El invierno tiñe los paisajes de una manera diferente, no es lo mismo visitar algunos lugares en un clima cálido y amigable que tener la oportunidad de comprobar que hay sitios como la ciudad de Quebec en donde la nieve no sólo es parte de un fenómeno climático típico de la temporada, es parte indivisible del paisaje, está en su ADN.

La ciudad es como una villa de cualquier cuento navideño, podría ser fuente de inspiración y sede de cualquier historia que se desarrolle a lo largo del invierno. Dickens hubiera sido feliz pasando la temporada invernal en este paraíso escribiendo sus cuentos. Rodeado de castillos, murallas y construcciones de hace siglos. Las calles suben y bajan, haciéndote perder la brújula y más cuando todas ellas visten de un blanco resbaloso.

El Viejo Quebec es el nombre que recibe el barrio más tradicional de la ciudad –cabe mencionar que esta ciudad está ubicada en una colina, por eso los desniveles y las vistas espectaculares. En el interior una gran muralla que la rodea, formando las famosas fortificaciones de la ciudad. Está conformado por dos zonas: la ciudad alta y la ciudad baja.

Por ejemplo, el Quartier du Petit Champlain (así se llama su calle principal) es una pequeña zona comercial ubicada en la parte baja, se encuentra en el barrio denominado Vieux-Québec—Cap-Blanc, muy cerca de la Plaza Royale, el hotel Chateau Frontenac y la basilica de Notre Dame. Hay un acceso peatonal con laragas escaleras que te llevan a disfrutar de esta zona, uno de los distritos comerciales más antiguos de Norteamérica, en donde encontrarás comercios diversos de arte local, tiendas turísticas, enormes murales alusivos a su historia, restaurantes, bares y diversas curiosidades. Puedes comer unas delciosas palomitas gourmet con sabores que nunca has probado o bien meterte a una pastelería a probar un chocolate caliente y un croissant recién hecho.

Para tu regreso, si no te gusta subir las escaleras por las que bajaste, hay un funicular que te lleva de vuelta a la parte alta. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1985.​ El viejo Quebec es parte del distrito de La Cité.

Chateau Frontenac.

El edificio del parlamento de Quebec es la sede del gobierno de la provincia de Quebec, se construyó a finales del siglo XIX, situado en la Plaza de la Asamblea Nacional, en la cima de la colina del parlamento justo fuera de las murallas del casco antiguo. La ciudad es capital de la provincia del mismo nombre y está repleta de parques, que en esta época son majestuosas alfombras blancas que nos dan la idea de su tamaño, pero difícilmente puedes explorar. Sin embargo, las calles son totalmente transitables a pesar de la nieve y el clima, todos están habituados y viven esta época del año naturalmente. Nosotros en México, difícilmente tenemos en un clima así, por lo que nos parece fascinante y extraño, motivo suficiente para ir a visitar esta hermosa ciudad y tener una experiencia diferente.

Quebec también se caracteriza por una oferta gastronómica vasta, hay un predominio de la influencia francesa de sus orígenes, pero han logrado mezclarla a la perfección con su cocina local (de la provincia de Quebec es totalmente distinta al resto del país). Si eres más tradicional y prefieres algo internacional, siempre habrá opciones que puedas elegir.

Hay muchos hoteles increíbles en la ciudad. El más emblemático es sin duda el fascinante Chateau Frontenac, icónico y representativo de la ciudad, un majestuoso castillo que vale la pena visitar incluso como turista, contiene una exhibición permanente de su historia, posee una ubicación envidiable y está envidiablemente ubicado, muy cerca de la basílica de Notre Dame y las calles comerciales más representativas de la ciudad, así como el acceso al funicular de Petit Champlain lo convierten en un lugar indispensable. Pero hay muchos lugares donde hospedarse de todos los precios de acuerdo a las posibilidades del visitante.

La época invernal está en pleno, al menos durante febrero y marzo seguramente encontrarán muchos de estos paisajes, háganse un favor y conozcan Canadá, un bello país que lo único que tiene mejor que sus impresionantes paisajes es la calidez, amabilidad y alegría de su gente.