Mayo 20, 2019

El último capítulo de 'Game of Thrones' de cerca: El final

Analizamos el episodio final de la serie y por qué se siente como si el show hubiera traicionado de alguna manera a los libros.

POR Alan Sepinwall

Muchas cosas pasan en cada episodio de Game of Thrones. Así que cada semana, profundizando en una escena memorable en particular. Se presentarán muchos spoilers del último capítulo de la serie, "The Iron Throne", a continuación.

 

"¿Qué une a la gente? ¿Los ejércitos? ¿El oro? ¿Los estandartes?", pregunta Tyrion Lannister a la elite que ha sobrevivido de Westeros en el capítulo final de Game of Thrones. Hace una pausa después de sugerir las respuestas incorrectas antes de decir la que él cree que es la correcta: "Las historias", continúa. "No hay nada en el mundo más poderoso que una buena historia. Nada puede detenerla. Ningún enemigo puede derrotarla".

 

 

Resumen del final de Game of Thrones: Cenizas a las cenizas 

 

 

El monólogo de Tyrion fue el momento más importante de "The Iron Throne". No sólo decidió el futuro de los Siete Reinos —que se convirtieron en Seis después de que Sansa insistió en que el norte fuera independiente— sino que permitió a los creadores de GoT, David Benioff y D.B. Weiss, declarar que era lo que la exitosa serie valoraba por encima de todas las cosas: las buenas historias.

 

Tiene sentido, George R.R. Martin no sólo entregó a Benioff y Weiss una historia extensa y complicada, sino que la propia serie fue definida durante mucho tiempo por su amor por la narración. Es fácil ahora, particularmente cuando consideramos las últimas temporadas, el concentrarnos en todo el espectáculo de la Madre de Dragones, Rompedora de Cadenas, la personificación de los cambios inmerecidos en los personajes. Pero gran parte de este fenómeno global consistía en que dos personas intercambiaran cuentos sobre los buenos o los malos viejos tiempos en una habitación, o de cómo no distinguían la diferencia. Mucho de esto tuvo que ver con que un monólogo era más barato de filmar que una masacre. Pero siempre existió la sensación de que la lengua, o la pluma, eran de alguna manera más poderosas que las muchas espadas que vimos a lo largo de los años. El reino estaba ligado tanto por los recuerdos como por el poder. Los luchadores más débiles como Tyrion y Sam sobrevivieron e incluso prosperaron al final simplemente porque conocían todas las historias antiguas. (Sam termina con una posición en el consejo esencialmente porque es el primer hombre en generaciones que se molesta en usar una biblioteca).

 

La importancia de las historias para el show se manifiesta en el final, más allá de que Tyrion haya elegido al próximo líder de Westeros en función de quién tiene la mejor historia. (Hablaremos más sobre esto en un momento). Ser Brienne de Tarth, recientemente promovida para dirigir la Guardia Real, revisa el libro sobre sus predecesores y descubre que el capítulo dedicado a Jaime es brevísimo y burlón. Con un manejo cuidadoso de su pluma, ella lo convierte en un largo y amoroso homenaje al hombre que ella consideraba un héroe a pesar de sus muchos detractores. Y a Bronn (ahora Consejero de la Moneda) le divierte ver a Tyrion (quien es de nuevo la Mano del Rey) descubrir que ha sido omitido por completo en la historia de los eventos de la serie que comparte su título con los libros de Martin. Dependiendo de quién cuente la historia, cualquier hombre puede ser un héroe, un villano o nadie en absoluto.

 

 

 

 

Pero, ¿fue la serie que tanto amaba las buenas historias una buena historia en sí misma?

 

Comencemos por el final, lo que algunos dirían que es el elemento más importante de cualquier historia. Y en ese aspecto, Game of Thrones definitivamente decepcionó. "El Trono de Hierro" significó una mejoría comparado con algunas de las otras entregas de esta temporada final, en el sentido de que siempre se pudo ver lo que estaba sucediendo (incluso ver las caras de los personajes principales, así como cosas importantes que estaban ocurriendo), y porque las cosas terminaron bien para los personajes más agradables que sobrevivieron. (¡Sansa se convirtió en una reina, ¡aunque no en la reina! ¡Arya es una exploradora! ¡Bronn consiguió su castillo! ¡Ghost finalmente recibió ese abrazo de Jon!). No veíamos a Peter Dinklage tan comprometido con su personaje desde la detención y el juicio de Tyrion en la cuarta temporada. Pero esta última temporada en general fue en gran parte un desorden. Esa tendencia continuó a lo largo de este episodio, que estuvo lleno de extrañas decisiones narrativas y estilísticas:

 

— Benioff y Weiss, en su primer episodio como codirectores (cada uno tenía a su nombre una entrega anterior), se enamoraron de la idea de ver personas caminar durante largos períodos de tiempo. Era como si quisieran comprimir la sensación de viaje de las temporadas anteriores en un solo episodio de 85 minutos.

 

— La primera vez que Dany y Jon comparten una escena en último capítulo, ella lo mira como si fuera algo irritante que ella necesita quitar de su zapato. La próxima vez, ella está con la guardia baja y sin vigilancia, física y emocionalmente, mientras sonríe y lo invita a disfrutar del sexo y la quema de inocentes. Es un giro que tiene aún menos sentido que su cambio genocida en "The Bells" de la semana pasada, y existe sólo para permitirle matarla y poner en marcha la última maniobra de la serie. 

 

 

 

   

— Antes de este episodio, Drogon parecía capaz de tener sólo dos pensamientos: "¡Tengo hambre!" y "¡quemaré a quien mi querida reina me diga que queme!", sin embargo, cuando se encuentra con la Madre de Dragones muerta a manos de su sobrino, Drogon opta por quemar… el Trono de Hierro. ¿Por qué? ¿Acaso él (como me sugirió anoche mi amigo Dan Fienberg) ve la daga que sobresale del torso de Dany y asume que el puntiagudo trono de alguna manera la mató y decide vengarla? ¿O es el dragón capaz de tener un pensamiento más profundo? Tal vez algo como: "¡Esa silla representa todos los peligros de una monarquía patrilineal, cuya búsqueda reclamó el alma antes buena de mi gran reina y madre, y por lo tanto debo derretirla para protestar su papel en su prematura muerte!". Un momento tan importante —uno que concluye con el debate de "¿Quién se sentará en el Trono de Hierro?" para siempre— exige una mayor comprensión del estado de ánimo y los pensamientos del lagarto volador mágico de la que los creadores de Game of Thrones parecían estar interesados en proporcionar.

 

— ¿Por qué diablos Tyrion Lannister puede elegir al nuevo rey? Como él señala, es odiado por todos, y en particular por Grey Worm. Sin embargo, por la razón que sea —aparte de ser interpretado por la estrella del programa que más premios Emmy ha ganado— se le permite seguir hablando y hablando y decidiendo el futuro de todos y de todo el lugar.

 

 

Los creadores de Game of Thrones hablan sobre el final de la serie y las hermanas Stark

 

 

Sin embargo, lo más importante es el tema de la decisión de Tyrion. No sólo defiende las historias como la métrica adecuada para determinar al líder, sino que también pregunta: "¿Quién tiene una historia mejor que Bran, el Roto?" Si miras alrededor de ese conjunto de personajes, Bran ciertamente no tiene la peor historia. (Ese sería el prisionero perpetuo, el tío Edmure, a quien Sansa le dice con razón y de manera divertida que se siente y se calle.) Él, como dice Tyrion, pasó por una transformación significativa de un chico lisiado al Cuervo de Tres Ojos. Eso no está nada mal. Pero si miras a un lado de él, ves a Sansa Stark, que pasó de ser una niña pequeña y mimada a una rehén aterrorizada, una fugitiva, una víctima, hasta llegar a ser una líder sabia y respetada que había absorbido las mejores cualidades de muchos hombres y mujeres poderosos con los que creció. Y si miras a su otro lado, ves a Arya Stark, quien comenzó como una niña pequeña y descuidada que se convirtió, en diferentes momentos, en un niño, en una prisionera, en una aprendiz de The Hound, en una mendiga ciega y en un hombre sin rostro. ¡Ah, sí! y ELLA TAMBIÉN SALVÓ A TODO EL MUNDO. 

 

Para ser justos, Tyrion continúa señalando que Bran también tiene la mayoría de las historias, ya que es él quien almacena todos los recuerdos del mundo. Pero lo que está tratando de discutir hasta entonces no se trata de quién tiene más, sino quién tiene las mejores historias. Y en el gran esquema de la serie, Bran no es califica. A veces era tan extraño a la historia que podía estar ausente de una temporada completa sin que se le extrañara. Incluso su papel en la guerra contra Night King —una guerra que resultó ser tan poco importante para el final como la historia de los verdaderos padres de Jon— fue simplemente ser utilizado como carnada mientras que Arya en realidad detuvo al tipo. Bran emprendió este largo viaje geográfico y de poder, pero era un personaje para el que simplemente sucedían las cosas, mientras que muchos de los otros personajes de la serie tomaban decisiones basadas en lo que les sucedía.

 

Arya nunca pareció ser del tipo de persona que querría el trabajo. Pero pasamos todas las temporadas escuchando lo mismo de Jon, incluso cuando Varys y otros insistieron en que él sería un buen gobernante. Y la propia falta de interés de Bran se sostuvo como otra razón más para otorgarle el trono. Pero es una elección muy extraña y decepcionante para la historia de Game of Thrones, ya sea que haya sido tomada por los creadores de la serie o por Martin. Si el programa hubiera terminado con una de las hermanas Stark en el trono, ya sea la que deseaba el trabajo o la que no, habría sido satisfactorio, tanto como la culminación de un arco de personajes que hemos estado observando durante una década, como la suma de las formas que Martin había utilizado para cambiar totalmente las reglas de la narrativa. Demonios, incluso terminarlo con Sam en la nueva silla (ya sea como rey o intentando crear un gobierno democrático) se hubiera sentido como algo más merecido en función de lo lejos que ha llegado y de cuánto tiempo hemos invertido en él. Darle la corona a Bran es como darle el título del jugador más valioso del Super Bowl al que menos participación tuvo en la temporada.

 

 

 

 

Pero, ¿el hecho de tropezar en el final invalida la destreza narrativa de Game of Thrones en general? Los finales son difíciles, como las dos últimas décadas de la televisión nos han recordado una y otra vez. Dexter se convirtió en un leñador. How I Met Your Mother mató a la madre. Muchos espectadores todavía están furiosos por lo que le pasó a Tony Soprano, lo que resultaron ser los ángeles en Battlestar Galactica y la mayoría de lo que sucedió en la temporada final de Lost. Incluso las conclusiones que proporcionan un cierre amplio y se mantienen en gran medida fieles a la historia hasta ese punto pueden resultar divisivos (Estoy hablando de ti, Breaking Bad). El destino final es importante, pero ¿no es el verdadero Game of Thrones todos los amigos que conocimos en el camino y por los que algunas veces lloramos?

 

Si nos centramos en el viaje, en lugar del destino decepcionante al que nos llevaron, la pregunta de qué tan bien contó GoT su historia se vuelve aún más complicada. Fue una serie capaz de crear grandes e inolvidables momentos: ¡Cersei bombardeando el septo de Baelor! ¡Jaime convirtiendo a Brienne en caballero! ¡La decapitación de Ned! Su expansión narrativa fue extraordinaria, con sólo unos pocos rincones narrativos aislados (Dorne, la Hermandad sin Estandartes y ciertas paradas en los viajes de Dany a través de Essos) que estuvieron llenos en gran parte de personas aburridas. La capacidad de Benioff y Weiss de hacer que todo se sintiera como si fuera parte de sus logros fue posiblemente su mayor logro. Había personajes coloridos casi en todas partes hacia donde vieras, y muchos de los más atractivos se quedaron hasta la temporada final. (Aunque nos lamentamos por las joyas que perdimos en el camino como Joffrey, Tywin y Olenna Tyrell, mientras Jon Snow tenía la personalidad de un pedazo de madera). No es difícil entender cómo el serial se convirtió en un fenómeno global. Tenía un alcance épico. Tenía un nivel técnico cada vez más impresionante a medida que pasaban los años. No hicieron falta figuras fascinantes para apoyar u odiar. Y cada vez que una trama secundaria en particular parecía moverse en círculos, Dany les ordenaba a sus dragones quemar cosas, o los Lannisters le enviaban sus saludos a los Stark de manera violenta, y todo era emocionante en este mundo de fantasía de nuevo.

 

 

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Incluso antes de que la narración de Benioff y Weiss se volviera apresurada y descuidada en las últimas dos temporadas, su trabajo a menudo parecía menos que la suma de sus muchas partes sorprendentes. Esa abundancia de riquezas podría ser una espada de acero valyrio de doble filo, porque la serie a menudo estaba demasiado ocupada moviéndose de una subtrama intrigante a otra o juntando personajes para dar a cualquiera de ellos el peso dramático que merecían. (Los mejores episodios, como "Blackwater", "The Winds of Winter" o "A Knight of the Seven Kingdoms", tendían a concentrar a muchos personajes notables en el mismo escenario). A veces, el ingenio técnico del programa estaba perfectamente alineado con los personajes, como la forma en que el asalto de los White Walkers en "Hardhome" se desarrolló como un miniarco brutalmente eficiente para Karsi, la madre salvaje. En otros casos, los impresionantes efectos visuales podrían sentirse vacíos, como el cambio de Dany a la monstruosidad en "The Bells". 

 

Pero también existía la ineludible sensación de que la profundidad de Game of Thrones nunca dio el ancho. No sólo se ofrecían placeres superficiales, sino que a menudo se sentía como si los actores aportaran más complejidad que lo que exigía el guion. Una vez tuve un debate con un conocido productor de televisión al que no le gustaba Mad Men y me pidió que explicara de qué se trataba y qué tenía realmente que decir sobre esos temas. Argumenté que Mad Men tenía mucho que decir sobre muchas cosas (masculinidad y feminismo, por nombrar sólo dos), pero esa pregunta puntual: "¿De qué se trata?", Se me ocurrió a menudo durante estas ocho temporadas de GoT. Se trataba del poder y de las complejidades morales de manejar el poder. (Cómo, por ejemplo, un oligarca cruel como Tywin Lannister podría ser un gobernante de Westeros más efectivo que un hombre honorable y amable como Ned Stark). Y se trataba también, a veces, sobre las formas en que las personas marginadas, ya sean mujeres como Sansa o los "lisiados, bastardos y las cosas rotas" sobre los que a Tyrion le gustaba hablar poéticamente, merecían más crédito y un mejor asiento en la mesa que el que la sociedad quería darles.

 

Pero fue sólo sobre esos temas y algunos otros en la medida en que no interfirieran en el ¿Qué pasa después? de todo.

 

Antes de que comenzara el show, un amigo que había leído las novelas de Martin sugirió que intentaron hacer con la fantasía lo que The Wire había hecho con los dramas policíacos. Sin embargo, gran parte de esa textura temática que había estado presente en los libros, rara vez apareció los domingos por la noche en HBO.

 

No hay nada de malo en centrarse ante todo en una narrativa implacable y emocionante. Thrones operaba en un nivel de ambición que no parecía posible para la televisión, y por lo general lo hizo de forma aplastante. Pero cuando ese es el objetivo por encima de todo lo demás, eso pone un peso exponencialmente mayor en lo que pasará después para que se considere excelente. Puede ser increíblemente satisfactorio cuando vemos a Brienne descubrir la naturaleza buena de Jaime o a Sansa aprender a manipular a Littlefinger. Sin embargo, también puede ser terriblemente dañino cuando no hay mucho debajo de la superficie, como cuando Ramsey Snow mutila y tortura emocionalmente a Theon Greyjoy por la mayor parte de la temporada; o el hecho de que la transformación de Dany en una villana se haya sentido apresurado porque Benioff y Weiss querían hacer temporadas más cortas al final. Eso aplica al doble con en el final de la serie: los agujeros de la trama son terriblemente grandes porque la trama es casi todo lo que tenemos en esta etapa del programa.  

 

Hay más en la historia de cualquiera —ya sea la de Bran, Sansa, Tyrion o Hot Pie— de lo que les sucede. Está el cómo responden en el momento, cómo los cambia para el futuro y qué significa en el contexto más amplio del mundo en el que viven. Y hay muchos niveles diferentes en los que se puede contar la historia de una fantasía épica televisiva. En algunos de esos niveles, Game of Thrones fue un éxito asombroso que elevó por siempre el nivel de lo que se puede hacer en este medio. En otros, se quedó tremendamente corto. 

 

No hay nada en el mundo más poderoso que una buena historia. Nada puede detenerla. Ningún enemigo puede derrotarla. Que tan buena historia consideres que fue Game of Thrones depende de lo que valores en las historias. Pero por más entretenido que pueda ser el programa, es probable que Bran tenga más derecho a ocupar lo que sea que reemplace al Trono de Hierro del que tiene GoT de ser considerado uno de los mejores dramas en la historia de la televisión.

 

 

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