febrero 20, 2021

El chico perdido

Las raíces del dolor de Kurt Cobain –y de su genio– podrían ser rastreadas hasta su brutal niñez.

Kurt Donald Cobain nació el 20 de febrero de 1967 en un pequeño pueblo a las afueras de la remota ciudad de Aberdeen, Washington. Fue el primogénito de Donald, un mecánico, y Wendy, una ama de casa que después trabajó como secretaria. Después de tres años, el nacimiento de su hermana Kim completó la familia. Los primeros recuerdos de Kurt eran de profunda felicidad. Un niño curioso y lleno de energía, Kurt era el centro de atención –cantando, dibujando, haciendo pequeñas presentaciones para su familia. Y entonces, en el tiempo que precedió a su octavo cumpleaños, su mundo cambió dramáticamente. Su madre le pidió el divorcio a su padre, quien en vano protestó amargamente. Resentido y distante, Kurt vivió con su madre durante un año antes de mudarse con su padre.

“Cambió completamente después del divorcio”, dijo su madre a Rolling Stone en 1992. “Pienso que estaba avergonzado. Se volvió muy retraído, se guardaba todo. Se volvió muy tímido. Fue devastador para él”. 

Aunado al problema de su vida en casa, estaba el hecho de vivir en un parque de remolques en las entrañas de Aberdeen, una monótona comunidad alejada de la simpatía por los desadaptados o los artísticamente curiosos. Enfermizo, Cobain consumía Ritalín (medicamento parecido al speed) para contrarrestar su hiperactividad infantil. Tiempo después fue diagnosticado con bronquitis crónica y un caso leve de escoliosis. Sin embargo, su frágil complexión era opacada por su obstinada naturaleza. En una elegía durante el velorio de Kurt, su tío, Larry Smith, recordó cuando Cobain fue golpeado por un tipo de más de cien kilos. Cobain jamás se defendió, recordó Smith, sonriendo y pintándole dedo al atacante cada vez que lo azotaba contra el suelo. Poco después, el tipo se rindió y se fue. 

En 1979, la familia de Cobain se vio afectada por el suicidio del tío abuelo de Kurt. Cinco años después, otro de sus tíos se quitó la vida también. Es claro que la vida en la casa Cobain no era nada fácil. Cuando Donald Cobain volvió a casarse, en esa ocasión con una mujer que tenía un hijo y una hija, la ya desgastada relación de Kurt con su padre se comenzó a desintegrar por completo. Echado de la casa, Kurt se fue a vivir con sus tíos, pero después volvería a casa de su padre. Otra falla de comunicación hizo que Kurt empacara sus maletas de nuevo. Una y otra vez. Entre 1975 y 1984, Kurt vivió esporádicamente con su padre, así como con sus abuelos paternos y tres pares de tíos y tías. Finalmente persuadió a su madre de hacerle un espacio en su casa. Eso duró un año. 

Wendy Cobain también se volvió a casar, y agregar a un taciturno hijo a al ya tenso ambiente resultó ser demasiado. En una ocasión, tras descubrir que su esposo la engañaba, Wendy apuntó con un arma a su cabeza, amenazando con matarlo. Ambos hijos fueron testigos de su infructuoso intento por cortar cartucho. Llena de frustración, se marchó para perderse en la noche y tiró todas las armas de fuego de la casa en el río Wishkah. El siguiente día, tras pagarle a dos niños para sacarlas del río, Kurt las vendió. Usó el dinero para comprar su primer amplificador. Mientras tanto, el punk rock estaba en su mejor momento, y sonaba justo como Cobain se sentía entonces: Desesperado, furioso, crudo. Dejó la preparatoria, fue echado de casa de su madre y fue de sofá en sofá en casa de varios amigos, durmiendo también en el asiento trasero del auto de otros tantos amigos. Llegó un punto en que Cobain vivió, incluso, debajo de un puente. Habló con su amigo Krist Novoselic sobre formar una banda, y tras un par de años y uno o dos cambios de nombre (Fecal Matter, Skid Row), nació Nirvana.

La liberación literal y espiritual de Cobain llegó finalmente durante el otoño de 1987. Olympia y Aberdeen están a sólo 80 kilómetros, pero para Kurt Cobain eran polos tan opuestos como el cielo y el infierno. Hogar del Evergreen State College, la meca ultraliberal y artística del noroeste, Olympia fungió como el refugio psicológico de Cobain. Al mudarse a Olympia para vivir con su novia Tracy Marander, también descubrió –por primera vez en su vida– una comunidad que acogía y apreciaba sus talentos. Cayó bajo el hechizo de Calvin Johnson, líder de la banda Beat Happening y cabeza de K Records, el inocente sello low-fi cuyo logo pronto entintaría Cobain en su antebrazo. 

Sus días en Olympia, en retrospectiva, fueron el equivalente a la formación universitaria de Cobain, cambiándolo de por vida. Denominó ‘calvinistas’ a los amigos que seguían los consejos de Johnson, trabajó en collages y pinturas, además de comenzar a escribir y ensayar con Nirvana formalmente.

Para 1988, Nirvana ya había grabado un conjunto de demos y lanzado su primer sencillo, “Love Buzz” / “Big Cheese”, en Sub Pop Records, el sello al que se atribuye haber capturado el sonido de Seattle. En 1989, el disco debut de la banda, Bleach (grabado con 606.17 dólares), demostró que algo diferente estaba sucediendo. Era atemorizante y abrasivo, pero poseía una calidad que era extrañamente familiar, casi cómoda. La banda se fue de gira, reemplazó al baterista Chad Channing con Dave Grohl y se alistó para grabar una vez más. Y fue entonces cuando ocurrió. 

Nevermind fue lanzado en septiembre de 1991 con poca fanfarria, y aún menos expectativas. En unos meses se convirtió en el primer disco de punk-rock en llegar al número uno de las listas, vendiendo 10 millones de copias alrededor del mundo. Era producto de la violencia, el aislamiento y desahogarse en el momento preciso en que el dolor desaparecía. Más que el mensaje que contenía, era el método de Nevermind lo que capturaba perfectamente eso que el público moría por escuchar. Aullaba. 

Sin embargo, abajo del escenario Cobain era sorprendentemente callado. Era taciturno e introspectivo, y las acciones ocurridas a su alrededor con frecuencia hablaban por él. Nirvana estaba cambiando el panorama musical, y no importaba cuánto intentara Cobain enroscarse en alguna esquina y desaparecer de los reflectores, siempre terminaba en el ojo del huracán. Desarrolló un problema de drogas que lo atormentaría hasta el final de sus días. Su romance con Courtney Love, líder de sus colegas punk, Hole, dejó un rastro de escombros que cimentó su papel como los Sid and Nancy de los años noventa. Meses después de que la pareja se casara en Hawaii en febrero de 1992, y unas semanas después del 18 de agosto de 1992, fecha en que nació su hija Frances Bean, Cobain jugaba con su bebé sentado en el pasto al lado de su remolque en los MTV Video Music Awards. Recordando su salvaje racha de amor punk con Love, sonrió. “Lo siento”, dijo. “Era como una especie de ritual de apareamiento salvaje y animal. Ahora soy papá. Todo ha cambiado”. 

En realidad, poco había cambiado. Reportes revelaban que Love había consumido heroína durante su embarazo, llevando a una encarnizada batalla con el Departamento de Servicios Infantiles del condado de Los Ángeles por la custodia de Frances Bean. Un incidente de violencia doméstica, tras el cual la policía confiscó algunas armas, llegó a la primera plana, incluso cuando la banda de Cobain no estaba haciendo música. Tras lanzar Incesticide, compilación de sencillos y lados B, la banda grabó In Utero, una inspirada pero menos comercial secuela a Nevermind. El disco de 1993 se ubicó al centro de la controversia con Geffen, nuevo sello discográfico de Nirvana, por la producción del disco. Los amigos de Cobain estaban preocupados por la lucha que éste enfrentaba contra la heroína. 

Pero todavía le quedaba la música. In Utero debutó en el número uno. La banda tocó durante un concierto de beneficencia para las víctimas de violación de la guerra de Bosnia, emprendió una gira y dio un increíble concierto en el MTV Unplugged que, tristemente, sería el epitafio del grupo. 

También quedaban las amistades de Cobain y su matrimonio, que pese al caos que le dio forma, parecía hacerlo llegar al estado de más pura felicidad y, sorprendentemente, a la paz que jamás había experimentado. Desde luego, también entraba a su vida Frances Bean, la hermosa hija que comparte su nombre con la actriz Frances Farmer, otra hija de Seattle atormentada por su fama, así como el choque de su propia visión artística y sus demonios internos. A través de sus tribulaciones, cuentan sus amigos, Cobain se dio cuenta de que su mejor regalo era su hija. 

El hecho de que el mundo está llorando con su familia es un testimonio del poder de la confusión compartida y la catarsis de Cobain en el ojo público. No importa qué tanto intenten pintarlo de manera diferente, Kurt Cobain no era la reencarnación o la manifestación de otros ídolos generacionales. Era simplemente Kurt Cobain, un singular y paradójico miembro de una generación llena de individuos igualmente singulares y paradójicos. Era notablemente frágil, pero aún así, poseía un grito tan atronador que era capaz de romper con el silencio que envolvía al rock en el tiempo de Nevermind; era un dedicado fan musical que dio tanto a sus ídolos como ellos le habían dado a él; era a ratos dulce, a ratos pasivamente antisocial; era el hijo de un divorcio; padre y esposo; un adicto a la heroína; era un apasionado activista en pro de los derechos de las mujeres y los homosexuales; y al final, es un número más engrosando las estadísticas de suicidio en Estados Unidos en un momento en que la tasa de suicidios para su grupo de edad ha doblado su cantidad.

Kurt Cobain murió a los 27 años. Deja atrás una esposa que lo amaba, una hija que no lo conocerá y millones de extraños cuyas vidas se vieron enriquecidas por su sola existencia. 

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