octubre 19, 2020

Jorge Prado: un arte que no se centraliza, se expande

“Uno como artista debe transmitir algo a las personas; siento que el arte hoy por hoy es una herramienta de sanación”.

“El riesgo es un espíritu aventurero, pero al final siempre existe esta incertidumbre de cuando llegas a un sitio donde no conoces a nadie”. Esto lo entendió el artista mexicano, Jorge Prado, después de haber dejado el caos de la Ciudad de México como periodista deportivo y elegido explorar diversos lugares del mundo para dedicarse al arte, pasión que desarrolló continuamente desde que era niño.

jorge prado arte

En 2017, se enteró de que tendría un hijo y decidió dedicarse al arte completamente: “Yo quería que mi hijo viera a su padre valiente, y el primer mural que pinté es en relación a él”, comentó el artista. “Pinté el corazón de mi hijo, y de ahí surgió la idea de los corazones”. Casi tres años después, el pintor, muralista y artista experimental ha vivido se ha desenvuelto en ciudades desde Nueva York y Berlín, hasta Mérida y San Miguel de Allende.

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Trabajó durante varios años como periodista de Boxeo, deporte del cual también ha tomado inspiración tras mantener relaciones amistosas con reconocidos boxeadores como Erik Morales y Julio César Chávez, de quien planea pintar un mural en su natal Culiacán apenas encuentre el espacio ideal. Jorge también ha intervenido diversos guantes de box, esta fue su primera experiencia trabajando con cuero (años después saltaría hacia el mundo de la moda), no sin previamente descubrir su amor por los murales. “Con el arte encontré algo que creo que no tenía: me siento libre”. 

Años atrás, cuando Jorge llegó a Berlín, se adentró en la vida nocturna de Alemania. En donde la gente hacía filas para beber en Tresor o Panorama, vestidos con ropa de cuero, con los ojos bien maquillados y los labios de colores, como el inicio de una pasarela al ritmo de la música industrial. Ahí, frente al cadenero que no lo dejó entrar al club, concluyó que estaba acostumbrado a las poses; las máscaras sociales que, según relató, son comúnmente vistas en Latinoamérica en comparación a Europa. Con esta inspiración creó Love Yourself Jacket, que se convirtió en su primera intervención en el mundo de la moda.

“Hay máscaras que a veces nos ponemos en la sociedad para sobrevivir. Entiendo cuando lo haces por trabajo porque digamos que tienes que tomar algo de seriedad, pero en México o Latinoamérica este tipo de situaciones también las llevan a la fiesta. Si vienes aquí saca todo lo que traes de la semana, todos los rollos y haz todo lo que quieras, sé tú, sé libre. Aquí no te vamos a juzgar, no importa cómo vengas vestido, pero sé tú”. 

“Es el plan de esto; cada obra que hice fue para concientizar a la gente de ser más libre, quitar las creencias y el rollo de menospreciar a la gente o juzgarlo por verlo vestido de alguna manera. De decir ‘si ese señor tiene traje, es chingón’ y si otro anda greñudo ‘no sabe nada. La moda es un arte por sí solo, es un arte al final”, expresó. “Creo que hay mucha gente que ha experimentado con el arte en la ropa, no sé si el mundo en general esté preparado para ver tantos colores o algo tan diferente que salga de lo neutro, lo básico. Creo que el arte en la moda es para locos, no es para todos. Al final, el tema de la moda creo que es más profundo porque es para el cuerpo, el cuerpo es como un templo, la anatomía es la conexión con la divinidad. Creo que hay muchas cosas detrás de eso”.

El muralista ha sabido mantener su proceso creativo vivo, experimentando con diferentes materiales desde su casa en la capital. Durante la incertidumbre causada por la pandemia, sus obras tomaron un camino distinto: cada vez que Prado pinta una pieza, busca que pueda sacar una sonrisa. “Siento que el arte tiene esa función de llevar ese mensaje, esa alegría, de transmitir. Uno como artista debe transmitir algo a las personas. El arte es una herramienta de sanación”.

Eso no significa que sus primeras experiencias con el cubismo se quedaran atrás, sino que, a diferencia de otros artistas, Prado decide trabajar con todos los estilos que tenga a su disposición y cambiar su enfoque, lo que lo ha llevado a experimentar con el humo de las velas, y los estragos del ácido en los espejos.

Fuertemente influenciado por el arte urbano, Prado ha sido gratamente recibido en Berlín y Ámsterdam. Incluso, se encuentra a la espera de su regreso a Holanda para poder pintar un mural en Haarlem. Todas estas obras lo han sacado del estereotipo que tiene el artista mexicano de “Fridas y Diegos” en Europa, y marcado una pisada diferente en el arte contemporáneo donde, a pesar de sus notorias diferencias, tienen una raíz común: el esoterismo.

“Llevo aproximadamente dos años estudiando el Tarot y estoy estudiando carta por carta; una de mis favoritas es el «Arcano Número Cero», se llama Le Mat. Es la carta del ojo que, en realidad, es alguien que no tiene un sitio en dónde estar, que es irreverente, creativo, que está perdido. Y tiene un bastón que lo ayuda a hacer tierra. Abajo, lleva un perro que lo está agarrando, representa el ego, lo trata de equilibrar para que no se pierda en su locura”, explica. 

“Y precisamente ahorita estoy pintando a un personaje que viene de una de las cartas del Tarot, para crear una carta nueva que se llama ‘Carlitos’, es un oso (y parece perro). Lo estoy pintando por todos lados. Creo que, en el caso de los artistas, a veces entras en rollos de depresión, de locura. Es necesario aterrizar y calmar el ego porque se puede perder la realidad“.

Jorge, que constantemente se nutre de libros sobre dichos temas, lee El Continente Perdido de Aleister Crowley en la terraza de su casa y piensa en dicho autor, quien realizó el arte de su propio tarot. “Todas mis obras tienen algo que ver con el tema de metafísica o esoterismo. La obra de Tauro habla de la mitología griega, de una anécdota de Zeus que se transformaba de toro para ver a una de sus amantes y con ella, juntos conquistaron Creta”.

La Constelación de Tauro se encuentra en la Ciudad de México y es probablemente el proyecto que muestra más abiertamente la influencia de la astrología y el Tarot en Jorge, aunque el resto de sus piezas suelen contener numerología o pequeños guiños que apuntan a esta misma corriente.

 

“Tengo otra pieza aquí en la Ciudad de México, en Insurgentes, se llama El Gran Arquitectoy representa a Dios, a la divinidad. Siempre todo tiene que ver con eso y si ves bien la obra vas a ver numerología; me gusta la geometría astral, el árbol de la vida, pinto cosas relacionadas con eso. Sí lleva un significado más profundo». 

En un futuro, Prado contempla una experiencia inmersiva que distinga a sus obras en México, misma que espera poder trabajar junto a su hermano, quien es músico y videógrafo, y que siempre lo ha acompañado durante sus viajes como su mano derecha. Pudiendo incluir sonidos, distintas iluminaciones y aromas, ésta podría llevarse a cabo antes su regreso a Alemania, con tan solo encontrar el espacio adecuado.

Conoce más sobre Jorge Prado en su página oficial e Instagram oficial (@jorgepradoart).

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