agosto 9, 2020

Después de Jerry

La desgarradora vida –e improbable triunfo– de una de las mejores bandas de la historia.

Extraído de RS146, julio 2015

Era julio de 1995, y Grateful Dead estaba por presentarse en el Deer Creek Music Center, a las afueras de Indianápolis, cuando una voz anónima clamó al teléfono del recinto que mataría al icónico líder de la banda. El hombre que llamaba había concluido que su hija se había fugado con alguien asociado con los Dead y planeaba asesinar a Jerry Garcia durante el show para cobrar venganza. La situación ya era complicada en sí, ya que Garcia tenía problemas de adicción y una salud precaria. ¿Y encima eso?

Mientras la banda se refugiaba en el backstagecon el personal de seguridad y la policía local, nadie sabía si la amenaza debía ser tomada en serio. El baterista Mickey Hart bromeó con Garcia; temeroso por su seguridad, el bajista Phil Lesh les hizo saber que ya había empacado sus cosas y regresaría a Bay Area con su familia, que lo había acompañado para la gira. Pero Garcia tenía la última palabra. Haciendo caso omiso de la amenaza, Garcia indicó a la banda que el show debía continuar. Lesh y el resto no tuvieron otra opción que acceder. 

Un mes después, el 9 de agosto, Garcia había muerto. Tras internarse en el Centro Betty Ford para tratar su adicción a la heroína, y después en el centro de rehabilitación Serenity Knolls, un lugar de retiro en Marin County, Garcia fue encontrado muerto en su habitación, y su muerte fue atribuida a un ataque cardiaco debido a una grave obstrucción arterial. “Intentaba estar sobrio a toda costa”, declaró el guitarrista Bob Weir en 2013 a Rolling Stone, “su cuerpo no lo pudo resistir”. 

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La banda ya había atravesado múltiples crisis: arrestos, problemas comerciales, muertes en la familia (los tecladistas Ron “Pigpen” McKernan, Keith Godchaux y Brent Mydland). Pero con la muerte de Garcia, la banda perdió lo más cercano a un líder. No solía imponerse al resto de la banda, y con frecuencia comunicaba sus deseos de modo sutil, dejando que todos los demás hablaran durante las juntas de la banda antes de dar su opinión. Como Lesh declaró a RSel año pasado, “muchas veces lideraba por omisión. [Como] cuando todos tenían una idea y a él no le parecía ninguna. Su actitud era: ‘No vamos a hacer las cosas sí. Resuélvanlo’. Era como un anti-liderato”. 

La ausencia de Garcia ha definido a la banda desde entonces, la cual ha tenido varios cambios de alineación, siempre intentando preservar el singular legado de Grateful Dead. El resultado han sido dos décadas de carreras solistas, bandas de bajo perfil, retiros temporales, reuniones parciales o totales sobre el escenario y una que otra disputa frente al ojo público, al tiempo que los abatidos o confundidos fans trataban de entender lo que ocurría con sus ídolos. “La muerte de Jerry nos quitó el centro”, ha declarado Lesh. “Lo que nos unía no era tan fuerte sin su presencia”. 

Pero ese nexo fue restaurado a finales de junio, cuando Weir, Lesh, Hart y el baterista Bill Kreutzmann se reunieron para Fare Thee Well: Cinco conciertos ofrecidos para conmemorar el 50º aniversario de una de las instituciones más duraderas del rock. Las presentaciones fueron de las más esperadas del año. Pero llegar a ese punto no fue cosa fácil: Implicó superar décadas de relaciones complicadas, con particular cuidado respecto a la selección de la persona que habría de sustituir a Garcia sobre el escenario. La banda describió estos shows como su “última llamada”, la última ocasión en la que el público verá a los cuatro miembros sobrevivientes tocar juntos, dando fin a un atribulado capítulo en la vida de los Dead. 

Inmediatamente después de la muerte de Garcia, se discutieron varios prospectos para una gira post-Jerry: Los nombres de Carlos Santana y David Hidalgo, de Los Lobos, circularon como posibles reemplazos temporales. Durante una junta ese diciembre, Lesh y Kreutzmann decidieron retirarse de las giras. Grateful Dead Productions, la compañía de la banda, integrada por unos 40 empleados, vio sus finanzas tambalearse pese a la abrumadora demanda de mercancía por parte de los dolidos fans. Esto se tradujo en un recorte de personal y la reducción de los salarios. Los miembros de la banda “estaban un tanto cansados de permanecer juntos”, describe Tim Jorstad, su ex administrador. “Los miraba y decía: ‘Tienen una compañía, con mercancía y una disquera. Es un negocio real y vivo que continuará si ustedes lanzan música nueva o no”. 

Kreutzmann batalló con las drogas y el alcohol. “Estaba perdido en todo sentido”, dijo a RSen 2012. “No sabía qué hacer”. Hart formó varias bandas orientadas al world music, incluyendo a Mystery Box. El proyecto alterno de Weir, RatDog, se convirtió en el centro de su atención. Como revelara el mismo Lesh a RS, “Los miembros de Grateful Dead no somos buenos para el duelo. La mayor parte del tiempo tomábamos todo en broma. Ante el ataúd de Jerry, Mickey y yo bromeamos: ‘Se ve bastante bien para ser un muerto’. Pero nadie quería ponerse a lloriquear”. 

Tres años después, en 1998, Lesh, Weir y Hart se reunieron para formar una nueva banda, Other Ones, en honor a la psicodélica oda incluida en Anthem of the Sun, de los Dead. El pianista Bruce Hornsby, quien había acompañado a los Dead en gira entre 1990 y 1992, era parte de la nueva banda. Hornsby había dejado a la banda por frustración, afectado por el errático desempeño de Garcia. Sin embargo, con esta otra banda, la diferencia se notó inmediatamente, y los resultados fueron positivos. 

Incluso cuando Garcia vivía, la dinámica dentro de Grateful Dead era un tanto complicada. Garcia podía ser tan afable como demandante; Lesh era quisquilloso, sobre todo cuando se trataba de su música y de sistemas de sonido. Hart era una fuerza brutal con iniciativa. Weir –quien tenía 17 años cuando la banda ofreció sus primeros conciertos– era un niño perpetuo. Kreutzmann era el rudo. Podían ser duros el uno con el otro: En agosto de 1968, el joven Weir fue reprendido por Les y Garcia, quienes le exigieron que mejorara sus interpretaciones, insinuando que de lo contrario sería corrido de la banda. 

Pero los nuevos retos que vinieron crearon divisiones en la agrupación. A finales de los años noventa, Weir, Hart y Kreutzmann apoyaron un plan para registrar sus grabaciones e imágenes de sus conciertos en alianza con una compañía con capital privado. Lesh se manifestó en contra, pero su voto fue desestimado pese a la tradición de la banda que estipulaba que la oposición de uno sólo de sus miembros podía cambiar el rumbo de las decisiones importantes. Antes de que las cosas se pusieran peor, la caída del Nasdaq y la crisis de las compañías virtuales dio fin a los planes, pero el daño estaba hecho. 

Para 2003 y 2004 se reunieron para ir de gira bajo el nombre The Dead. Las tensiones pronto se hicieron notar. “Lo que enfrentamos era un caos”, comentó Weir a Rolling Stoneen relación a este periodo. “Hubo algunos malentendidos”. Agregó Kreutzmann: “Fue difícil. No puedo estar en una banda donde todo mundo se pelea”. 

Pronto, la banda comenzó a cuestionarse cómo manejaría su legado en la era digital. Desde los años noventa, los fans comenzaron a subir grabaciones de conciertos al Live Music Archive, un sitio de San Francisco que permitió acceder de manera gratuita a todas las grabaciones de los shows ofrecidos por la banda. Pero ahora, la banda que había impulsado esa democrática práctica de grabar los conciertos ya no tocaba, y necesitaba ingresos. “Los Dead se vieron en una posición complicada”, reveló una fuente cercana al grupo. “La ética de la banda siempre había sido regalar su material, y funcionó mientras estaban seguros de que seguirían tocando en vivo. Cuando Jerry falleció, toda esa música se convirtió en su patrimonio. Entonces se dijeron: ‘Tal vez ya no podemos seguir regalándolo’”. 

En 2005, la agrupación ordenó que las cintas fueran removidas del sitio. Lesh desafió la decisión de manera pública, y tras una petición circulada en las redes por fans furiosos, se llegó a un acuerdo: Las cintas del público estarían disponibles para su descarga gratuita, pero no así las grabaciones de la banda, las cuales sólo estarían disponibles para streaming. “Cuando pasas 30 años al lado de alguien, todo tiene sus altibajos”, dijo Lesh a RSel año pasado. “Amo a mis hermanos. Pero, como ocurre en todas las familias, no siempre estoy de acuerdo con lo que hacen”. 

Las aguas se calmaron al año siguiente, cuando el grupo firmó un lucrativo acuerdo con Rhino Entertainment, el cual garantizaba que cada integrante recibiría un ingreso anual fijo, independientemente de las ventas reportadas. La banda se reunió durante un evento de Barack Obama en 2008. Inspirados por el show, emprendieron una gira al año siguiente. Pero el tour terminó un mes después de haber iniciado, cuando los resentimientos del pasado y ciertas cuestiones financieras se interpusieron entre los integrantes, de acuerdo con varias fuentes. 

Sin embargo, Lesh y Weir se reconectaron. “Phil y yo nos redescubrimos durante el tour de la banda”, apuntó Weir. Poco más tarde, durante una cena con sus esposas, Lesh y Weir discutieron el prospecto de unir fuerzas para formar una banda, la cual denominaron Furthur –en honor al famoso autobús de los Merry Pranksters liderado por Ken Kesey. Posiblemente a causa de lo ocurrido durante la gira de reunión de 2009, Kreutzmann y Hart no fueron invitados a formar parte de Furthur, pero de cualquier modo resulta improbable que aceptaran formar parte del proyecto. Kreutzmann pensó que era de mal gusto contratar a alguien en lugar de Jerry. En sus memorias, escribió: “Tocar música de Grateful Dead con un Jerry falso simplemente me parece una falta de respeto”. 

“Siempre han tenido periodos de hostilidad y reconciliación”, dice Gary Lambert, otrora parte de Grateful Dead Productions y ahora locutor de radio. “Y han logrado salir de todo ello”. 

Con el aniversario de 50 años de la banda a la vuelta de la esquina, la cuestión no era si debían conmemorarlo, sino quién era capaz de hacerlo realidad. Las potenciales ganancias eran tentadoras: Al menos una persona de la industria musical se acercó a la banda, y varias ideas habían sido propuestas, desde una presentación en Bonnaroo hasta la noción de que cada miembro tocara con su propia banda en un solo festival.

Pero fue Peter Shapiro –un fan que asistió a un show de los Dead por primera vez en 1992 y más tarde administró el popular club Wetlands en Nueva York– quien ganó la concesión. Hace 10 años, Shapiro mandó una carta a la banda con la intención de organizar un show de 40º aniversario en el Madison Square Garden. En ese entonces, no recibió respuesta alguna del managementde la banda, pero ahora los tiempos –y sus conexiones– han cambiado. No obstante, reunir a los cuatro miembros originales no sería fácil. Furthur acababa de desintegrarse, un año y medio después de un incidente durante un show en 2013 en el que Weir se colapsó sobre el escenario, tal vez como resultado de los problemas que el guitarrista tenía con los analgésicos que consumía por una lesión en el hombro. El año pasado, Lesh describió su relación con Kreutzmann y Hart como “distante pero cordial… Casi no los veo”. Los cuatro viven cerca, pero tienen vidas separadas.

Sin embargo, la puerta permanecía entreabierta. Weir declaró a Rolling Stoneen 2014: “Tenemos que hacer algo conmemorativo. Creo que se lo debemos a los fans, a las canciones, a nosotros mismos. Si existe algo que tengamos que superar, creo que nos debemos a nosotros mismos el fajarnos los pantalones y trabajar en ello. Si existen asuntos por resolver, entonces hagámoslo”. De acuerdo con Justin Kreutzmann, hijo de Bill, “el consenso general era que debían hacer algo”. 

Cuando nació el primer nieto de Lesh, Kreutzmann le mandó un emotivo correo a su ex compañero de banda, dice una fuente; Weir, Hart y Kreutzmann se reunieron en Marin County el verano pasado. “Fue un proceso”, dice Shapiro diplomáticamente. “Todos querían hacer las cosas a su manera y con su propia visión. Tuvimos que encontrar un punto de intersección [para Fare Thee Well]”. Los shows celebrados los 3, 4 y 5 de julio en Chicago también integrarán a Trey Anastasio de Phish en guitarra, Jeff Chimenti en los teclados y Bruce Hornsby al piano, marcando las últimas presentaciones en vivo de la banda. 

Por su parte, Weir todavía está sorprendido de que la reunión pudo realizarse. “Pero estoy feliz”, agrega. “Los chicos han superado sus diferencias y se han puesto a la altura. Porque nos lo debemos a nosotros mismos, tanto como se lo debemos a los fans que nos apoyaron durante 50 años. Es una deuda de gratitud”.

Pero algunas cosas no han cambiado: “Será una obra en proceso hasta que nos bajemos del escenario del último show”, dice Weir. “Como siempre”.

Con la colaboración de David Fricke.

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