noviembre 20, 2020

Kings of Leon, los hermanos amoratados

Kings of Leon eran la banda más grande en el mundo, luego cayeron al fondo. ¿Podrán los nuevos desamparados del rock luchar de regreso?

EXTRAÍDO DE RS126, NOVIEMBRE 2013

“Necesito algunos analgésicos ahora”, murmura  con una voz ronca Caleb Followill. Recientemente durante una lluviosa tarde en Londres, el líder de Kings of Leon se sienta en la esquina del bar art-deco del hotel de cinco estrellas donde se hospeda la banda; con una cara de leñador cansado iluminada por la luz de una vela, mientras se escucha jazz al fondo. “Volví a saltar de la parte superior de ese maldito yate”. El accidente ocurrió hace un par de semanas durante un descanso entre shows, cuando la banda lanzó bolas de golf al Mediterráneo y dio una fiesta de togas. “Eran las 2 a.m., todo estaba completamente oscuro y yo ebrio. Caí en el agua con el trasero. Desde hace una semana, apenas puedo sentarme y pararme. Toca nerviosamente su pierna mientras habla acerca de las opciones de almohadas para el vuelo de regreso a casa, en Nashville. “¿La cosa esa como dona? Me sentaré en ella, no me importa. Tal vez tenga que tomarme un Vicodin. No me puedo sentar por tanto tiempo, me mata”. Un amigo en la mesa señala que este es el segundo accidente en un yate de Followill… En el 2010 se lastimó en un bote en Italia. Las lesiones en las fiestas del jet set son un riesgo laboral para los Kings, que luego de dos años –su pausa más larga en una década– están de nuevo de gira. La última vez que comenzaron un tour, podría decirse que eran la banda más grande del mundo llenando estadios con la fuerza de sus éxitos de radio: “Use Somebody” y “Sex on Fire”, extraídos del álbum ganador de un Grammy, Only by the Night de 2008. Muchos esperaban que su siguiente disco, Come Around Sundown, del 2010, los llevará aún más lejos. En su lugar y a comparación se vendió pobremente (con 731,000 copias), cerca de un tercio de lo que Night vendió. “Básicamente yo me deslindé de ese disco”, dice Caleb ahora. La banda terminó antes su gira por Estados Unidos, cancelando 26 fechas luego de un desastroso concierto en Dallas en julio de 2011.

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Ahora, los Kings están de regreso con una gira en apoyo de su nuevo álbum Mechanical Bull, el cual toca todas las identidades del grupo en la última década: Rockeros de garage acelerado , discípulos del southern soul y maestros de la pomposidad de estadio. “Se siente bien ser el más débil”, dice el bajista Jared Followill. “Somos un equipo de remontada. Me alegra que nos tomáramos ese tiempo. Toda esta controversia nos pone contra la pared y trabajamos mejor así”.

Caleb, quien es un poco más reservado, me dice que por primera vez acaba de escuchar el nuevo álbum secuenciado. “De hecho me gustó”, afirma. Esa noche, tras un día de sesiones de foto y entrevistas con la prensa inglesa, los Followil se relajan en uno de sus restaurantes favoritos, el popular lugar de mariscos en Londres, Scotts. “No tienes que ordenar algo”, dice el baterista de cabello largo, Nathan Followill, escogiendo dos piezas grandes de lenguado  con guarniciones de pulpo y calabacines; y la primera de dos botellas de un Chardonnay australiano de  178 libras. “No está mal para una entrevista”, dice Caleb.

Los hermanos Followill son aficionados a la comida; este mes curarán un festival de comida en Nashville –su hogar desde hace más de una década– en donde ambos han terminado las remodelaciones de sus casas para acomodar a sus bebitas. Nathan describe su casa como “un ovni de madera suspendido en los árboles”. (Dice que su esposa, la cantante Jessie Baylin, quiere que salga en una revista de arquitectura). Pero con toda la actividad reciente, sólo ha pasado nueve días ahí.

Caleb ha pasado un mal rato conduciéndose entre las habitaciones a prueba de bebés de la casa que comparte con su esposa, la modelo Lily Aldridge, y su hija de 15 meses, Dixie Pearl. “No podía entrar al baño, no podía entrar a la cocina”, dice mientras cuenta acerca de una noche reciente en la que llegó tarde a su casa, borracho. “Ella puso trabas dobles a todo. Ellas simplemente se van a los extremos”. Los hermanos rememoran Inglaterra, en donde han sido muy exitosos desde que su manager les consiguió participaciones en festivales junto a Interpol y My Morning Jacket en el 2003.

“Nos paramos ahí y tocamos; y estas bandas más experimentadas nos veían como una amenaza; amábamos esa rivalidad”, cuenta Caleb mientras Nathan añade: “Y fue nuestra primer experiencia con el libertinaje del estilo de vida del rock & roll”.

En los años siguientes se ganaron una reputación como la banda más fiestera. “Por un tiempo estuve en el ojo del huracán”, relata Nathan, recordando una depresiva víspera de Año Nuevo a mediados de la década del 2000. “Caleb, Nacho y yo” –el primo de los hermanos y técnico de las guitarras– “Fuimos a Nueva York y decíamos, ‘Nos meteremos suficiente cocaína como para matarnos, o si logramos sobrevivir este fin de semana, no lo volveremos a hacer’. Nos encerramos en un departamento en Union Square y el repartidor venía tres veces al día. Regresamos a casa y cuando nuestra madre nos vio, de inmediato comenzó a llorar porque estábamos flacos y pálidos”. Caleb deja de masticar lanzándole a su hermano una mirada inquietante. “Aligeremos el ambiente aquí”, dice. Los Kings no se convirtieron en superestrellas en Estados Unidos hasta cinco años después de que alcanzaron fama en Europa, cuando cambiaron el garage rock por un sonido más pulido y con más reverberación; el cual encontraron luego de ser teloneros de U2. El disco del 2007 Because of the Times, no fue un gran éxito, pero Only by the Night, que salió el año siguiente, fue un monstruo. Algunos fans de antaño se sintieron traicionados. “No quiero escribir acerca de mis órganos sexuales incendiándose sólo para tener una canción famosa”, declaró Jim James de My Morning Jacket. Liam Gallagher dijo: “Me parece que se han ido por el dinero”. Los Kings difieren. “Solíamos dejarnos crecer el cabello muy largo, usar ropa ajustada…  Estábamos siendo un poco falsos en ese entonces”, cuenta el guitarrista de la banda, el primo Matthew Followill, sentando cerca de una inmaculada Gibson blanca luego de fumarse un cigarro bajo la chimenea de su suite. “Ahora somos normales y nos sentimos cómodos con nosotros mismos”. Jared cuenta que se avergüenza de sus primeros videos: “Dios, los odio. Apenas puedo escuchar el primer y segundo disco, es demasiado vergonzoso. Para mí, Because of the Times es como nuestro primer álbum, finalmente éramos nosotros mismos”. Pero para cuando hicieron Sundown, la banda se sintió exhausta e indecisa acerca de a quién complacer. “Yo decía: ‘Tenemos que intentar escribir canciones exitosas para que no seamos one hit wonders”, cuenta Matthew. “Matthew decía la palabra radio y Caleb se enojaba muchísimo”, añade Jared. Y la gira no mejoraba. Los compañeros de banda viajaban en autobuses separados. “Tocamos el mismo set list por tres, ya que no nos importaba”, continúa Jared. “Sólo nos divertíamos sobre el escenario, todo lo demás apestaba”.

El punto más bajo llegó el 29 de julio de 2011, durante el show  en el Gexa Energy Pavillion de Dallas. El diario The Dallas Observer reportó como Caleb le gritaba a su staff que le llevara toallas y agua entre actuaciones erráticas. Tras 40 minutos, alzó los brazos y anunció: “Estoy casado con la chica más bonita de todo el mundo”, añadiendo, “Iré a backstage y vomitaré, beberé una cerveza y regresaré para tocar tres canciones más”.

Nunca regresó, pero Jared y Matthew si lo hicieron. “Realmente no es nuestra culpa”, dijo Matthew.“Es Caleb”, Añade Jared , “Odien a Caleb no a nosotros”. (Hoy en día Jared declara que “Eso es exactamente lo que los managers nos indicaron que dijéramos”). El bajista también tuiteó, “No puedo mentir. Hay problemas en nuestra banda mayores a no beber suficiente Gatorade”. Enviado por los managers, Caleb despertó en su autobús al día siguiente sorprendido de estar de vuelta en casa en Nashville. “No sabía que era algo tan importante”, cuenta de regreso en el bar. “La gente puede decir que fue la bebida, pero ni siquiera se acera a lo mucho que estaba bebiendo en ese tiempo. Creo que mi cuerpo me abandonó y dijo, ‘Necesitas irte y descansar’”. Relata que estaba cegado por los comentarios de la banda. “Estaba muy enojado”, dice. “Me subí a un avión y fui a Nueva York y decía, ‘Que se jodan’. ¿Y sabes? Duele”. Su voz se torna seria y sus ojos azules están a punto de estallar en lágrimas. “Me dolió cuando supe eso porque yo siempre los he apoyado. Los apoyé cuando salimos del escenario por las palomas”. Escupe la palabra con disgusto refiriéndose a un infame concierto del 2010 en St. Louis, cuando la banda salió del escenario por culpa de una bandada de aves que se defecó en el techo. “Yo siempre he sido del tipo de uno para todos y todos para uno, y cuando escuché eso pensé, ‘Wow, quizá sea momento de hacerme a un lado por un tiempo’”.

La banda no se vio hasta días después, cuando tuvieron una incómoda reunión en un restaurante en Nashville. Varios medios reportaron que le ordenaron a Caleb ir a rehabilitación. Le pregunto a Jared y Matthew si esto es cierto a lo que responden con un largo silencio. “No puedo decir que nadie pensó en eso”, contesta Matthew.

“Si lo hubieran hecho, sabrían que me habría reído de ello”, responde Caleb. Luego añade que dejó de beber por nueve meses para probarle a la banda que podía: “Tengo una voluntad muy fuerte como para no necesitar ir a algún lado”.

Si quieres hacer a los Kings of Leon sonreír, pregúnteles acerca de su pausa de un año. “Esto podría ser triste para los fans pero, recuerdo despertar, tomar mi café, ver por la ventana y no dejar de sonreír”, cuenta Matthew; quien no tocó la guitarra en seis meses (y también ocupó el tiempo para lograr la sobriedad). Nathan jugó 186 rounds de golf; Jared dice que se masturbó 30 días seguidos con el sitio Tube8 antes de aburrirse y lanzar un EP con su psicodélico proyecto alterno, Smoke and Jackal.  Mientras tanto, Caleb secretamente trabajaba en canciones nuevas mientras su familia dormía, con su esposa animándolo cuando escuchaba una melodía linda. “Hubo un período de sanación”, afirma. “Tenía que perdonarlos por lo que aparentó ser que me dieran la espalda. Y ellos tenían que curarse también, por años y años de nosotros siendo demasiado duros y egos que crecían. Les dije: ‘Estoy trabajando en música nueva, les dejaré escucharla cuando estén listos’”.

En enero los Kings se reunieron con su productor de largo tiempo, Angelo Petraglia, en su recién construido estudio. Una antigua fábrica de pintura en Nashville, para ver si podrían hacer música de nuevo. La primer canción que Caleb les mostró fue “Beautiful War”, una vieja balada escrita en la misma semana que compuso “Use Somebody”. “Estábamos sorprendidos”, cuenta Nathan. Canciones como la arrogante “Rock City” o la funky “Family Tree” le siguieron. Caleb, quien alguna vez habló mal de sus nuevos fans y llamó a “Sex on Fire”, un “pedazo de mierda”, estaba más emocionado de lo que había estado en años. “En aquel entonces tratábamos de hacer algo que la gente recordara”, cuenta. “Ahora estoy tratando de hacer algo que enorgullezca a mi hija. Algún día –con suerte aún seguiré aquí pero si no– ella dirá, ‘Mi papá era muy cool’”.

El olor del pollo asado a la parrilla cocinado por el chef personal de la banda llena el recinto del backstage en Belfast, en Irlanda del Norte. Donde los Kings of Leon matan el tiempo antes de su set frente a 30,000 fans llenos de lodo en el Tennet’s Vital Festival junto a las bandas británicas The Vaccines y The Undertones. Caleb se pone un guante de beisbol y presume su poderoso brazo mientras lanza una pelota con Nacho. Jared pasa un poco de rapé mientras habla sobre teorías del asesinato de Kennedy junto con Martha, su esposa de 22 años. (Al igual que Caleb y Lily, Jared y Martha se conocieron en Coachella; Nathan conoció a Jessie en Bonnaroo).

Mientras se acerca la hora de su concierto, la banda se reúne en un círculo afuera del tráiler de Caleb, quien se maravilla de que “Supersoaker” sea un gran éxito en Israel. “Tengo promotores que quieren que toquen en Israel”, dice un miembro de su staff. Jared recuerda a un corredor desnudo en un concierto reciente en Birmingham: “No habíamos visto eso en mucho tiempo y luego ¡boom! Y es británico, así que tiene el pene colgando. Fue bastante asqueroso”.Pronto, los Kings están sobre el escenario tocando su estridente sencillo “The Bucket”, mientras los fans brincan al unísono ondeando banderas, lanzando condones inflados y rugiendo cantos de fútbol entre canciones. Cuando Jared les informa que Irlanda del Norte acaba de ganar un partido de clasificación para la Copa Mundial contra Rusia, explotan. Luego de 21 canciones, incluyendo una frenética y alegre versión de “Molly’s Chambers”, y todos cantando “Use Somebody”; los sudorosos miembros de la banda salen del escenario. Se mueven lentamente a través de una estrecha escalera mientras los choferes sostienen lámparas y sombrillas sobre sus cabezas, para protegerlos de la ligera llovizna. La gente del equipo aplaude. Y con un policía esperando, cada King se sube a su propio Mercedes negro y se marchan, uno por uno.

Escucha WALLS de Kings of Leon:

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