enero 10, 2021

Los días de silencio de David Bowie

Cómo David Bowie se alejó… y regresó a todo volumen.

EXTRAÍDO DE RS135, FEBRERO 2016

Cuando el dolor asestó el golpe, David Bowie estaba cantando una canción titulada “Reality”. Era sólo un concierto más en una larga gira, que ahora lo traía a una calurosa arena en Praga, República Checa, una noche a finales de junio de 2004. “Reality”, el título que daba nombre al disco que había estrenado el año anterior, era sobre encarar la mortalidad y dejar las ilusiones a un lado, y a los 57 años de edad, había estado ocupado haciendo justo eso. Estaba sobrio y había dejado de fumar. Estaba tomando medicina para reducir su colesterol y hacía ejercicio. Esa noche, como siempre, parecía no tener edad, lucía fuera de este mundo. Pero bajo el reflector, entonando líneas como “Now my death is more than just a sad song” –una referencia a sus versiones de “My Death” de Jacques Brel en la época de Ziggy Stardust– comenzó a sentir que le faltaba el aliento. Bowie se apretó el pecho, dejando las últimas palabras en el silencio. Un guardaespaldas corrió al escenario para ayudarlo.

Logró regresar para cantar algunos temas más esa noche, antes de consultar a un doctor que le dio un diagnóstico erróneo, quien le dijo que tenía un nervio atrapado en el hombro y le recetó relajantes musculares. Bowie logró ofrecer otro show en un festival alemán un par de días después, cerrando con la última versión de “Ziggy Stardust” que cantaría en concierto. Bajó del escenario y se colapsó. En un hospital local, los doctores observaron que tenía una arteria bloqueada en el corazón y le practicaron una cirugía de emergencia. 

Esencialmente, esa noche marcó el fin de David Bowie como una figura pública. No volvió de gira, ni volvió a ofrecer ninguna entrevista a profundidad. Pero para su regreso en 2013 con su primer disco en una década, The Next Day, había conseguido una hazaña que ninguna otra estrella de rock había logrado, recobrando con creces el misticismo de sus primeros años. Era una leyenda, un fantasma viviente que se escondía a plena vista. Con su familia, era David Jones, la persona que había sido antes de asumir el gran nombre artístico. Al fin había caído a la Tierra, y le gustó encontró.

No obstante, sus últimos tres años fueron un periodo de extraordinaria fertilidad. En 2014, comenzó a trabajar en un álbum aún mejor, Blackstar, mientras también desarrollaba el show teatral Lazarus, basado en su repertorio. Pero había guardado otro secreto: Luchaba contra el cáncer (de hígado, según uno de sus amigos). Falleció el 10 de enero, dos días después del lanzamiento de Blackstar, y un mes después del estreno de Lazarus. Su fallecimiento despertó un duelo global que no se había presenciado desde las muertes de Elvis Presley y Michael Jackson.

Visconti, quien sabía del padecimiento de Bowie, notó el tono de algunos temas de Blackstar desde los inicios. “Bastardo ingenioso”, le dijo. “Estás escribiendo un álbum de despedida”. Bowie sólo rió. “La manera en que vivió el último año fue inspiradora”, dice Visconti, señalando que escribió algunas de sus letras más graciosas (“Man, she punched me like a dude”, “Where the fuck did Monday go?”) cuando estaba terriblemente enfermo. “Mantuvo el sentido del humor”. En los peores momentos, Visconti intentaba animarlo. “Algunas veces me llamaba al salir del tratamiento”, recuerda. “Realmente se encontraba mal, y yo le decía: ‘No te preocupes. Vas a vivir’”. “Eso espero”, replicaba Bowie. “No te emociones demasiado”.

Las últimas semanas de la gira Reality habían sido oscuras. Seis semanas antes del infarto, un elemento de su equipo había sufrido una caída fatal de una torreta de luces; semanas después, un fan aventó una paleta al escenario, misma que golpeó a Bowie en el ojo dañado, un incidente que lo sacudió. Incluso antes de que sus problemas de salud dieran fin a la gira, le dijo a su fiel tecladista, Mike Garson, que planeaba pasar más tiempo con su familia: Su esposa, la supermodelo Iman, y su hija Alexandria, nacida en 2000. (Bowie había criado a su otro hijo, Duncan Jones, nacido en 1971 y ahora un exitoso director de cine, entre giras, discos, controversia y sus diferentes facetas en los años setenta). Bowie adoraba a Iman: Durante una gira por Japón en 1992, el año en que se casaron, con su banda Tin Machine, Bowie se hizo lo que su compañero de banda Tony Sales describe como “un tatuaje de Iman montada sobre un delfín en la pantorrilla, acompañado de una oración de serenidad. Estaba basado en un dibujo que él hizo”.

“Entrada la gira de Reality”, recuerda Garson, “me dijo, ‘Mike, después de este tour sólo seré un padre y viviré una vida normal. Estaré ahí cuando Lexi crezca. Me lo perdí la primera vez’”. Justo antes de la gira, Bowie había revelado a su amigo y fiel productor, Visconti, sus ambiciosos planes para dar seguimiento a Reality, de 2003. “Teníamos planes de hacer al menos tres álbumes”, revela Visconti, con quien había renovado su alianza creativa para Heathen, de 2002.

Los dos rentaron un estudio en el edificio de Philip Glass en Nueva York, y Visconti siguió visitándolo durante un par de años después del infarto. Sin embargo, este último le dijo: “Me voy a dar un descanso”. Y era verdad: Bowie no comenzaría a trabajar en The Next Day sino hasta 2010.

En 2005, Bowie reemergió brevemente, tocando al lado de su nueva banda favorita, Arcade Fire. “Me siento genial”, le dijo a un reportero durante los ensayos. En mayo de 2006, le hizo un tributo a una de sus influencias formativas, Syd Barrett, uniéndose a David Gilmour en Londres para “Arnold Layne” y “Comfortably Numb”. Seis meses después, interpretó tres canciones en una gala de caridad, acompañado de Garson y cerrando el set haciendo un dueto con Alicia Keys para “Changes”. Ésta sería la última canción que interpretaría sobre el escenario.

También en 2006 se unió a una banda joven a la que admiraba, TV on the Radio, para hacer las armonías de su canción “Province”. Su consejo al temerario grupo fue, de acuerdo con Dave Sitek, “No cambien. Manténganse raros”.

Durante ese tiempo, Bowie le dijo a un reportero que estaba harto de la industria. En otra breve entrevista, dijo: “Me encanta conocer un recinto nuevo, bandas nuevas, ir a exposiciones, todo. Voy a todos lados –muy discretamente y nunca más allá de la 14th Street”.  

En 2007, Bowie ayudó a curar el Highline Music Festival de Nueva York, mismo que anunció que él ofrecería un concierto al aire libre. Cuando canceló, se desataron rumores sobre supuestos problemas de salud, pero Visconti afirma que no vio evidencia de ello.

Sin embargo, Bowie nunca fue un recluso. Acompañaba a Iman a eventos sociales, convirtiéndose en una presencia silenciosa y bien vestida en la alfombra roja. En 2009, apareció en la alfombra roja para Moon, cinta de Duncan Jones, posando orgulloso para fotos con su hijo. Además, tuvo una intervención en Extras, la serie de Ricky Gervais, en 2007, y puso la voz en un personaje de la caricatura favorita de Lexi, Bob Esponja. Además, apareció en El gran truco, de Christopher Nolan, en 2006, y en August, cinta independiente de 2008.

Para enero de 2013, Bowie había engañado al mundo con su aparente retiro. Así que cuando celebró su cumpleaños número 66 con el sorpresivo lanzamiento de su primer disco en una década, The Next Day, la respuesta fue de completo éxtasis. El proyecto comenzó con una pregunta casual a Visconti: “¿Te gustaría grabar algunos demos?”. Bowie escribió alrededor de 30 canciones para el disco en estilos absolutamente diferentes. Ponían los tracks básicos en vivo, y Bowie incluso tocaba la guitarra. Eso fue el inicio de lo que se convertiría en un último periodo de absoluta productividad. “No puedo detenerme”, escribió en un email a Floria Sigismondi, quien dirigió ingeniosos videos para dos tracks de The Next Day. “Está llegando con fuerza, y yo sólo creo, creo y creo”.

En marzo de 2013, Bowie visitó Londres con Iman y Lexi, para visitar “David Bowie Is”, una aclamada exhibición sobre su carrera en el Victoria and Albert Museum que incluía de todo, desde sus bocetos para escenografías, pasando por viejos vestuarios hasta una vieja cuchara de coca, todo ello extraído del archivo de Bowie –que consta de 75 mil archivos– en Nueva York.

Durante el mismo viaje, Bowie le dijo a Robert Fox, viejo amigo y productor teatral, que pensaba en hacer un musical basado en el libro de 1963, The Man Who Fell to Earth. Fox lo contactó con Enda Walsh, una dramaturga irlandesa, y con el primer borrador, reclutaron al director de teatro vanguardista Ivo van Hove alrededor de abril de 2014.  Para noviembre de ese año, ya estaban puliendo el show, conocido como Lazarus.

Además, Bowie estaba escribiendo canciones nuevas –algunas de ellas destinadas a Lazarus, para su siguiente álbum, algunas para los dos.

Cuando Bowie se presentó para grabar Blackstar el pasado enero, no tenía cejas, y estaba temporalmente calvo. Había comenzado a comunicarle a algunos amigos y colaboradores que tenía cáncer y estaba tomando quimioterapias. “No podía mantener el secreto. Me dijo en privado, y se me hizo un nudo en la garganta cuando nos sentamos cara a cara”. Bowie le informó a los miembros de la banda que estaba enfermo y les pidió que lo mantuviesen en secreto. El asunto no se volvió a discutir jamás.

“Era tan valiente”, dice Visconti. “Y su energía todavía era increíble para un hombre que tenía cáncer. Nunca se mostró asustado. Estaba concentrado en hacer el disco”.

Además de los siete temas de Blackstar y tres canciones extras usadas en Lazarus, hay otras cinco tomas descartadas, incluyendo un track a lo Hunky Dory titulado “When Things Go Bad”. Visconti espera que estas canciones sean lanzadas pronto en una edición de lujo.

Mientras Bowie tomaba quimioterapia, el diagnóstico parecía prometedor. Pero Bowie había incluido suficiente reflexiones íntimas en sus letras –y majestuosidad en la música–, lo cual hacía que Blackstar pareciera un pertinente adiós. “Pensé que si iba a fallecer, ésta sería una gran manera de partir”, asevera Visconti. “Sería una gran declaración”.

Bowie estaba consciente de que Lazarus también tenía un propósito, con sus temas existenciales y el uso de su repertorio. También se encontraba trabajando en dos extraordinarios videos musicales dirigidos por Johan Renck. El clip para la perturbadora “Blackstar”, de 10 minutos, es un complejo y críptico trabajo con guiños a Aleister Crowley y a la vieja iconografía de Bowie –más específicamente, a un olvidado astronauta que bien podría llamarse Major Tom. Casi todo ello comenzó con dibujos que Bowie mandó a Renck. En noviembre, a un mes de la grabación de video, el cáncer de Bowie volvió. Esta ocasión, los doctores le dijeron que era terminal.

Bowie no se sentía bien para acudir a las funciones de pre-estreno de Lazarus, pero llegó al estreno. Tenía un mes para vivir, pero le dijo a van Hove que era momento de comenzar un segundo musical. Al final del show, se desvaneció en el backstage. En esas últimas semanas, todavía encontró tiempo y energía para grabar cinco demos de canciones inéditas.

Las noticias del fallecimiento de Bowie sorprendieron hasta a los colaboradores que sabían sobre su padecimiento. Otros, como el reparto de Lazarus, no sabían que estaba enfermo. Renck también sabía de su enfermedad, pero, como a otros tantos, le sorprendió volver a ver el final del video de “Lazarus”. Bowie, enfundado en un traje que recuerda la era de Man Who Fell to Earth, entra a un armario de madera que parece un ataúd. Mientras mueren las últimas notas de la canción, desaparece en la oscuridad.

Esto no fue idea de Bowie, pero la aceptó. “Alguien en el set lo sugirió”, dice Renck. “Y yo vi a David ponderarlo por un momento. Una enorme sonrisa se dibujó en su rostro. Y entonces dijo algo como: ‘Sí, eso los mantendrá en suspenso, ¿no?’”.

Reporteo adicional por David Browne, Patrick Doyle, Andy Greene y Simon Vozick-Levinson.

La banda de Bowie se reunió para una gira conmovedora

Por Andy Greene

De todos los conciertos que se han celebrado en honor a Bowie después de su muerte, ninguno se acerca a Celebrating David Bowie. Unió a muchos de los músicos con los que Bowie salía de gira, incluyendo a la banda completa de sus últimos conciertos, A Reality Tour, para tocar sus canciones de la mano de estrellas invitadas, como Sting y Perry Farrell.

Llegando solamente a cinco ciudades del mundo, fue un breve pero conmovedor evento, especialmente para los músicos que se encontraban en el escenario. “Todo el tiempo estaba pensando: ‘No pierdas la cordura’”, dijo el guitarrista Earl Slick, quien tocó con Bowie por casi 40 años. El tour fue financieramente exitoso y regresará a partir de este mes a 28 ciudades más, con una banda que incluye a Slick,  Adrian Belew de King Crimson y Mike Garson, el tecladista de Spiders From Mars. El productor Angelo Bundini, asegura que el público debe esperar un setlist que tome riesgos: “David era famoso por no ser nostálgico. Esta vez, vamos a seguir su ejemplo y será más sobre el futuro de Bowie que sobre su pasado. Es el mismo amado catálogo de Bowie pero con un nuevo acercamiento”.

Mira el concierto Celebrating David Bowie:

En este articulo: David Bowie
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