Agosto 13, 2019

Desde las tierras del norte: lo mejor de Osheaga 2019

Del 2 al 4 de agosto de 2019, se llevó a cabo la decimocuarta edición del Festival de Música y Artes OSHEAGA en la bella ciudad de Montreal, Canadá. Ésta es nuestra crónica.

POR Edlin Castro

Susan Moss

Es viernes, pasado el mediodía, y la ciudad de Montreal comienza a cambiar. Por aquí y por allá se reúnen grupos de personas de todas edades, razas y gustos vestidas en sus mejores outfits para el verano, los vagones del metro se llenan conforme avanza el día, todos hacia un mismo destino: el hermoso parque Jean- Drapeau, sede del Osheaga Music and Arts Festival.

 

A medida que la ciudad entera parece más vacía, los decibeles suben allá a la orilla del río y la gente empieza a llenar con su energía cada rincón del venue. Hacia las 16:00 horas los dancefloors de cada escenario son el lugar perfecto para disfrutar de la música, el sol y la compañía de los amigos.

 

Tim Snow

 

Escenarios escondidos entre árboles por donde la luz del sol veraniego se cuela, construyen una atmósfera única al ritmo de propuestas musicales tan interesantes y diversas como JPEGMAFIA o Denzel Curry que arrancan los primeros pasos de baile de lo que promete ser una experiencia inigualable. Pero esta tarde hay una misión: ver cómo la música hispana y latina pondrá a mover cada cadera presente en Osheaga.

 

La primera fue la Rosalía. La gente —especialmente los muy jóvenes y la vastísima comunidad latina que acudió al festival— esperaba ansiosa a la española, aclamaban su nombre cuando todavía no terminaba el set el artista anterior y cuando por fin apareció sobre el escenario, el calor aumentó y el baile "pegaíto" no paró. Habría sido el perfecto warm-up para darle la bienvenida al rey de las listas de popularidad, J Balvin. No obstante, la atmósfera se interfirió drásticamente con la presentación de Interpol en el medio quienes, por cierto, ante unos cuantos pocos fans dieron un show cumplidor, perfectamente bien ejecutado, lleno de nostalgia. Prueba irrefutable del paso del tiempo, del cambio de generación, de las tendencias, dejando en claro que su mejor era ya pasó.

 

Pat Beau

 

Así, la gente comenzó a acumularse, se levantaron banderas colombianas por todos lados, acentos en español aquí y allá, mientras Gucci Mane terminaba un show desangelado y falto de energía para dar paso a un texto informativo sobre la pantalla: "Debido a restricciones imprevistas de TFR en el espacio aéreo en el área de Nueva York, no será posible que J Balvin llegue al festival". El ánimo cambió por decepción y el lugar se vació significativamente sólo para dar paso a los fans de Flume que resistieron a perderse a su ídolo. Nos vemos mañana, Osheaga.

 

No pasa muy seguido que un festival logre cambiar la dinámica de una ciudad entera, pero Osheaga es el evento musical más esperado de Montreal y realmente logra poner a prueba la cotidianidad de la urbe transformándola en una fiesta sin fin que se respira en el aire.

 

Benoit Rousseau

 

El segundo día de Osheaga quedó marcado por actos tan espectaculares como el de Janelle Monáe, última heredera del legado del gran Prince, cuyas enseñanzas han sido para ella la materia prima de la construcción de no sólo música, sino de todo un discurso artístico multidisciplinario con una postura política clara a favor de la diversidad, el empoderamiento femenino y la justicia. Puesta en escena, Monáe lo abarca todo: la moda, el baile, el arte, la presencia, la increíble voz, la música. Un momento para recordar.

 

Y, por supuesto, el alucinante show de The Chemical Brothers. Una experiencia llena de fuerza hecha por dos elementos fundamentales utilizados de manera magistral: la música y los visuales. Sin duda, el momento cumbre de la noche que logró reunir sobre un mismo y enorme dancefloor a todas las generaciones a ritmo de música fuera de este mundo.

 

Pat Beaudry

 

Mención honorífica también al gran Bas, quien con su energía y carisma llenó de good vibes la tarde. También para Logic, quien, a pesar de por momentos sonar un poco sobrado, pudo poner a agitar la cabeza de un crowd masivo entre coros y aplausos.

 

Hay que destacar la impecable organización de Osheaga. Desde los accesos, los flujos de circulación, el posicionamiento de los escenarios, el abastecimiento de agua, la seguridad. Quizás con una pequeña falla en los servicios gastronómicos en los que había que pasar cerca de 70 minutos esperando por un platillo. Por todo lo demás, es un festival que se disfruta de inicio a fin.

 

Benoit Rousseau

 

Ya para el domingo la energía se agotaba minuto a minuto, había que administrarla sabiamente para llegar al término. Era el día perfecto para los favoritos personales que comenzaron con un delicioso set de BAMBII, una DJ cuyo mayor talento es encontrar el beat perfecto para el momento adecuado y así lo hizo convirtiendo el festival en una pequeña jungla tropical.

 

Después la decisión fue difícil: Mac DeMarco contra Rejjie Snow, pero triunfó el irlandés por motivos meramente subjetivos pues la música del joven Snow logra llegar a las memorias a través de la fantasía sobre una masa cambiante de rainyloops, technicolor keys, percusiones trippys y una encantadora voz capaz de aguantar el ritmo con precisión metronómica columpiándose entre los ritmos del soul, el lo fi y el jazz. Lástima que su set fuera cortado abruptamente antes de finalizar, a lo que Rejjie respondió con una brevísima despedida y agradecimiento a sus fans.

 

Pat Beaudry

 

Luego apareció KOFFEE en el escenario del frente, llena de fuerza y ritmo, quien con su reggae jamaiquino se apoderó de la tarde poniendo a todos en el mood correcto para darle la bienvenida a la gran Tierra Whack, una sorpresa verla en vivo, pues posee un set poderoso y fuera de toda convención. Influenciada fuertemente por la guía espiritual de la música de la mismísima Ms Lauryn Hill, Tierra Whack es delirante, emocionante y divertidísima. De ahí vino el turno de un viejo conocido, el maravilloso Kaytranada quien, como siempre, preparó un set especial para la ocasión, lleno de vibes ligeros y cadenciosos que dejaron caer el sol al ritmo de sus producciones.

 

Era tiempo de prepararse para el plato fuerte de la noche aunque eso incluyera tener que escuchar completito un set soporífero por parte de los australianos de Tame Impala. Una disculpa por adelantado a todos sus fans, pero al show le faltó energía, audacia. Aun así se destaca que saben ser una banda de gran maestría musical.

 

El momento esperado estaba muy cerca, la emoción al máximo, pronto aparecería sobre el escenario el mismísimo Childish Gambino, el público estaba ansioso. Desde el filo del escenario hasta el tope de la explanada, el lugar lucía lleno, todos mirando hacia un solo punto cuando las luces se apagaron. Pero estábamos todos equivocados. De pronto, una plataforma en el centro del público se levantó, luces blancas iluminaron el ascenso. Tuvimos que voltear, dirigir la mirada hacia ese otro punto en el infinito de personas sobre el que entre humo y rayos de luz se alzaba una figura con el torso desnudo y pantalones blancos. El sonido empezó a construir la música y la voz comenzó a construir al personaje: Childish fuckin' Gambino. Inmediatamente, la gente comenzó a gritar, a cantar, a bailar, a dejarse hipnotizar por la fuerza escénica del álter ego de Donald Glover, quien luego de descender de su pedestal atravesó a la multitud estrechando manos y tomándose selfies con los fans hasta llegar al escenario para inundarlo de una una brisa tropical con canciones como "Summertime Magic" y "Feels Like Summer".

 

Glover no dejó ni un segundo de moverse sobre el escenario, de interactuar con la audiencia, de bailar y de incendiarlo todo con su carisma para poco a poco bajar deliciosamente el tempo y culminar en un punto melódico, delicado, profundo, casi celestial. Sin duda uno de los show más completos que Osheaga pudo albergar.

 

Lo que más hay que resaltar del trabajo de Osheaga es la diversidad, no sólo en la cantidad y calidad de artistas que programan para cada jornada, sino también en los espacios, los ambientes y las atmósferas que se esmeran en construir para hacer de un festival una paleta de colores y experiencias. Y, por supuesto, en el público que convocan, seguramente uno de los festivales más diversos que existen. En resumen, una experiencia inolvidable a la altura de los más imporantes festivales del mundo. ¡Nos vemos pronto, Osheaga!

 

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