noviembre 6, 2020

Lorde: el dolor de crecer

Lorde a sus 16 años se hizo famosa con un álbum que cambió el pop. Ahora, sólo tenía que descubrir qué seguía.

EXTRAÍDO DE RS169, JUNIO 2017

El día transcurrió de una manera muy distinta a como pensé. Estoy en una bodega en algún punto del libramiento 101 de Los Ángeles. Lorde se está quitando la ropa, pero para ser justos yo también lo estoy haciendo. Estamos en Shareen Dowton, un paraíso lleno de ropa de segunda mano que no cree en los probadores, no es coincidencia que no se permita la entrada a hombres [un letrero afuera lo confirma]. “¿No es maravilloso?», me preguntó Lorde. “Descubrí este lugar por la esposa de mi anterior tour manager, que diseñaba los vestuarios para Mad Men. Solía decir: ‘Yo siempre voy a Shareen’. Ahora yo también lo hago”. Ese día, entre el glamour y el polvo, Lorde se encontraba buscando el atuendo ideal para Coachella, donde la cantante de 20 años originaria de Nueva Zelanda, dio su primer concierto en casi tres años. Ahora está lista para presentar Melodrama, su nuevo álbum que se estrenará el 16 de junio. “Es un sueño para mí”, asevera. Encuentra el vestido ganador. “Es increíble pero no le ponen los precios en las etiquetas y normalmente son carísimos. Creo que esto es lo que usaría Stevie Nicks en su alberca”, asevera. Escogemos los modelos que nos gustan y mientras Lorde se remueve la playera sonríe: “Estoy en mi entrevista para Rolling Stone y mi entrevistadora ve mientras me visto”.

Lorde fue descubierta a los 12 años de edad después de que un video tomado en un show de talentos llegara a manos de un representante de Universal. Ella Yelich-O’Connor fue firmada para llevar a cabo un trato que básicamente aseguraba que su carrera se pondría en pausa hasta que fuera suficientemente mayor para poder cantar canciones que otros adultos escribieran para ella. Eso nunca sucedió, ni sucedería. Cuando cumplió 15 años se unió al productor Joel Little, insistiendo en crear su propia música, tomar las riendas de su carrera.

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Durante una semana fuera de la escuela terminó “Royals”, la canción que sería el máximo hit de su EP que pronto ofreció gratis a través de Soundcloud [simultáneamente descartó mostrar cualquier imagen de cómo era físicamente]. Mientras tanto, ella ya había intuido lo que sucedería, y decidió darse a si misma el nombre “Lorde”, un acto que pudiera haber sido considerado pretensioso si no hubiera sido profético. “No sé, era muy aburrido. ¿Te imaginas a una audiencia en un festival gritando: Alla Yelich- O’Connor? Creo que sólo fue lógico para mí hacerlo”.

Pure Heroine fue lanzado en el otoño de 2013 y vendió mas de un millón de copias en cinco meses. David Bowie tomó su mano y le dijo que su música era como “escuchar el futuro”. Lady Gaga le llamó “uno de los mejores álbumes de 2013”. No fue únicamente el innegable sentido precoz de su música [los espacios entre sus beats electrónicos recubiertos con su voz ronca creando una atmósfera parte pop, hip hop y jazz, pero completamente hipnótica], también fue la autoridad adolescente que se desplegaba en sus letras, rompiendo estereotipos. [“Everybody’s like, Cristal, Mybach, diamonds on your timepiece. . . . We don’t care”].

El álbum fue tan suyo, tan controlado, que probablemente sin saber, Lorde se convertiría en el antídoto perfecto para la música pop. No tenía idea de cómo comportarse en el escenario, se vestía como una bruja. Su influencia se extendía a lo largo de los años, en otras palabras: era real. El contraargumento de lo prefabricado, aquella fórmula orquestada a la perfección que parecía ser el molde exacto. En un punto de nuestra conversación, se refiere a los premios Grammy de 2014 –donde se llevó a casa la Mejor Canción del Año y el Mejor Acto Pop Solista por “Royals”– como “mis Grammys”. “No quiero decir que hayan sido míos”, pero de cierta forma si lo fueron. A partir de ese momento, la vida de Lorde ha tomado una dirección predecible hacia lo surreal. Se unió a Nirvana en lugar de Kurt Cobain cuando fueron inducidos al Salón de la Fama, curó la banda sonora de Los Juegos del Hambre y compuso y cantó el tema principal. Inspiró una parodia extensa en South Park y ha llevado a Diplo a pescar: “¡Me encanta pescar! Eso es lo que debes hacer cuando la gente visita Nueva Zelanda”.

Todo esto mientras lograba dar una impresión de autenticidad tan convincente, que la gente comenzó a considerarla falsa, como si la industria musical la hubiera escogido para hacer el papel de antiheroína. “Su look, el hecho de que es originaria de Nueva Zelanda y una extraña tanto para el pop estadounidense como para lo que significa ser una celebridad, en conjunto hacía sentido”, dice Tavi Gevinson, editor de la revista Rookie y una de muchas celebridades juveniles –incluyendo a Taylor Swift– de las que la cantante se ha hecho amiga desde su salto a la fama.

Después de echarse a la bolsa a una industria completa, Lorde desapareció. O mejor dicho, se retiró para descubrir si aún existía alguna versión de la chica de los suburbios que sin querer había creado una obra maestra y así, poder crear otra. Al menos así me lo describió aquel día, cuando comíamos en un café popular justo debajo del letrero de Hollywood. “Ahora puedo mirar hacia atrás y pensar: ‘Todo estaba jodido, estaba mal, demente’”, así califica su primer probada de fama. “Pero todos estamos locos cuando tenemos 16. Creo que si le dices a un chico de esa edad que van a ir a Marte. Te diría: ‘¡Ok, pero tengo varias cosas que hacer y esas también son importantes!’. Todo fue tomando su sitio mientras transcurrieron las semanas”.

No que todo volviera a la normalidad, cuando Lorde comenzó a pensar en su segundo álbum, ya estaba, en cierto sentido, atrapada en Marte. Se encontraba con el dilema de todo innovador: había inventado un sonido que cambió el paisaje del pop. Ahora, sombras de “Lorde” se encontraban en todos lados –en la aspereza de su voz, tanto en la mezcla de sus sonidos pop como de su inocencia al componer– lo que significa que sonar como Lorde estos días, es sonar parecido a muchas otras personas. Su singularidad había sido adoptada mientras su horizonte cambiaba. “Su primer disco era sobre ser esta chica”, dice Jack Antonoff, quien produjo Melodrama. “Cuando toda tu vida cambia, y construyes tu carrera con la honestidad como tu perspectiva, ¿cómo continúas y encuentras formas de relacionarte? Es casi imposible”.

La cantante tuvo que encontrar la manera de crear magia terrestre en la extraña atmósfera de otro planeta, al mismo tiempo que delimitaba cómo iba a ser su vida adulta. Todo lo que podía pensar era en regresar a casa. A finales de 2014, mientras terminaba su gira por Norteamérica, Lorde regresó a Auckland, Nueva Zelanda. Reconectó con sus viejos amigos –incluidos los niños que aparecieron en el video de “Royals”– que no se sentían intimidados por su fama y trató de encontrar su camino de regreso a la música. “He aprendido que toma tiempo escribir tu despedida de un álbum que ya terminaste”. El concepto inicial del nuevo LP hablaba sobre un grupo de extraterrestres siendo introducidos a la Tierra. “Recuerdo haber escrito sobre el primer paso fuera. Esos aliens habían vivido herméticamente en su propio entorno, ¿cómo se siente ese primer paso hacia tu nueva realidad?”. Como siempre, Lorde trató de dejarse llevar por sus instintos, sus astutas percepciones que le habían servido bien en el pasado. Tiene sinestesia: puede ver canciones no sólo como colores, también como texturas. Creció en una familia de clase media, con un ingeniero civil como padre y una poetisa como madre. “Todo es muy vívido para mi madre”. Su vida está gobernada por sensaciones, literalmente. El sabor de una fruta puede ser arte. A pesar de haber sido “solitaria y soñadora” de pequeña, creció con una gran reverencia hacia el pop, mismo que a veces estudiaba incluso más que sus otras materias en la escuela. “Siempre he sido extremadamente alérgica a cualquier expresión de arte que sea exclusiva”, asegura.

En otoño de 2015, Lorde decidió cambiar de rumbo. Había conocido a Lena Dunham [“Comenzamos a hablar a través de redes sociales, como todos”] y no tardó mucho en conocer también a su novio, Antonoff, el guitarrista principal de fun. y el líder de Bleachers, que produjo partes de 1989 de Swift. Cuando comenzaron a trabajar juntos, el disco aún era una mezcla de ideas y expresiones que se veían en la niebla. “Le decía, vamos a sentarnos en el piano y ver cómo te sientes, qué ha pasado desde tu último álbum que te gustaría compartir”, recuerda Antonoff. Una de las primeras canciones que escribieron juntos fue “Liability”, sobre qué tan tóxica puede ser su fama para aquellos que pretendan acercarse. “Eso fue crucial. Abrió un gran espacio que le permitió ver que había una manera de hablar de todo lo que había cambiado para ella sin tener que irse a una isla. Todos nos sentimos como una carga para nuestros amigos o familia de vez en cuando”.

A partir de ese momento, Lorde confió en sus propias experiencias. “Todo el álbum fue escrito en Nueva Zelanda, es sobre mí y mis amigos”, explica. Poco después de que comenzó a trabajar con el productor se mudó de casa de sus padres a una propia. Juzgando por las fotos que me mostró desde su celular, podría ser el lugar ideal para grabar uno de sus videos con toques retro inspirados en arte de mediados de siglo.

Describe su día perfecto como: “En verano, nadie tiene que trabajar y nos dirigimos a la playa, después regresamos a mi casa y nos sentamos en el pasto para escuchar música y tomar whiskey, de pronto el día se convierte en noche y todos bailamos. Eso es un buen día para mí”. Cuando juntó muchos de esos días, regresó con Antonoff al estudio para tratar de descifrarlos. “Pasaba tiempo en mi casa y vivía estos momentos, para después volar hasta otro país a escribirlos. La distancia fue una excelente aliada, de verdad necesitaba esa libertad para decir: ‘Esto es lo que voy a decir de esta persona’”. El proceso fue lento. “Fue un álbum complicado de hacer”, admite Antonoff. “Si cambias su respiración en una toma, se da cuenta. Fue un proceso meticuloso, un viaje intenso, pero creo que así debía de ser”. Hubo días en los que creyó que Pure Heroine sería el único disco que lanzaría. Pensaba: “Nunca podré ser suficiente, no podré igualarlo, lo trascendente fue permitirme sentir todo ese renacimiento emocional”. Para la primavera de 2016, el álbum ya había comenzado a formarse en su mente, no como un disco sobre rompimiento, sino sobre aquel momento de libertad que viene después, en donde puedes llorar sola en el baño o puedes explorar los bordes de alguien nuevo. Un día despertó y el disco se veía claro en su mente. “Sólo pensé en melodrama, como si de pronto el universo me diera esa palabra y ya no podía ser ninguna otra”.

Donde Pure Heroine es distanciado y contenido, Melodrama es celebratorio. “En este LP hay más guitarras, más bases análogas. Ya no es minimalismo, es más grande. Eso sucedió porque el inicio de todo el material se inspiró con ella sentada en el piano”. Sobre el primer sencillo “Green Light” la cantante explica: “Soy yo gritándole al universo, queriendo moverme hacia delante, soltarme, que la vida me conceda la luz verde”. Con esos misterios resueltos, Lorde pasó el resto de 2016 en Nueva York con Dunham y Antonoff trabajando en el estudio. Mientras escogía su outfit para Coachella hablaba sobre lo que quería ver en el escenario. “¡Quiero ver a Radiohead, The xx y a Kendrick!”. Cuando la veo en su hotel está sumamente nerviosa. “No he tocado en tres años”, asegura. Su show incluyó efectos con agua y se encontraba preocupada porque alguien pudiera salir electrocutado, incluso ella.

Lorde ya no escucha Pure Heroine. “Siento que eso lo hizo una niña y ahora puedo escuchar la diferencia”. Mientras terminaba Melodrama, Lorde escuchaba Graceland, Don Henley y Phil Collins, música que para ella tiene una calidad atemporal. “Me impresiona como Henley se cuestiona sobre el universo. Por más que trato de no ver las cosas de maneras tan simples, lo termino haciendo porque soy nueva en esta vida. Ya quiero que pase el tiempo y volverme mejor para hacer cosas que quiero y aún no puedo”, confiesa.

El nacimiento del hijo de su mejor amiga le cambió la vida, ahora sabe que quiere tener hijos y que quiere obtener su licencia para conducir. Quiere regresar a la escuela algún día, pero por ahora piensa: “No sé si soy una estrella pop por alguna razón en específico, pero sé que es mi lugar ahora, creo que estoy haciendo justo lo que debería de estar haciendo”.

Dos semanas después de nuestro encuentro dio una presentación en Coachella, nadie se electrocutó y fue un rotundo éxito.

Unas semanas antes de que se estrene el álbum, Lorde tendrá tiempo para ser Ella, como le llaman sus seres queridos. Regresará a Nueva Zelanda con su familia y amigos, quienes la conocieron en sus días de show de talentos. Tal vez camine por la playa, el tiempo irá rápido y lento, como siempre lo hace. El álbum llegará y se subirá a un cohete dirigido a Marte. Entonces Lorde regresará.

Escucha Melodrama, álbum de Lorde:

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