enero 14, 2021

El factor Grohl

Celebramos 52 años del exbaterista de Nirvana y líder de Foo Fighters.

“Lo que me lleva a no parar es el deseo de seguir moviéndome, el deseo de seguir viviendo. Una gran parte de mi vida es sobrevivir, y así ha sido por un tiempo. He visto a muchos de mis amigos no sobrevivir, y eso me hace apreciar la vida cuando veo lo frágil que es y lo rápido que puede irse todo. Todos los días despierto y pienso en todo lo que quiero hacer, y eso me da algo que esperar. Así siento que he hecho algo de mi vida, porque no tenemos mucho tiempo. Además, soy muy afortunado porque estoy rodeado de gente que se siente igual”, nos cuenta Dave Grohl en una entrevista exclusiva.

El líder de Foo Fighters no puede quedarse quieto. Ya sea compitiendo en una batalla de batería contra una niña de diez años, celebrando 25 años de trayectoria de su banda, grabando una serie de cóvers de Janucá (sin ser judío) junto a su amigo y productor Greg Kurstin o lanzando Medicine at Midnight, el exbaterista de Nirvana llega a sus 52 años de edad manteniéndose como una fuerza de la naturaleza que desborda creatividad.

«Siempre supe que se dedicaría a hacer música, desde muy temprano me di cuenta que se dedicaría a entretener a la gente. Tengo el sentimiento de que algunos lo llevan en la sangre», cuenta su madre Virginia Grohl (quien siendo maestra le permitió a su hijo salir de la secundaria para ir de gira con una de sus primeras bandas). Dave Grohl empezó a tocar música a los 9 años y después de eso no le importaron muchas cosas más. A los 13 años, visitando Illinois, su prima Tracy lo llevó a su primer concierto de punk, Naked Raygun en The Cubby Bear. Ese día un joven Dave Grohl encontró lo que quería hacer en la vida.

Muchos años (y mucho éxito) después, seguido de la muerte de Kurt Cobain, Grohl no podía pensar en música sin sentir dolor, no podía tocar la batería porque todo le recordaba mucho a Nirvana. Sin embargo, después de un periodo de tiempo, la creatividad de Grohl tenía que encontrar una válvula de escape. Fue ahí cuando el músico rentó un estudio que quedaba cerca de su casa y grabó todos los instrumentos del que sería el primer álbum de Foo Fighters.

Ahora, después de 25 años de haber formado la banda, que empezó con él solo y ahora se conforma de tres guitarristas (Dave, Pat y Chris), un baterista fuera de serie (Taylor Hawkins), un bajista (Nate Mendel) y un tecladista (Rami Jaffee), Dave sigue buscando maneras de hacer cosas que nadie haya hecho. En Sonic Highways, la banda grabó los temas en varios estudios de distintas ciudades de Estados Unidos, como Chicago, Austin, Los Ángeles, Nashville, Nueva Orleans, Nueva York, Seattle y Washington. No sólo eso, Grohl grabó paralelamente un documental sobre la música de cada ciudad, con entrevistas a leyendas como Buddy Guy.

Cuando estaba grabando un disco con Them Crooked Vultures, uno de sus varios proyectos junto a Josh Homme de QOTSA y John Paul Jhones de Led Zeppelin, también estaba grabando un disco con Foo Fighters y siendo padre de familia. Los ocupados días llevaron a Dave a consumir cantidades peligrosas de café, lo que le causó dolores en el pecho.

Probablemente una de las historias que mejor muestran la manera de ser de Dave (ese «factor Grohl» del que estamos hablando), es ese famoso concierto en Suecia, en el que Foo Fighters estaba en el segundo tema de su set cuando Dave cayó inesperadamente del escenario y se rompió la pierna. Mientras los paramédicos se lo llevaron a un lado del escenario, Taylor Hawkins y los demás miembros de la banda siguieron tocando. A un lado, estaba Grohl pidiendo que lo dejaran volver, le dijeron que lo tenían que llevar al hospital, pero se negó. Grohl volvió a acabar el set en una silla con un doctor deteniendo su pierna durante todas las canciones.

Otra idea que había tenido Grohl, muestra de su imparable necesidad de hacer algo que nadie ha hecho, era rentar un recinto reconocido de Hollywood e invitar a un público a ver cómo la banda grababa un álbum. Construirían un estudio en el escenario y grabarían cada canción en frente de miles de personas. «¿No podemos ir a un estudio y grabar un disco como la gente normal?», decían sus compañeros de la agrupación, a lo que Grohl no hacía mucho caso. La idea fue descartada cuando la banda se enteró de que PJ Harvey había hecho algo similar en el periodo previo a la presentación.

En Wasting Light, la banda construyó un estudio en el garaje de la casa de los Grohl; en el documental Foo Fighters: Back and Forth, puedes ver cómo los miembros de la banda están grabando temas cuando llega la hija de Dave a prácticamente obligarlo a nadar un rato con ella.

Medicine at Midnight tampoco se grabó en un estudio tradicional, la banda rentó una escalofriante casa en Los Ángeles en donde grabaron las canciones. Al poco tiempo de estar ahí se empezaron a dar cuenta de que pasaban cosas extrañas. La banda grabó sus nueve canciones y se salió de ahí en el momento en que tuvo oportunidad.

La banda se prepara para lanzar su próximo material este 5 de febrero, y es ese factor Grohl lo que los mantiene más fuertes que nunca. Como lo hizo en el primer disco de Foo Fighters, y más recientemente en Play, Grohl se multiplica en la vida y siempre está planeando su próximo proyecto, ya sean documentales, álbumes, un negocio de comida BBQ, anécdotas de su vida escritas, giras y mucho más.

Dave Grohl no puede quedarse quieto, y esperemos que nunca lo haga.

Escucha «Waiting On A War», la nueva canción de Foo Fighters:

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