Una de las características más interesantes de Canadá que lo convierten en una oferta turística especial, es sin duda su diversidad. Sus principales ciudades son totalmente diferentes, cada una posee atributos y cultura propia como si se tratase de diferentes países. Sin embargo, comparten virtudes como la amabilidad, orden, organización, limpieza y alegría. 

Montreal, perteneciente a la provincia de Quebec es la más “francesa” de las tres grandes ciudades, no solamente por la predominancia del idioma, basta recorrer sus calles para darnos cuenta de la mezcla de culturas británica y francesa que se plasma en toda su arquitectura y marcadamente en su oferta gastronómica. 

Montreal, ciudad que toma su nombre de la montaña que se ubica en su parte central llamada Mount Royal (Montaña Real), tiene una importante cantidad de iglesias. La religión católica cristiana predomina y hermosas construcciones son parte del paisaje cotidiano. 

Mención especial merece sin duda la espectacular Basílica de Notre-Dame, que forma parte de la Place D’Armes ubicada en el distrito de Ville Marie en pleno corazón de la ciudad, una impresionante construcción de estilo neogótico que sin duda es emblema y referente de la ciudad. Contiene tallas de madera, pinturas, vitrales, esculturas y una importante colección de arte sacro del siglo XVII al siglo XX. Hay que hacer fila para ingresar, aún cuando simplemente seas un devoto feligrés que acuda a rezar. Actualmente, se presenta un espectáculo de luz y sonido llamado Aura que es verdaderamente alucinante, aunque pudiera parecer hasta sacrílego hacer algo así, es todo lo contrario, la magnificencia del lugar se exacerba con estos elementos, haciéndolo aún más impactante. El show tiene lista de espera, así que reserva tus entradas con anticipación a tu viaje.