Junio 01, 2019

La cambiante Zazie Beetz

Al igual que su personaje en 'Atlanta', la actriz se rehúsa a ser etiquetada.

POR Brittany Spanos

Natalia Mantini para Rolling Stone

“Todavía me siento joven y pequeña en un mundo grande”, dice Zazie Beetz. “Mi ser interior a veces se siente en peligro de estar expuesto”. La exposición es ciertamente un riesgo si tu carrera se mueve tan rápido como la de Beetz. Como Van, la intermitente novia de Earn (Donald Glover) en Atlanta, Beetz, de 27 años, es una presencia constante en un mar de giros surrealistas. Su actuación, llena de inteligencia y vulnerabilidad, la ha hecho obtener una nominación al Emmy, a pesar de que el rol fue diseñado inicialmente para ser más limitado. Beetz se ha esforzado detrás de cámaras para dar forma a las historias de Van y expandir su mundo más allá de su vida con Earn.

 

“No sólo quiero ser la novia”, dice Beetz. “Estoy determinada a tomar decisiones que permitan que las personas me vean más allá de un solo tipo [de actriz]”. Con ese fin, Beetz ha preparado una lista de papeles que muestran su rango. Tuvo éxito en la gran pantalla el año pasado como la superheroína Domino en Deadpool 2. Este año, mostró sus músculos en el drama deportivo de Netflix de Steven Soderbergh, High Flying Bird, y en el filme de horror psicológico Wounds. Tiene cinco películas más programadas para 2019, incluida la adaptación de Joker de Todd Phillips, protagonizada por Joaquin Phoenix, que se estrena en octubre.

 

Es difícil creer que Beetz se graduó de la universidad hace sólo seis años, sin estar totalmente segura de qué camino seguir. Beetz nació en el país de origen de su padre, Alemania, pero creció en Upper Manhattan; era una niña creativa que disfrutaba tanto de la pintura y las artes visuales que consideró una carrera como artista gráfica. Estudió teatro en la famosa escuela LaGuardia High School de Nueva York, pero cambió de marcha en el Skidmore College, especializándose en francés. (Beetz también habla alemán con fluidez). Digamos que le gusta mantener abiertas sus opciones. “Siempre estoy cuestionando lo que quiero”, reconoce. Mientras tanto, vive la mayor cantidad de vidas posibles en la pantalla. “No quiero ser sólo bonita”, dice Beetz. “Quiero ser fea, y quiero ser mala, y quiero ser buena, y quiero ser sexy, y quiero ser asexual. Quiero poder transformarme como me transformo en mi vida”.

 

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