La verdad es que tengo todo: cabeza, manos, piernas y el resto del cuerpo. Lo que ocurre es que soy invisible. Es un fastidio, pero no lo puedo remediar” -El hombre invisible (1987).

Detrás de cada película clásica de horror, hay un mani esto sobre la conducta humana en sociedad. Por lo menos esto lo descubrimos en las tradicionales producciones estelarizadas por monstruos que permearon en Hollywood a partir de los años veinte y hasta los cincuenta del siglo pasado. Fue el mítico Claude Rains quien interpretó a este personaje estelar de la novela de H.G. Wells en una versión de 1933 dirigida por James Whale. Posteriormente, esa misma anécdota ha sido reinterpretada de forma desigual en épocas distintas.

Originalmente, Johnny Depp protagonizaría el más reciente tratamiento como parte del Dark Universe que Universal Pictures pretendía construir a partir del lanzamiento de La Momia con Tom Cruise. Los resultados de dicha costosa producción no fueron los esperados, por lo que el estudio decidió cancelar los planes del proyecto a pesar de tener pactados a primeros actores en roles estelares como Russell Crowe, Javier Bardem y Depp, quien daría vida a El hombre invisible.

Es aquí donde interviene la casa productora Blumhouse, la cual tiene un contrato de producción con Universal y cuyos ejecutivos encontraron en la anécdota un vehículo sugerente para la audiencia de hoy en día.

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“Fui una niña muy precoz. De muy pequeña me las ingenié para ver las películas clásicas de horror, ya sabes, desde Frankenstein hasta El hombre lobo, pasando por Drácula. Después vi las que correspondían a mi época, como Poltergeist. Y más adelante, ya como adolescente, todas las de Scream. Siempre he sentido una fascinación por este género”, expresa Elisabeth Moss, quien personifica a Cecilia Kass en esta historia.