En 2009, Anders Osborne se encontró a si mismo tocando fondo. Estaba en bancarrota, su casa se encontraba hipotecada, su esposa lo había echado y no podía ver a sus dos hijos. Su sustento era tocar pequeños conciertos, sin embargo, había veces en que ni siquiera podía hacerlo; a menudo aparecía demasiado borracho o drogado para subirse al escenario. “Durante casi un año, intenté encontrar un amigo con un sofá en el cual pudiera dormir, o vivía en el parque” dijo Osborne, un cantante y compositor de Nueva Orleans que ha colaborado con todos, desde Phil Lesh hasta Tim McGraw. “Lo arruiné todo”.

Osborne, entonces de 42 años, llevaba ocho años en una lucha contra el abuso de substancias y su enfermedad mental, la cual se manifestaba en episodios psicóticos y alucinaciones. “Las tendencias bipolares, como permanecer despierto por días, desencadenaron en mis adicciones” dijo, “Haría estos cambios dramáticos de, por ejemplo, la noche del martes a la mañana del miércoles, y antes de que me diera cuenta ya estaba varado en algún lugar a la mitad de la nada”.

La historia de Osbone no es nueva. Cada generación ha tenido a sus músicos –desde Charlie Parker y Janis Joplin hasta Kurt Cobain y Amy Winehouse– quienes han batallado con las adicciones y las enfermedades mentales. (Los dos están estrechamente vinculados; según datos nacionales de EEUU, aproximadamente la mitad de las personas que padecen enfermedades mentales también han experimentado el abuso de sustancias durante sus vidas).

Recientemente, ha quedado claro que la cantidad de artistas sufriendo es asombrosamente alta. En un estudio realizado en el 2018 por la Asociación de Investigación de la Industria de la Música, el 50% de los músicos informaron que luchaban contra los síntomas de la depresión comparado con menos del 25% de la población adulta en general. Casi el 12% reportó tener pensamientos suicidas, casi cuatro veces más que la población general. Según un estudio del 2019 publicado por la plataforma de distribución digital sueca Record Union, los números son aún más alarmantes: se descubrió que el 73% de los músicos independientes han luchado contra el estrés, la ansiedad y la depresión.

Mientras que las ventas de los álbumes continúan cayendo, los sellos discográficos y las distribuidoras digitales se quedan con la mayoría de los ingresos de streaming, los artistas no tienen otra opción más que hacer giras y más giras. “Hemos llegado a un punto de inflexión en el que la gente que trabaja en la industria –tanto artistas como el equipo en general– no son más que productos”, dijo Kevin Lyman, fundador de Wraped Tour, profesor en la escuela de música de la Universidad del Sur de California y defensor de la salud mental. “Las personas están trabajando el doble para mantenerse en el mismo lugar en el que solían estar. Las presiones han aumentado”.

Además de la inestabilidad económica, todo tipo de factores acompañan a esta economía de concierto: soledad, estar rodeado de drogas y alcohol, tensión en las relaciones, malos hábitos de sueño y de alimentación; escasos accesos a un seguro y atención médica de calidad, entre otros. “Los creativos de la industria hoy sufren más porque sus rutinas están sido desestabilizadas”, dijo el Dr. Chayim Newman, un psicólogo clínico de Toronto, cuyas prácticas privadas se centran en intérpretes y artistas que se encuentran en giras. “Las intensas largas horas de permanencia en la carretera o en el estudio hacen que sea desafiante el mantener una rutina o una relación saludable”, o como dijo Osborne, “es la coalición perfecta” para un colapso.

Si bien los grandes músicos no son inmunes a estos problemas, tienden a no ser los más afectados, al menos cuando se trata de cuestiones financieras y de atención médica. “Por cada artista que se encuentra en el escenario, hay 10 a 100 miembros del equipo invisibles al público que hacen que ese show, tour o álbum sea posible”, dijo Newman. “Todos esos miembros del equipo son afectados en la misma manera (que el artista)”.

Incluso puede que haya razones neurológicas que explican por qué tantos artistas luchan contra la salud mental. “Se centra en que el sistema límbico que controla las emociones negativas tiende a estar más ubicado en el lado derecho del cerebro”, dijo Newman. Traducción: “Las personas con ‘cerebro derecho’ –como los artistas, quienes más fácilmente pueden contactar con sus sentimientos– tienden a tener mayor dominio en el lado del cerebro que crea emociones negativas”, dijo. “Incluso podríamos decir que hay una predisposición para eso”.

Peor aún, estar en el escenario puede provocar que los sistemas corporales del artista sean fuertemente golpeados. “Con la presión y el ímpetu del escenario, los artistas se encuentran en un estado de constante acelere”, dice Newman. “Es casi como si estuvieran en un estado de pánico, excepto que éste está siendo inducido por circunstancias voluntarias.

En los últimos años, estos problemas se han desarrollado en términos sorprendentes y trágicos. Solamente en 2019, David Berman, de Silver Jews, el guitarrista Neil Casal, Jeff Austin (fundador de Yonder Mountain String) y el cantante de Prodigy, Keith Flint, se suicidaron. En los dos años anteriores, el rapero Mac Miller, murió por una sobredosis, y Avicii, Chris Cornell de Soundgarden y Chester Bennington de Linkin Park, se suicidaron.

David Berman

Ahora, la industria musical ha tomado acciones como nunca antes lo había hecho para abordar la creciente crisis de salud mental. Están surgiendo nuevas propuestas tanto de las pequeñas organizaciones como de los gigantes corporativos; festivales y beneficios planeados para crear conciencia sobre la salud mental; y los esfuerzos de sellos discográficos y artistas para desestigmatizar las enfermedades mentales. Músicos desde Bruce Springsteen y Justin Bieber hasta Lizzo y Demi Lovato están compartiendo abiertamente sus propias batallas contra la salud mental.

La idea de brindar apoyo a los artistas ha existido durante décadas: la Academia de Grabación lanzó en 1989 MusiCares para prestar ayuda médica y financiera, sin embargo, recientemente, la cantidad de recursos para músicos necesitados se detonó. “Hemos perdido tantos artistas (líderes en la industria) que finalmente están prestando atención”, dijo Lyman. “Se están dando cuenta de que no podemos dejar que todos nuestros artistas mueran”.

Hilary Gleason era amiga de ambos, Austin, quién murió en junio y Casal, quien murió dos meses después. “Al parecer, a ambos les iba muy bien en sus carreras, tocaban en grandes espectáculos” dice. “Es un asesino silencioso”. Gleason es la CEO de Level, una firma consultora que conecta bandas con organizaciones sin fines de lucro. El día después de la muerte de Casal, su teléfono comenzó a explotar con llamadas de amigos y clientes abatidos. “¿Qué vamos a hacer?”.

Su respuesta: Organizar una conferencia telefónica con lo que ella llama “el grupo de trabajo de salud mental de la industria musical”, con más de 40 veteranos, incluyendo al promotor Pete Shapiro, además de músicos, tour managers y miembros del equipo. “Tuvimos una conversación en torno a ‘Veamos cuales son las iniciativas que existen, las lagunas y en dónde podemos brindar nuestro apoyo’”, dice Gleason. “Todos en la industria musical entendemos que esto es tanto lo mejor que nos ha pasado como la vida más difícil a la que podríamos habernos inscrito”.

De esa llamada surgió Backline, una organización dedicada a conectar a los músicos y a cualquier persona en el área –desde roadies e ingenieros de audio hasta agentes y miembros de la familia– con recursos de salud mental. (Newman está en el equipo de asesoramiento clínico). Gleason anunció la iniciativa a inicios de octubre; 70 presentaciones llegaron en ese mes. “Hemos tenido agentes y managers que nos dicen ‘Estoy experimentando tanta ansiedad debido a mi interminable bandeja de entrada del correo electrónico y porque estoy reservando para [todas estas] bandas, y creo que todo esto debería ser genial, pero no dejo de sentir esta presión”, dice ella.

Backline actúa como un centro de intercambio de información para recursos de salud mental de larga duración como MusiCares, Sweet Relief Musicians Fund (fundada en 1993 para ayudar a los artistas a pagar su gastos de manutención), y HAAM (que ha estado ayudando a músicos de Austin a acceder a atención médica asequible durante 15 años). “No había un eje central para la coexistencia de todos estos lugares” dijo Zack Borer, director clínico de Backline, terapeuta y músico. “Estamos tratando de que todas las organizaciones que existen salgan de sus trincheras, donde la gente puede ver todo lo que sucede”.

Los administradores de casos de Backline tienen una conversación individual con todos los que envían un formulario a su sitio web, después emparejan a las personas con los recursos apropiados, ya sea un terapeuta, un entrenador de vida, un grupo de apoyo o una reunión de AA. Los servicios de Backline son gratuitos. “El discurso sobre la salud mental está cambiando", dice Borer. "Ya no solo se trata de sexo, drogas y rock & roll. Sino de cómo el sexo, las drogas y el rock & roll pueden tener un impacto a largo plazo”.

Además de Backline, una serie de iniciativas centradas en la música se lanzaron en el otoño. El 10 de octubre, Día Mundial de la Salud Mental, Live Nation anunció que respaldaría una nueva organización sin fines de lucro llamada Tour Support, que brinda a los artistas, miembros del equipo y vendedores en un tour determinado, acceso 24/7 a un terapeuta por teléfono o en línea. (Vicky Cornell, viuda de Chris, es socia, y artistas desde John Legend hasta My Morning Jacket han respaldado a la organización). Así mismo, Live Nation recientemente financió una guía de acciones para preservar la salud mental, la cual fue publicada por Music Industry Therapist Collective. “Con cada vez más artistas en giras como nunca antes, es extremadamente importante considerar los desafíos a los que artistas, equipos y vendedores se enfrentan en el camino durante largos periodos de tiempo” dijo Michael Rapino, CEO de Live Nation. “Es inspirador ver como grandes personajes de la industria abordan algunos de estos problemas”.

Las asosiaciones de comercio y las organizaciones de derechos de desempeño también se unieron a la causa. En octubre, la Asociación de Música Electrónica lanzó una guía sobre la salud mental para personas trabajando en la industria de la música electrónica. Ésta explica cómo identificar condiciones como la depresión, el agotamiento y el síndrome del impostor, y ahonda en estrategias para managers y artistas que suelen estar mucho tiempo en giras.

En diciembre, la Sociedad Americana de Compositores, Autores y Editores (ASCAP) presentó un programa de bienestar llamado TuneUp en respuesta a los resultados de una encuesta que mostraban que los músicos tienen un 31 por ciento más de probabilidades que la población en general de que la salud y el bienestar tengan un impacto importante en sus carreras. ASCAP lanzará un programa de grupos de apoyo y recuperación en distintas ciudades y en línea, además de que ofrecerá descuentos a sus 725,000 miembros en servicios de acondicionamiento físico, nutrición y bienestar general. (El primero en 2020: un grupo de meditación en Nueva York).

Al menos un sello discográfico se ha dado cuenta del cambio. En febrero del año pasado, Indie Royal Mountain Records, con sede en Toronto, anunció que a cada uno de los artistas en su sello se les daría una subvención de 1,500 dólares para servicios relacionados con la salud mental. Borer ha visto un aumento en la cantidad de peticiones por parte de managers y ejecutivos de disqueras que buscan brindar apoyo a sus artistas, sin embargo, le gustaría ver más de las principales discográficas. “Con cada muerte o sobredosis, la industria se enfrenta al creciente problema de la depresión y la ansiedad que existen dentro de la industria”, según Borer. “En última instancia, depende de si quieren invertir en la prestación de apoyo clínico”.

Los artistas también están haciendo lo suyo en la desestigmatización de las enfermedades mentales. Hay muchos ejemplos de esto, pero sólo en el 2019, Sully Erna de Godsmack lanzó Scars Foundation, una organización sin fines de lucro dedicada a la educación de la salud mental; el veterano del grupo de jam Widespread Panic, realizó un sorteo de boletos que recaudó 100,000 dólares para una organización dedicada a la prevención del suicidio llamada Nuci’s Space; y Billie Eilish protagonizó un anuncio de servicio público en el que compartió sus batallas contra la depresión e impulsó a aquellos que están luchando a pedir ayuda.

Por el lado de los eventos, se están diseñados múltiples festivales dedicados a la conscientización de los problemas relacionados con la salud mental. El 9 de mayo en Los Ángeles, Lyman estaba produciendo el 320 Fest, un evento creado en conjunto con Talinda Bennington, la viuda de Chester. (El gigante de la industria AEG y Warner Records también son socios). Contará con presentaciones gratuitas durante el día de músicos y comediantes (la programación está por ser confirmada) así como mesas redondas –incluyendo una que será moderada por Bennington– sobre la salud mental y las adicciones. El festival culminará con un concierto de beneficiencia en el Microsoft Theater. Ningún acto ha sido confirmado, pero los talentos que se presenten serán “excelentes” comentó Lyman. “Creo que si la gente se divierte, tendrán más disposición de aprender”.

Chester Bennington

En Nueva York, ya hay planes en marcha para Sound Mind, un concierto de beneficiencia dedicado a la salud mental el cual debutó el año pasado en Brooklyn. Passion Pit y Aimee Mann ya están en platicas para hacer una aparición en el concierto. También está el Recovery Fest en Nashville, un evento dedicado a aumentar la atención alrededor de las enfermedades mentales y las adicciones, el cual está programado para el otoño de 2020. “Cuánto más hablamos de salud mental, más normal es” comentó Gleason. “El aumentar la transparencia puede conducir a una mayor disposición para obtener ayuda. Es una marea que necesitaba entrar”.

A pesar de los nuevos intentos de la industria por abordar el dilema de la salud mental, Newman, psicólogo clínico, dijo que éstos solo equivalen a rascar la superficie de lo que realmente necesita hacerse. “Cada pequeño detalle cuenta – si un programa ayuda a evitar un solo suicidio, fue un éxito absoluto” dijo. “Pero lo que suele ocurrir en estos casos es que tan pronto como se dan cuenta de que hay un problema, es como ‘Busquemos una curita’ pero el objetivo no es proporcionar soluciones – sino proporcionar soluciones que funcionen”.

En unas cuantas semanas, Newman lanzará su propia iniciativa: TourHealth.org, el primer gran estudio sobre la salud mental durante los tours. El objetivo es recopilar información en torno a los problemas de salud mental a los que los artistas y su equipo se enfrentan (la encuesta será enviada a al menos 10,000 miembros de la industria a nivel internacional) y será utilizada para investigaciones científicas sobre intervenciones más efectivas. “La única manera de proveer soluciones que funcionen es que estén basadas en prácticas empíricas”. Dijo Newman. “Estamos intentando llegar a la raíz de los problemas que surgen, para luego comenzar a probar y desarrollar soluciones. Si nos aseguramos de que las personas reciban el cuidado adecuado, creo que podemos ser un gran impacto”.

Mientras tanto, Newman dice que tiene la esperanza de que compañías como Live Nation marquen el comienzo de cambios en la industria sobre la salud mental. (Le gustaría ver las rutas de las giras trazadas con más descansos, y lugares y festivales diseñados para “nutrir” mejor las necesidades de salud mental de los artistas y su equipo.) “Apenas estamos comenzando a entender cuáles son los problemas”, comentó. “Estamos apenas en el comienzo de poder detener esta inundación”.

Osborne, por su parte, está haciendo lo suyo para detener esta marea. Hace apenas una década, cuando su vida se estaba derrumbando, algunos de sus amigos músicos – entre los que se encontraban Dr. John e Ivan Neville – acordaron con MusiCares arreglar una cama para él en el centro de rehabilitación en California. “Ahí fue cuando comenzó un nuevo capítulo” dijo Osoborne, añadiendo que recuperó su casa, se reunió con su esposa y su carrera retomó su rumbo. (Lanzó su último álbum, Buddha & the Blues en el 2019). Este mes, el celebrará 11 años de sobriedad.

Osborne decidió invertir su fortuna, y en 2017 comenzó Send Me a Friend, una organización sin fines de lucro que brinda un amigo en sobriedad durante una gira a artisas en recuperación. La organización tiene una red de 3,500 voluntarios en 50 estados, y ha ayudado a más de 100 músicos desde su lanzamiento. (Los amigos también son adictos rehabilitados – necesitan contar con al menos un año de sobriedad para poder participar.)

Osborne se inspiró para comenzar SMAF en sus primeros días de sobriedad después de haber vuelto a trabajar. “Cuando vuelves de tocar fondo se supone que eres lo suficientemente fuerte para estar en un trabajo donde todos están tomando y drogándose” comentó. Con su programa, los artistas (o los miembros del equipo, o managers, o cualquier persona que tenga un rol en el mundo de la música) tendrá un soporte durante las giras. “Eres responsable de esas dos o cuatro horas” dice Osborne. “Tienes un espacio que se siente seguro y sólido”.

Anders Osborne

Él dice que si una organización como la suya hubiera estado cerca durante sus batallas, habría obtenido ayuda antes. “Si hubieran evitado menos el tema y la gente hubiera hablado directamente” sobre las enfermedades mentales y el abuso de substancias, dice Osborne, las cosas habrían sido diferentes.

Sin embargo, gracias a los esfuerzos de Osborne y otros como él, los artistas hoy tienen una mejor oportunidad de evitar el vive rápido, muere joven, cliché que ha atormentado a tantos antes que ellos. “Layne Staley, Scott Weiland, Chris Cornell… hemos perdido a tanta gente” dijo Lyman, quien trabajó como representante de Alice in Chains, Stone Temple Pilots, y Soundgarden, respectivamente, y como stage manager para Lollapalooza en inicios de los 90. (Staley y Weiland, ambos murieron por una sobredosis accidental.) “Toda ese legado de bandas se ha ido. No podemos perder a otra generación”.