El código para descifrar el significado de la música se encuentra en la conciencia del escucha y ésta es, por naturaleza, libre, única y personal. La obra del grupo de rock San Pascualito Rey no es la excepción a ello. “Mucho tiene que ver el oficio, la disciplina y el respeto por lo que hacemos, en mi caso, ponerme a escribir y escribir. La composición la veo mucho más como un juego de mesa, como el arte de cambiar fichas y poder hacerlo cuantas veces sea necesario”, cuenta el vocalista, Pascual Reyes, sobre el proceso creativo de su nuevo trabajo discográfico, Animanecia, con el que la agrupación mexicana celebra este año dos décadas de carrera musical. 

El quinto álbum de San Pascualito Rey representa, además, la oportunidad que tuvieron sus integrantes fundadores, Pascual Reyes y el bajista, Juan Morales, de continuar su legado musical e imprimirle un giro a su sonido en este nuevo ciclo, acompañados del guitarrista Vicente Jauregui y el baterista Chepo Valdez, que se integraron a la agrupación tras la salida de Alejandro Otaola y Luca Ortega. “Estamos en ese punto en el que se siente fresco el grupo, gracias a la inclusión de Chepo y Vicente a la banda. ¡Y estamos muy contentos! Siempre, entre los dos discos anteriores (Deshabitado y Valiente), hubo un espacio de varios años, pero en este nuevo álbum tardamos ‘oficialmente’ tres años, y lo grabamos hace seis meses, desde el momento en que Juan y yo nos preguntamos si debíamos continuar con la banda o de plano bajar la cortina”, recuerda Reyes. 

Así que, además de la incorporación de Jauregui y Valdez a las filas de San Pascualito Rey, la agrupación se reencontró en el estudio con Gerry Rosado, quien se unió nuevamente en la producción como gurú músico-espiritual del cuarteto. Con el ex Consumatum Est, el conjunto trabajó en sus álbumes Sufro, sufro, sufro (2003) y Deshabitado (2007). 

El resultado: un trabajo de nueve canciones potentes, algunas con el ya característico toque oscuro del grupo que le ha valido el término de “dark guapachoso”, un ligero coqueteo al country, rock clásico y la inclusión de acordes psicodélicos bastante disfrutables, un sello que imprimió Otaola durante su paso por la banda y que ha continuado Jauregui de manera entusiasta y atractiva. Las canciones “Entre la sombra y el silencio” y “La espina” son muestra de ello. Los temas “A pesar de mí”, a dúo con Dr. Shenka, vocalista de Panteón Rococó, y “Tecolotes”, inspirada y dedicada a los pequeños hijos de Pascual Reyes, también forman parte de Animanecia

“Cuando decidimos seguir y hacer el disco, una de las preguntas fue quién sería el productor. Elegimos a Gerry porque deseábamos ‘regresar a casa’. Él es el productor con el que más hemos trabajado y, sobre todo, ha estado con nosotros desde el origen de la banda, y eso buscábamos, volver a la raíz”, dice Pascual. Para Chepo Valdez, la experiencia de trabajar con Rosado trascendió lo musical y pasó a un término más “espiritual”, pues tras las prolongadas jornadas de grabación en el estudio Testa, en Guanajuato, organizaban sesiones para compartir el proceso de producción con una mirada mucho más “cercana”, más “humana”.