Abril 01, 2019

Jenny Lewis comienza de nuevo

Después de despedirse de su madre y de una relación de 12 años, la compositora encontró una nueva claridad en el arte y la vida.

POR Jonah Weiner

Ira Chernova para Rolling Stone

Hay 19 etiquetas blancas en el refrigerador de Jenny Lewis. Cada una lleva una fecha sellada, el logotipo de Providence Holy Cross Medical Center, la palabra “visitante” y, en la letra de Lewis, una pequeña frase diferente: “Le enseñé a bailar two step”; “Rosey ponte el atrapanovias en el dedo”; “Eres un rayo de sol en una fruta”. “Todos los días que visité a mi madre en el hospital”, dice Lewis, “conseguía una de estas y escribía algo que ella me decía. Se volvió más y más psicodélica a medida que aumentábamos los medicamentos y decía las cosas más asombrosas”. Lewis apunta a una —“Pégame al techo para que nunca te vayas”— y suspira. “Tenía cáncer de hígado. De una hepatitis C no tratada. Fue adicta a la heroína toda la vida y también estaba enferma mentalmente… Una situación realmente triste”.

 

Es una noche lluviosa a principios de enero, y Lewis está en su casa en Los Ángeles, bebiendo vino de gamay y discutiendo cosas que nunca ha discutido públicamente. Algunos fans a lo largo de los años pueden haber notado alusiones dispersas en sus canciones a los problemas de su madre y los contornos dolorosos de su relación. En 2002, en un álbum de su primera banda, Rilo Kiley, describió a una madre “loca y alta”. En 2006, en su álbum debut como solista, Rabbit Fur Coat, cantó: Where my ma is now, I don’t know/ She was living in her car, I was living on the road/ And I hear she’s putting that stuff on her nose”. Pero Lewis siempre ha tenido cuidado de dejar que estas letras hablen principalmente por sí mismas. Cuando las personas preguntan por ellas, ella enfatiza con frecuencia que la línea entre la memoria y la descripción en su composición es resbaladiza. “A veces ni siquiera recuerdo lo que realmente sucedió”, dice ahora, “y la canción adquiere su propia vida”.

 

En el nuevo disco de Lewis, On the Line, su madre aparece de nuevo. Esta vez ella está en una cama de hospital “debajo de una fría sábana blanca”, y no hay ficción en su trabajo. La primera etiqueta del refrigerador está fechada el 20 de agosto de 2017 y, a fines de octubre, a los 70 años, Linda Lewis falleció.

 

“Estuvimos 20 años separadas, por lo que esta fue la primera vez que convivimos en dos décadas”, continúa la cantautora de 43 años. “Estaba muy enferma, pero creo que resistió para que pudiéramos tener tiempo para reconciliarnos, y eso creó una oportunidad para el perdón. Ella no tuvo que decir ‘Lo siento’, lo expresó diciendo: ‘Eres un rayo de sol en una fruta’. Esa era su manera de decir ‘Te amo’”.

 

Lewis comenzó como una actriz infantil, apareciendo en comedias de la década de los ochenta como Life With Lucy, junto a Lucille Ball, y en películas como Troop Beverly Hills y The Wizard, junto a Fred Savage. A los veinte años, casi había dejado de actuar y se había convertido en un ícono de rock indie en expansión, conocida por su voz de clarín, su increíble oído para la melodía y su habilidad para contar historias con un estilo estadounidense retorcido. Mientras que el último proyecto musical de Lewis, una colaboración ad hoc de 2016 llamada Nice as Fuck, fue simplificada y optimista, On the Line contiene la música más exuberante y melancólica que jamás haya hecho. El álbum tiene un gran sonido de rock: pianos majestuosos, cuerdas hinchadas, guitarra eléctrica difusa. Lewis grabó sus 11 canciones en los venerables Capitol Studios en Los Ángeles durante unos pocos días el año pasado, pero comenzó a escribirlas en esta casa en 2014, poco antes de que su relación de 12 años con el músico escocés-estadounidense Johnathan Rice se deteriorara. Y terminó de escribirlas después de la reconciliación con su madre en el hospital. Lewis le da al refrigerador una última mirada antes de salir de la cocina. “Me pregunto cuánto tiempo dejaré esto aquí”, dice.

 

La adicción, la sobriedad y la automedicación son temas recurrentes en On the Line. Hay referencias al vino tinto, marihuana, granadina, heroína, bourbon, antidepresivos, cigarros, coñac, Candy Crush y, en la canción “Party Clown”, una manzana Fuji alucinógena. “De alguna manera creo que el peor de todos ellos es Candy Crush”, dice Lewis con una sonrisa. “Mi madre comenzó a tomar heroína cuando yo tenía dos o tres años. Entonces, al crecer así, te das cuenta de que nada es gratis y todo tiene consecuencias. Si intentas bloquearlo, al final tendrás que enfrentar lo que sea de lo que huyes”. Hace una pausa. “No tengo ningún juicio al respecto. Incluso con mi madre: hizo lo que tenía que hacer y no pudo superarlo. La mayoría de las personas no salen de la adicción a la heroína. Realmente no la culpo por eso”.

 

Con el vino en la mano, Lewis me muestra su casa. Situada cerca del frondoso Laurel Canyon, fue construida por un animador de Disney en los años cuarenta, y su toque está en todas partes. En la sala, un proyector está reproduciendo la película The Girl on a Motorcycle de 1968, protagonizada por Marianne Faithfull y, alternativamente, se titula Naked Under Leather. Lewis se ha interesado por el cuero recientemente, dice, mostrándome un libro de 1977 titulado Hard Corps: Studies in Leather and Sadomasochism que recientemente compró en eBay. “Mantengo mis látigos y cadenas en la piscina”, dice con una carcajada.

 

Fuera de la sala está la habitación con paneles de madera donde Lewis ensaya y escribe. Hay un kit de batería, un órgano Wurlitzer y una pequeña estufa de gas en la esquina. Afuera, cerca de la piscina, hay un estanque koi y un jardín de rosas, todo instalado por el animador. Al final del pasillo, hay una máquina de pinball con temática de roller derby de 1990 que parpadea periódicamente las palabras “Los ganadores no consumen drogas” en luces LED. (Lewis dice que su amigo y colaborador, Ryan Adams, se lo dio: “Simplemente apareció un día”). Frente al pinball hay un recorte promocional enorme y antiguo para The Wizard, que representa a Savage como un adolescente que usa un Nintendo Power Glove y una Lewis adolescente en overoles de mezclilla deslavados. “Esto fue en el cine en Van Nuys donde crecí, mi madre me hizo entrar y pedirlo”, dice Lewis. “Mi hermana lo tenía almacenado, luego lo enmarcó para mí y alquiló un camión para traerlo aquí. No estuve de acuerdo con esto durante muchos años, porque desde el principio en la historia de mi banda, la gente en el público me gritaba referencias de videojuegos. Ahora simplemente no puedo creer que esto sea parte de mi extraña historia”.

 

Ella cuenta que le encantaba estar en los sets de Hollywood cuando era niña, por razones complicadas. “Supongo que me gustaba estar en ese ambiente porque no estaba en casa, era una vibra familiar. Mi papá no estaba cerca, así que cada vez que conseguía un trabajo me enamoraba de ‘mi padre’ en el set. Sólo quería esa relación”. (Su padre de la vida real, un músico llamado Eddie Gordon, estuvo ausente durante la mayor parte de su vida, aunque regresó a la órbita de Lewis poco antes de su propia muerte, tocando la armónica en su segundo álbum en solitario, Acid Tongue de 2008). La vida de Lewis fuera del set era consistentemente caótica: “Creo que mi madre estaba vendiendo coca a principios de los años ochenta”, dice. “Pudo haber sido la dealer de Ricky Nelson. Y ella usaba el dinero que yo ganaba y lo ponía en su negocio. Regresaba a casa de la escuela y había estantes de abrigos de piel, Krugerrands (monedas de oro sudafricanas), cajas de gafas de sol Vuarnet. Todos estos artículos al por mayor en la casa, drogas cocinándose en la estufa, gente entrando y saliendo. Personajes realmente interesantes. Recuerdo que teníamos un Honda Civic, y un día desapareció. Años más tarde, supe que alguien lo había incendiado como advertencia a mi madre. Pasaban cosas muy locas”.

 

Lewis dice que su hermana mayor, Leslie, se convirtió en algo así como una madre sustituta para ella en lugar de su madre actual, y cuando Jenny cofundó Rilo Kiley con algunos amigos de Los Ángeles a finales de los años noventa, “esa fue mi primera familia elegida”. A lo largo de los años organizó sesiones improvisadas, invitando a miembros de actos afines como Haim, Dawes y Conor Oberst, a su casa y a otros lugares de Los Ángeles. “Siempre he traído esa vibra conmigo donde quiera que vaya”, Lewis dice. “Me siento obligada a tocar música, a tocar con las personas, o me volveré loca”.

 

En 2015, después de separarse de Rice, Lewis se fue a Nueva York y se quedó en el departamento vacío de su amiga Annie Clark (St. Vincent). “No podía quedarme en esta casa”, dice Lewis. “Johnathan y yo estábamos básicamente casados. Cuando estás con alguien tanto tiempo, comparten la misma conciencia. No terminaba ninguna de mis historias, Johnathan acababa todas las historias por mí. Así que parte de la razón por la que fui a Nueva York fue para encontrar mi monólogo interior. Quería saber qué era esa voz”.

 

El resultado, unos tres años más tarde, es On the Line. Lewis lo hizo con una familia impresionante cuyos miembros incluían no sólo a Adams y Beck, con los que había trabajado antes, sino también a una generación anterior de profesionales del estudio: el productor de The Rolling Stones, Don Was, el teclista de The Heartbreakers, Benmont Tench, el baterista de sesión, Jim Keltner (músico acompañante de John Lennon, Bob Dylan y Steely Dan) y, para su alegría y sorpresa, Ringo Starr. “Fue genial, sólo apareció un día con un smoothie e hizo una doble batería con Jim en dos canciones”, dice Lewis, y agrega que no está totalmente segura de por qué el exBeatle se incorporó al proyecto. “Creo que Don Was le mostró algunas de las canciones, lo invitó a que viniera y él estaba interesado”.

 

Una década después de su carrera en solitario, Lewis se encontró probando cosas nuevas en el estudio. Dada la motivación de Adams, accedió a grabar todas sus pistas vocales en vivo mientras tocaba sus instrumentos, en lugar de grabarlas más tarde, una técnica para no pensar demasiado en su técnica vocal. Mantener las cosas espontáneas era una prioridad: cuando Beck insertó un poco de Auto-Tune en “Little White Dove”, Lewis decidió que le encantaba y la mantuvo sin cambios. En lo que se refiere a la mezcla, dice que se inspiró en Ye de Kanye West, despejando el rango medio, centrándose en el extremo grave y los agudos.

 

En estos días, divide su tiempo entre Los Ángeles y Nashville, donde toca con amigos, incluida Karen Elson. Tres años después de su separación, Lewis dice: “Sé cómo cuidarme. Ha sido muy solo, y muy difícil a veces, y pasar por esa situación con mi madre...”. Comienza a llorar. “Es por eso por lo que llevo un pañuelo en el cuello”, bromea. “Pero ese es el asunto: tuve que visitarla, luego volver a casa y estar sola y procesar mi vida con ella. La vida es una locura, pero es increíble”, continúa. “Qué sorprendente es ver a alguien volar. Es mágico. Es lo más íntimo. Es como un poema, y no conoces la última línea hasta que llegas ahí. Pero llegas”.

 

 

pressreader MAGZTER