octubre 23, 2020

La reina de los dragones lo confiesa todo

Los detalles de cómo ‘Game of Thrones’ convirtió a Emilia Clarke en una guerrera en la vida real.

EXTRAÍDO DE RS171, AGOSTO 2017

Una tarde de lunes la reina se encontraba tomando té. “¿Podría ser más inglesa aún y pedirte un Earl Grey?”, pregunta Emilia Clarke, cómodamente sentada en un sofá de piel en su hotel de Manhattan. El joven y amable mesero asiente, no deja ver si es consciente de estar en presencia de Khaleesi, la Madre de Dragones y la legítima heredera de los Siete Reinos. Después de seis temporadas de la serie de HBO, Game of Thrones –el fenómeno cultural que ha llegado a más de 170 países, inspirado cientos de tatuajes y nombres de bebés, además de probar que es por mucho el programa más popular del canal con una séptima temporada recién estrenada– es muy probable que lo sepa. Clarke sonríe y recoge los pies. “Soy de lo más incómoda cuando me reconocen”, confiesa. “La gente me dice: ‘¡Hola!’ Y yo sólo grito: ‘¡Dios, hola! Lo siento’”.

La primera vez que conocí a Emilia fue en 2013, la actriz tenía 26 años y era aún relativamente desconocida sin su peluca rubia. En esos momentos tampoco parecía tener nada en común con su personaje, la mágica reina/guerrera. Por esas fechas permanecía en estado de shock, sin creer que había conseguido el trabajo, siendo éste su tercer rol en el mundo de la actuación. “Estoy dolorosamente consciente de qué tan rápido puede desaparecer todo esto”, comentó la vez que nos vimos en un camerino de Broadway, cuando ensayaba para su papel de Holly Golightly en Breakfast at Tiffany’s.

Cuatro años más tarde, Clarke ha mantenido sus características distintivas intactas: un humor seco y burlón y una increíblemente buena voluntad, por decir algunas. Claramente ahora estamos en otro terreno. Incluso con el pelo recogido, sin mucho esfuerzo y portando jeans desgastados, proyecta una luminosidad que hipnotiza, que brilla, atrayendo la atención del lugar sin intentarlo. En otras palabras, ha tomado el control de la habitación en una forma digna de Khaleesi. Ha logrado, por casi toda su vida adulta, encarnar a uno de los personajes femeninos más dominantes de nuestra cultura, mientras fuera de la pantalla explica sus escenas de desnudo con términos feministas.

Ya cumplió los 30 [a lo que dice: “Estaba a punto de entrar en pánico”] y sus incursiones en la pantalla grande no han sido pocas, incluyendo su actuación al lado de Arnold Schwarzenegger en Terminator Génesis. Como el resto de nosotros, vivió el brexit y el ascenso de Trump, o en sus palabras: “2016 fue el maldito año en el que toda la mierda sucedió”. Los tiempos han cambiado desde que saltó a la fama, para bien o para mal.

“No puedes esperar que todos dejen de trabajar y marchen cada día de sus vidas”, opina del volátil ambiente político. “Pero tenemos que estar aquí hasta que termine”. Para Clarke “aquí” significa no estar de acuerdo con todo lo que sucede a su alrededor, una realización que creció y se amplificó en “una era post brexit en la que no puedes creer que lo que tú ves sea tan diferente a lo que ve tu vecino”. Para ella esto se refleja en la poca participación de mujeres en el set, o el hecho de que los personajes femeninos tengan menos líneas que los masculinos, incluso si actúan como el personaje principal. Simplemente saber que las actrices deben de llegar al llamado horas antes que los hombres para maquillaje y peinado. “Me siento sumamente ingenua al decirte eso, pero es como enfrentarte al racismo todos los días. Sabes que existe, pero un día lo notas y piensas: ‘¡Está en todos lados!’, como si de repente despertaras y dijeras: ‘Espera un segundo, ¿me estás tratando diferente porque tengo un par de senos? ¿En realidad está sucediendo esto?’. Me tomó mucho tiempo darme cuenta de que sí me tratan diferente. Miro hacia los lados y así es mi vida”.

Reconoce, sin embargo, que es una postura complicada al ser una mujer que se ha beneficiado de su par de senos. Fue la Mujer Más Sexy del Mundo para Esquire en 2015 (“Mi mamá los sobornó”) y su papel en la saga ha tenido momentos cumbre en los que aparece desnuda. “Eso no significa que no puedo ser feminista. Sí traigo rímel puesto, pero también tengo un IQ alto, así que sí, esas dos cosas pueden pertenecer a una misma persona”.

Pero la complejidad de haber ganado la credibilidad del empoderamiento femenino a través de dichos canales explica porqué está tan feliz con la evolución de su personaje, una mujer que literalmente resucitó de las cenizas y ahora se perfila para ganar el juego de tronos.

A través de la historia, Clarke me recuerda: “Las mujeres han sido excelentes gobernantes. Y actuar en algo similar me hace sentir sumamente afortunada. Cualquiera que piense que esto no es necesario, necesita observar el ambiente político en el que vivimos para poder decir: ‘Okay, sí es necesario’”. Todo esto muestra como Clarke ha aceptado el poder de su personaje en una forma en la que no hubiera sido posible cuando la serie salió al aire, cuando sus raíces de Oxfordshire eran frescas en ella.

Clarke creció a una hora de las afueras de Londres, en el campo inglés de pasteles de carne y criaturas bovinas. “Crecí con un riachuelo en el jardín y con verde por todos lados”, asevera.

“Solíamos salir a recolectar hongos y había patos. Era idílico en todo el sentido de la palabra”.

Siguió a su hermano mayor a St.Edward’s, un internado de paga en Oxford, en donde la hija de un ingeniero en sonido [que empezó como staff en giras de músicos] y de una presidenta de marketing, fue separada de sus raíces. “Era una escuela lujosa y nosotros no éramos tan lujosos”. Fue aquella niña a la que le encantaba el arte en una escuela que no era tan artística. “La gente era buena para el hockey y querían ser abogados. Yo sólo quería ser amiga de todos. Era doloroso, ver todo desde a fuera, tratar de entrar y decir: ‘Ustedes parecen divertidos, ¿puedo acompañarlos?’”.

Después de graduarse aplicó para entrar a la Real Academia de Arte Dramático, a la Escuela de Música y Artes Dramáticas de Londres y a Guildhall, un trío perfecto de instituciones británicas de las que fue rechazada. Comenzó a trabajar como mesera, ahorró dinero y se fue a viajar al sureste de Asia e India, regresó lista para volver a aplicar a cientos de escuelas y sólo fue aceptada al Drama Centre de Londres por pura suerte. Recibió una llamada en la que le dijeron: “Una chica se rompió la pierna, el lugar está libre si lo quieres”.

La escuela de actuación fue otro lugar en dónde aprendió muy bien cuál era su lugar. Nunca fue la favorita, nunca fue la elegida. Sólo obtenía papeles de señoras viejas o de prostitutas. “Nos destruyeron, pero para ser sinceros si eres el favorito en la escuela cuando sales no sabes qué te espera afuera realmente. En cambio cuando no has tenido esa aprobación, sabes que tienes que trabajar más duro que nunca, que debes de hacer lo que sea”. Se dio a sí misma un año para tener su oportunidad en la industria. Casi a punto de cumplirse la fecha límite, sin mucho dinero y tratando de encontrar otro plan de vida, Clarke –apenas llegando al 1.60 mts. y castaña– recibió una llamada de uno de sus agentes para audicionar e interpretar a la alta y rubia Daenerys Targaryen. Confió en Google y consultó las novelas de George R.R. Martin y más tarde se reunió con los ejecutivos de HBO.

En la audición logró expandir el rango que el canal estaba buscando: Clarke poseía la vulnerabilidad de quien nunca había sido la favorita, pero también la fuerza de una mujer joven que había crecido al lado de una madre que había trabajado duro para conseguir una carrera profesional. “Fui muy afortunada de crecer con una madre que enseñaba con el ejemplo. En mi familia le poníamos mucho más atención a expandir tu mente que a encoger tu trasero”.

Una de las razones por las que fue aún más difícil para Emilia superar el 2016 y la mierda que dejó detrás: el 10 de julio del año pasado su padre falleció a causa de cáncer –su carrera detrás de la escena inspiró la de Clarke. La actriz se encontraba filmando una película en Kentucky, por lo que no pudo regresar a casa para estar con él en sus últimos días. Cuando el panorama se oscureció, terminó la cinta antes de tiempo y corrió a casa, sólo para llegar al aeropuerto de Londres y darse cuenta que acababa de fallecer. “Definitivamente creo que aún experimento etapas de shock. No hay manera de medirlo, hay muchos libros sobre el duelo pero en realidad nada puede guiarte. Es imposible pensar: ‘Es martes y estás aquí y para el jueves estarás por acá’”.

Tres semanas después de la muerte de su padre, Clarke comenzó a grabar la séptima temporada de Game of Thrones. Unas semanas antes sucedió elbrexit. “El mundo parecía un lugar mucho más aterrador una vez que mi padre ya no estuvo en él. El que esas dos cosas sucedieran me hicieron parar un poco y reevaluar quién soy. Y fue en dicha introspección en la que descubrí que soy una mujer y no hay muchas de nosotras trabajando en el mismo ambiente que yo. Debo de estar increíblemente segura del suelo bajo mis pies y necesito asumir las decisiones que tomo”.

Eso incluiría la manera en la que se comportaba en el set. El acercamiento de Clarke al mundo generalmente es de profunda ligereza. “Cuando pasas la mayoría de tu día discutiendo sobre las políticas de King’s Landing, es muy importante no olvidar hacer tu baile de pingüino entre tomas”, describe Peter Dinklage sobre la capacidad de la actriz de bromear en el set.

Durante el curso del show, la propia vulnerabilidad de Clarke se ha encogido mientras el poder de Khaleesi se expande. “No puedes ser la Madre de Dragones sin algún cambio o dos. Tener la oportunidad de entender y empatar con el tipo de mujer que puede conquistar ejércitos enteros y derribar sociedades, me permite, a mí como actriz, ocupar digna y firme sus zapatos”. Esto le ayudaba en el set cuando se acordaba de su padre y de pronto “no podía respirar”, asegura. “Subestimas la enormidad de la situación. No tenía idea de que era posible sentir todo esto”. Cuando eso sucedía, recobrara su fuerza y trataba de encaminar dichos sentimientos a su trabajo. “Pensaba: ‘No voy a dejarlos verme llorar’”. En lugar de eso se ausentaba unos minutos y regresaba enfundada en Khaleesi.

Para Clarke, la historia de Khaleesi está a punto de llegar a su final. El próximo año el último episodio de Game of Thrones saldrá al aire y el rol que ha estado personificando por casi una década, aquel papel que “me salvó de tantas maneras, que me impulsó” se dará por concluido. “Definitivamente mi identidad se verá afectada”, opina de lo inevitable. “Y creo que sólo podré entender estos últimos siete años cuando paremos”. Promete que los siguientes episodios de la historia no decepcionarán a nadie. “Alerta de spoilers: usualmente no paso mucho tiempo en Belfast, pero esta temporada pasee un poco más de días ahí”, asegura, ofreciendo una pista para los obsesivos de la serie. “Es una temporada increíble, se atan cabos sueltos y existen puntos álgidos en la trama que serán profundamente satisfactorios, habrá cosas que harán gritar a la audiencia: ‘¡Dios había olvidado eso!’. Rumores serán confirmados o desmentidos”. Pero la historia de Khaleesi crecerá hasta el final. “No dudo que existirán precuelas, secuelas y dios sabe qué más. Pero yo haré una más y eso será todo”.

Después de esa octava y última temporada, Clarke gozará de la libertad que no ha tenido desde los 23 años. Los rudos siete meses de cada año que pasó despertándose a las 3 am para llegar a peinado y maquillaje, los días de 18 horas en los que pretendía cabalgar sobre un dragón o liderar un ejército, o caminar desnuda a través del fuego, pronto serán suyos de nuevo.

Sólo pensarlo es tan abrumador como emocionante. “Me dan ganas de llorar de pensarlo. Es mi principio, mi medio y mi fin. Es definitivamente lo que más me ha cambiado como adulto”.

Sin embargo, la libertad aún no hace su aparición. Cuando regrese a Londres en unos cuantos días será para grabar la secuela de Han Solo en Star Wars, en dónde supuestamente interpreta otra mujer increíble. “Lo único que puedo decir es que ella es magnífica. Legítimamente es lo único que estoy autorizada a decirles. Hay un stormtrooper con una pistola y está a punto de entrar a esta sala”.

Después de Star Wars, el máximo reto de Clarke es crear un lugar que enmiende los errores de los que ha sido testigo: “Me encantaría empezar con una compañía de producción que estuviera repleta de lindas y graciosas mujeres. Dónde la vibra que se sienta sea: ‘Sí, tengo un par de tetas, ¿no son fabulosas? ¡Las tuyas también! Ya estás en el club'». Mientras tanto, ha estado trabajando en expandir su mente en lugar de encoger su trasero. “De pronto tengo esta feroz necesidad de aprender cosas. Escucho podcasts como maniaca –The New York Times, The Guardian, The Economist y Ted Talks– de verdad necesito la información. Quiero saber todo lo humanamente posible”, confiesa. Lo que significa que por todo lo que Khaleesi le ha dado a Emilia, Emilia está en proceso de reciprocarlo. “Khaleesi tiene algo extra este año, ¿sabes de qué hablo? Tiene algo nuevo que ofrecer”.

Mira estos momentos divertidos de Emilia Clarke:

En este articulo: Emilia Clarke
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