Bobby Vee, Neil Sedaka, y otros.

También el rock instrumental de comienzos de los años sesenta, con exponentes como The Ventures y The Shadows, tuvo su correspondencia en Argentina, con grupos como Las Sombras (que solían tocar en La Cueva Pasarotus, antecedente de lo que luego fue simplemente La Cueva), Los Planetas, Los Eifell y Los Venturosos. El doo-woop de los grupos vocales como The Platters, generó en el país exponentes como Los tres sudamericanos, Los Mc Kee Macs, Los cinco latinos, Los Teen Agers (provenientes de la provincia de Córdoba) y los T.N.T., un trío integrado por los hermanos Tony, Nelly y Tim Croatto que lograron un éxito con “Eso”, compuesta por Homero y Virgilo Expósito,  quienes además de componer algunos de los grandes clásicos del tango, tenían el oído en sintonía con la música pop de la época.

Todos estos grupos y solistas trabajaban intensamente en los bailes de fin de semana, realizados en clubes, tanto en Buenos Aires como el interior del país, donde se bailaba al compás de música en vivo, constituyéndose en la principal fuente de trabajo para los músicos (los que tenían mayor éxito, podían recorrer cuatro y hasta cinco bailes en una sola noche). Al principio, el rock ’n’ roll se confundió con uno de los tantos ritmos del momento que tenían su momento de éxito y eran luego reemplazados por la siguiente moda, como el limbo, el twist y el madison. Pero muy pronto fue evidente que el rock había llegado para quedarse, primero denominado como rock ’n’ roll, luego música beat, y más adelante, simplemente rock argentino, o rock nacional.

La influencia de los mexicanos Los Teen Tops, y sus buenas adaptaciones al castellano de los primeros éxitos del rock ’n’ roll norteamericano, tuvo numerosos émulos locales. Entre los principales estaban los Jets, los Pick Ups (posteriormente Horacio Ascheri y los Pick Ups), Jackie y los Ciclones, Los Dukes (donde hizo sus primeras armas Raúl Alberto Iglesisas, luego conocido como Tanguito, Ramsés VII y Tango), los Tammys y los Wonderful’s.

Pero de todos ellos el que más se destacaba era Los De Fuego, encabezados por Sandro (cuyo nombre real era Roberto Sánchez), un cantante de Valentín Alsina –en el sur del conurbano bonaerense– obsesionado con Elvis que, enfundado en ropas de cuero y con movimientos provocativamente eróticos, comenzó a desatar la misma histeria en el público femenino que provocaba su ídolo de Memphis. Se formaron en 1961, con el guitarrista Enrique Irigoytía como principal integrante además de Sandro, pero recién en 1963 (tras varios intentos) la compañía CBS decide darle al cantante la posibilidad de grabar, aunque sin el grupo, que ya se había convertido en Sandro y Los De Fuego. Luego de varios singles con un acompañamiento impuesto por la grabadora, en 1964 finalmente consigue grabar como Sandro y Los De Fuego, el sencillo “Hay mucha agitación”, versión en castellano del “Whole Lotta Shakin’ Goin’ On” de Jerry Lee Lewis. Al año siguiente edita su primer larga duración, llamado simplemente con el nombre del grupo, que sería seguido en rápida sucesión por otros cuatro (“Al calor de Sandro y Los De Fuego”, “El sorprendente mundo de Sandro”, ambos con Los De Fuego, “Alma y fuego” y “Beat latino”, ya como solista) que clausuran la etapa beat del cantante. En 1967, justo el año de la aparición del simple con “La balsa” de Los Gatos, Sandro se inclina mayormente hacia la música melódica, cuando gana el Festival Buenos Aires de la Canción con “Quiero llenarme de ti”, que se convertiría en un éxito formidable, marcando el rumbo de toda su carrera posterior.

En 1964 comienzan a llegar a Buenos Aires los ecos de la Beatlemanía, con –entre otras cosas– el estreno de la película A Hard Day’s Night (titulada Yeah! Yeah! Yeah!), y la visita de un grupo de imitadores llamado The Beetles (promocionados como “los Beatles americanos”).  Consientes de esta súbita inclinación en los gustos del público comprador de discos, las grabadoras tratan de captar su propio grupo “beat” para competir en el mercado. Aparecen Los Guantes Negros (con Billy Bond como cantante), que graban para RCA, mientras que la CBS ficha a Los Búhos, que usaban los pelos larguísimos para la época y se vestían como los Beatles. El sello Alaniki edita a los V.I.P’S, con un sonido más cercano a los Searchers, otros puntales del Merseybeat. Incluso Sandro graba varias versiones en castellano de los de Liverpool, como “Anochecer de un día agitado” y “El dinero no puede comprarme amor”.

Todo este movimiento beat confluye hacia 1965 en un programa de TV llamado La escala musical, que había comenzado en 1955 como un espacio radial, expandiéndose luego hasta formar un conglomerado que abarcaba radio, televisión y bailes que se realizaban hasta en nueve clubes diferentes, lo que hoy llamaríamos un multimedio. Los grupos eran contratados por un sueldo fijo y cubrían todo ese circuito. Dos de los principales grupos de rock del Río de la Plata se proyectaron desde La escala musical: Por una lado los Gatos Salvajes, que antes de castellanizar su nombre habían comenzado como The Wild Cats, y venían desde Rosario (una capital provincial llamada “la Chicago argentina”), comandados por el cantante Litto Nebbia y el tecladista Ciro Fogliatta. En 1965 grabaron un LP y varios singles, con temas compuestos por un jovencísimo Nebbia (tan sólo 17 años), que puede situarse como el comienzo del rock en castellano realizado en Argentina, en lo que a canciones de autor se refiere. Al año siguiente el grupo se disuelve y Nebbia y Fogliatta deciden perseverar en Buenos Aires, donde junto a nuevos músicos arman Los Gatos, que en 1967 instalarían el rock compuesto en castellano en la conciencia del público masivo, con la edición del single que contenía “La balsa” (de Nebbia y Tanguito) y “Ayer nomás” (de Moris y Pipo Lernoud).

El otro grupo eran uruguayos y se llamaban Los Shakers, comandados por los hermanos Hugo y Osvaldo Fattoruso, que componían sus propios temas en inglés, como el hit “Break It All”, además de editar (fundamentalmente en singles) algunas versiones de The Beatles. Apadrinados por José Angel “Beco” Rota, el director artístico de Odeón, que les armó una llegada en avión a Buenos Aires como si fueran grandes estrellas internacionales, se convirtieron por mérito propio en la banda más exitosa e importante de la música beat, con un sonido de un profesionalismo y musicalidad que aventajaba a sus pares locales. Buena parte de su carrera se desarrolló en Argentina, donde grabaron tres LPs y numerosos singles entre los años 1964 y 1967. Su competencia eran Los Mockers, un grupo de sonido mucho más crudo y garagero que también brilló en La Escala, y reproducía con sus colegas y amigos Los Shakers el (falso) enfrentamiento Beatles-Stones a nivel uruguayo, y por extensión, al Río de la Plata. En 1966 se estrena la película La escala musical, que contiene secuencias de Los Gatos Salvajes y Los Shakers.

Por otro lado, en Villa Gesell, por entonces un pequeño e idílico balneario de la Costa Atlántica, durante los veranos de 1965 y 1966 se congregó un grupo de jóvenes bohemios influenciados por la película Los jóvenes viejos, de Rodolfo Kuhn, que transcurría en esas playas. Tomando como centro de operaciones un reducto bautizado Juan Sebastián Bar, crearon allí una de las primeras formaciones de Los Beatniks, grupo que en sus inicios incluía a Moris, Pajarito Zaguri y Javier Martínez, quien pronto partiría para formar Manal. Ya de regreso en Buenos Aires, graban en 1966 el single con “Rebelde” (compuesta por Moris y Zaguri) que muchos historiadores consideran el punto de partida del rock argentino. Aunque cronológicamente las grabaciones de Los Gatos Salvajes son anteriores, la letra de “Rebelde” estaba más en consonancia con el surgiente movimiento de rock que se había originado en La Cueva, y pronto florecería en todos los barrios de Buenos Aires y las ciudades del interior del país:

Rebelde me llama la gente

rebelde es mi corazón

soy libre y quieren hacerme

esclavo de una tradición

Todo se hace por interés

pues este mundo está al revés

si todo esto hay que cambiar

siendo rebelde se puede empezar

¿Porqué el hombre quiere luchar,

aproximando la guerra nuclear?

¡Cambien las armas por el amor

y haremos un mundo mejor!

Rebelde me llama la gente

rebelde es mi corazón

soy libre y quieren hacerme

esclavo de una tradición

Yeah, rebelde seré

Yeah, seré hasta el fin

Yeah, y así moriré

En este articulo: Argentina
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