agosto 16, 2020

Elvis Presley, un texto de Robert Plant

La leyenda falleció un día como hoy.

EXTRAÍDO DE RS74, DICIEMBRE 2008

Existe una diferencia entre la gente que canta y aquélla que lleva esa voz a un lugar de otro mundo, los que crean una euforia dentro de sí mismos: es una transfiguración. Sé de lo que hablo. Y, habiendo conocido a Elvis, puedo decir que era un transformador.

La primera canción que escuché de Elvis fue “Hound Dog”. No tenía el conocimiento que tengo ahora, ni sobre la versión de Big Mama Thornton, ni de dónde venía todo ese swing. Sólo escuché su voz, totalmente centrada en su sitio. La voz sonaba confiada, insinuante, tenía esos geniales gritos y luego esas bajadas, esos sostenidos que descienden en picada como un ave de rapiña. Yo asimilé todo eso, y puede escucharse en Led Zeppelin.

Cortesía Sony BMG.

Cuando los Zeppelin conocimos a Elvis, después de uno de sus conciertos a principios de los años setenta, me di cuenta de que no era tan alto como yo, pero tenía complexión de cantante. Tenía buen pecho, resonante. Y estaba iluminado. “Anyway You Want Me” es una de las interpretaciones vocales más emocionantes que he escuchado en mi vida. Puedo estudiar el Sun Sessions como un hombre de mediana edad que mira atrás a la carrera de un tipo y dice “¡Wow!, vaya manera de empezar”. Me gustaba lo moderno de las cosas de RCA. “I Need Your Love Tonight” y “A Big Hunk O’Love” eran muy potentes. Esas sesiones sonaban como el mejor lugar para estar en el mundo.

En aquel encuentro, Jimmy Page se rió con Elvis contándole que nosotros nunca hacíamos pruebas de sonido, pero que si las hiciéramos cantaríamos canciones suyas. A Elvis le pareció divertido, y me preguntó: “¿Qué canciones cantas?” Yo le dije que me gustaban ésas que contenían todos los estados de ánimo, como la gran canción country “Love Me” –“Treat me like a fool/ treat me mean and cruel/ but love me”–. Así que, tras unos luminosos y divertidos 90 minutos con el tipo, cuando nos estábamos marchando por el pasillo, se asomó al filo de la puerta, con pinta de estar muy satisfecho consigo mismo, y empezó a cantar esa canción: “Treat me like a fool…”. Me regresé y lo imité. Nos quedamos ahí, cantándonos el uno al otro.

En ese entonces, por todo lo que tenía alrededor, le resultaba muy difícil extenderse con más compositores contemporáneos. Cuando murió, tenía 42 años. Yo tengo 18 años más que esa edad ahora, pero él no tenía amistades nuevas a las que recurrir: sus viejos colegas no le iban a traer el nuevo gospel. Sé que él quería dar más. Pero lo que logró fue conseguir que yo, como cantante, pudiera ser de otro mundo.

Escucha la edición de aniversario de ’68 Comeback Special:

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