Mayo 21, 2019

Dios y demonio

El documental 'Diego Maradona' de Asif Kapadia logró llevar al astro argentino a las pantallas de Cannes.

POR Salvador Franco Reyes

Un gol nunca había sido celebrado de tal manera en el Festival de Cannes. La sala se quedó sin aliento al ver a Diego Maradona regatear a medio equipo británico y enviar el balón a las redes mientras el Estadio Azteca estallaba en júbilo en la Copa Mundial de Futbol de 1986.

 

Ese portento de gol —el plano secuencia más celebre del balompié mundial— brilló como nunca antes en el Teatro Lumière de Cannes y recibió la ovación más eufórica gracias al documental Diego Maradona, dirigido por Asif Kapadia.

 

El futbol y el cine, dos de las grandes pasiones de la humanidad, convergieron ayer en Cannes, para rendirle tributo al genio de las canchas pero también para condenar al hombre que lo habita.

 

Ese segundo gol contra Inglaterra en el Mundial de 1986 después de esquivar a medio equipo rival y también esa tramposa y tristemente célebre mano de dios con el que abrió a una férrea defensa británica, son un retrato perfecto de la personalidad del genio argentino. No parecía una sala de cine, sino un estadio vestido de etiqueta para admirar la obra de uno de los mejores futbolistas de la historia pero también para sufrir ante la decadencia de un hombre que descubre de la manera más violenta posible que no es un dios, sino un ángel caído. “Es un enorme jugador, pero no tiene la preparación (psicológica) para manejar el talento que tiene”, dice Pelé en una de las primeras imágenes que muestra Kapadia, quien previamente nos había deleitado con retratos íntimos y demoledores de dos personajes no menos controversiales: Ayrton Senna y Amy Winehouse.

 

Tan sólo unos minutos después vemos a Maradona con la playera hecha jirones y repartiendo salvajes patadas en una pelea campal que protagonizó en el Barcelona y que a la postre significó su salida de la institución catalana. Y de ahí, el cineasta nos embarca en una vertiginosa aventura que va de su nacimiento en la paupérrima Villa Fiorito de Buenos Aires, a la fama y a la obtención de la Copa Mundial de Futbol con la selección argentina y de sus hazañas con el modesto Nápoles de Italia al que convirtió en campeón de la Serie A por primera y segunda vez en su historia.

 

Pero Kapadia no tiene compasión con Maradona y no le tiembla la mano para exhibir su negación para reconocer un hijo que tuvo fuera de su matrimonio, su adicción a la cocaína y los vínculos que tuvo con la camorra italiana. Además, el cineasta eligió recurrir solamente a material de archivo y evitar cualquier entrevista a cámara de las cuales solamente rescató la voz en off de un puñado de expertos, familiares y del propio futbolista, quienes solamente contextualizan ciertos momentos de la cinta. Ni tampoco se embelesa con el futbol, simplemente muestra lo que Maradona fue en la cancha: un genio sin igual.

 

Quizá la única debilidad del documental radica en un final apresurado y anticlimático que no permite al espectador sacar las emociones que durante poco más guarda rabiosamente en las entrañas. Para bien y para mal.

 

 

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