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Abril 01, 2019

Crecer con 'Game of Thrones'

Maisie Williams y Sophie Turner sobre su hermandad inquebrantable, su adolescencia surrealista y el final más esperado de todos.

POR Brian Hiatt

Nicole Nodland para Rolling Stone

Ha habido todo tipo de manifestaciones sobrenaturales, muchas de ellas bastante desagradables, en Game of Thrones de HBO, que comienza su octava y última temporada en este mes: resurrecciones, premoniciones, viajes psíquicos en el tiempo, un bebé fantasma asesino, un vasto ejército de muertos, una reina a prueba de fuego, un dragón zombi, dragones regulares (y en la categoría antinatural, una cantidad realmente extraña de incesto). Pero uno de los primeros eventos inexplicables de GoT fue mucho más benigno, incluso dulce. Desde el momento en que Maisie Williams, de 12 años, vio a Sophie Turner, de 13 años, en su lectura de guion de 2009 para los papeles de las hermanas Stark, su conexión fue profunda y extraña. “Fuimos básicamente mejores amigas a partir de ese momento”, dice Turner, ahora de 23 años. “Pensé que Sophie era la cosa más genial que jamás había visto”, dice Williams, ahora de 21 años. “Entiendo por qué hacen lecturas de guion, porque cuando es correcto, es tan correcto, como, somos mejores amigas. Y pudieron ver eso hace tantos años, y debe haber sido verdadera magia ver a estas dos chicas tener el mejor momento juntas”. Incluso en una audición que podría cambiar sus vidas, “hubo muchas risas ese día”, cuenta Nina Gold, la directora de audiciones de la serie en Reino Unido (quien también descubrió a Daisy Ridley para la actual trilogía de Star Wars). “Maisie parecía un alma muy vieja en un cuerpo muy pequeño. Realmente muy parecida a Arya. Sophie era más bien una niña, y desde luego ya no lo es”.

 

Ese año, Game of Thrones tuvo su primera fiesta de fin de rodaje, en Belfast, Irlanda, luego de que el elenco y el equipo terminaron de grabar a su piloto, un episodio que nunca se transmitió. Los creadores David Benioff y D.B. Weiss se dieron cuenta de que era complicado y difícil de seguir: volvieron a hacer audiciones para varios roles clave y lo volvieron a grabar, salvando su proyecto. Turner y Williams, entre los miembros más jóvenes del reparto, pueden haber sido las primeras en sentir que algo no estaba bien. Como Weiss y Benioff recuerdan en una entrevista conjunta por correo electrónico, las chicas estaban angustiadas en la fiesta: “Recordamos a las dos llorando y abrazándose, porque se querían tanto después de unas pocas semanas, y temían nunca volverse a ver porque el show no sería elegido. Era un miedo viable. Pero estamos muy agradecidos de que no haya funcionado de esa manera, y de que ambas pasaran todos esos años juntas y con nosotros”.

 

Hacia el final de la primera temporada de Game of Thrones, la vida de los Stark colapsa cuando la intriga real lleva al arresto del patriarca familiar Eddard Stark (Sean Bean) —un hombre demasiado decente entre las víboras— por cargos falsos, lo que lleva a la rápida remoción de su cabeza. Arya se esconde, disfrazada de niño, planeando venganza, mientras que Sansa está comprometida con el monstruoso niño rey Joffrey. Las chicas fueron lanzadas a su suerte, sin protección, pasando de la inocencia a la experiencia más oscura en el curso de una de las historias desgarradoras que siempre han sido el núcleo emocional de la serie.

 

Después de eso, Turner y Williams no pudieron grabar una escena juntas hasta que sus personajes se reunieron en 2016 para la temporada siete. Tal vez eso fue lo mejor. “Somos una pesadilla para trabajar”, dice Turner. “Si estás trabajando con tu mejor amiga, nunca terminarás ningún trabajo, nunca. Cada vez que intentamos estar serias con cualquier cosa, es lo más difícil del mundo. Creo que realmente se arrepintieron de ponernos en escenas juntas. Fue difícil”.

 

 

Ahora que las dos actrices son adultas, eso ha cambiado. Más o menos. “Fue genial tener a dos personas increíblemente ingeniosas jugando entre montajes”, escriben Benioff y Weiss. “Aunque decidieron comenzar a hablar con un acento (británico) del norte, que puede ser real y puede ser su propio invento: al ser estadounidenses, no podíamos saberlo. Pero a veces hablaban con este acento todo el día. De vez en cuando se metía en una escena, y teníamos que recordarles que Sansa y Arya no hablan así”.

 

En el verano de 1991, un novelista de género convertido en un escritor de TV, inició su ya obsoleto procesador de textos de MS-DOS, listo para crear un nuevo mundo. George R.R. Martin tenía 42 años, recién terminaba de escribir un guion para un Ron Perlman con cabeza de león en el drama de CBS, La bella y la bestia, y con más de una década de aclamada pero no rentable ciencia ficción, horror y prosa fantástica a su nombre. Se suponía que estaba intentado una novela de ciencia ficción, pero de alguna manera se le ocurrió una escena de un cuento diferente: jóvenes que encuentran cachorros de lobo huérfanos en un montón de nieve manchada de sangre.

 

Fue su primer vistazo a los hombres de la familia Stark, el clan en el centro de lo que se convertiría la serie de libros A Song of Ice and Fire de Martin, y más tarde, una de las producciones de televisión más ambiciosas. Martin sabía, sin embargo, que la familia estaba incompleta. “También quería algunas chicas”, afirma 28 años más tarde, sentado en su oficina de Santa Fe, Nuevo México, donde aún está trabajando en el sexto y penúltimo libro de la serie, utilizando el mismo programa de procesamiento de texto.

 

Cuando su narrativa llegó a Winterfell, la fortaleza con nieve que los Stark llaman hogar, Martin había creado “dos hermanas que eran muy diferentes entre sí”. Martin estableció su historia en un mundo donde el aliento de dragón es un arma de destrucción masiva y los muertos vivientes, White Walkers, son una amenaza a la civilización, pero también modeló sus elementos menos fantásticos como Europa medieval, donde los roles limitados de las mujeres estaban muy incluidos. “La Edad Media era muy patriarcal”, explica Martin. “Desconfío de una generalización excesiva, ya que eso me hace parecer un idiota. Reconozco que la Edad Media fue de cientos de años y tuvo lugar en muchos países diferentes, pero en general, las mujeres no tenían muchos derechos, y se usaban para hacer alianzas matrimoniales… Estoy hablando de mujeres nobles, por supuesto, las mujeres campesinas tenían aún menos derechos”.

 

Al mismo tiempo, señala, “esta es también la época en que nació toda la idea del romance cortés: el caballero galante, la princesa. En cierto sentido, el arquetipo de la princesa de Disney es un legado de los trovadores de la época romántica de la Francia medieval”. Cuando conocimos a Sansa al comienzo del libro y la serie, es una ocupante feliz, algo engreída, de un enclaustrado y esponjoso mundo, una princesa de Disney destinada a ser lanzada a un mar de horrores.

 

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