octubre 26, 2020

El concierto virtual de Billie Eilish fue la transmisión en vivo hecha bien

Where Do We Go? The Livestream se transmitió el sábado sobre un escenario realzado por efectos visuales inmersivos que lograron superar las expectativas del "pago por evento" musical.

Ocho meses después de que los eventos masivos de música se suspendieran por la pandemia, ¿pueden las transmisiones ofrecer algo que no hayamos visto antes? El concierto Where Do We Go? The Livestream de Billie Eilish que se llevó a cabo el sábado por la noche, parecía ser muy consciente de esa pregunta – regalando una meticulosa aventura visual, repleta de elevadas pantallas LED y efectos de realidad extendida (XR), que se sentían determinados a captar la atención de los espectadores.

Con la misma sensación de un video musical de alta producción, el show, que cobraba $30 USD por boleto, acertó en todas las fortalezas del livestraming. Criaturas animadas enormes y paisajes quiméricos circulaban alrededor de Eilish, su hermano Finneas y su baterista Andrew Marshall mientras tocaban frente a múltiples cámaras errantes desde un escenario de 60 por 24 pies; la escasa presencia física del trío hacía que la silueta se ajustara al escenario que cambiaba rápidamente, mientras que el corte rápido de primeros planos ocasionales permitió que la audiencia se sintiera como si estuvieran dentro de la actuación en sí. Por otro lado, los fans tenían la oportunidad de escribir en una sala de chat y comprar mercancía de Eilish.

«No puedo expresar lo mucho que desearía poder estar de gira», comentó Eilish en el escenario. «Durante la cuarentena, creo que me di cuenta de que el único lugar en donde me siento yo misma, en donde siento que pertenezco, es frente a ustedes y con ustedes».

Su setlist incluía un popurrí de éxitos como «Xanny», «When the Party’s Over» y «Ocean Eyes», así como también su tema para la película de James Bond, «No Time to Die», y su reciente canción, «My Future». Entre canciones, también reveló ella y Finneas se encuentran trabajando en su siguiente álbum; agradecieron a los miembros del equipo que funcionaron como audiencia sustituta e imploraron a los fans que votaran en las próximas elecciones. («Si votamos para que el hombre naranja salga, tal vez nos podremos ver de nuevo. ¡Trump es lo peor!»)

Eilish se presentó en un escenario de estudio en Los Ángeles, pero el show se extendió por ciudades, océanos y mundos gracias a sus visuales. Para «You Should See Me in a Crown», la cantante caminó en círculos debajo de una araña del tamaño de un camión y durante «Everything I Wanted», un muro de caras de fanáticos apareció para acompañar a Eilish; más tarde, fue devorada por un enorme tiburón animado, antes de resurgir para cantar desde la luna.

Detrás de cámaras, la producción fue similarmente extendida. Moment Factory, un equipo de producción creativa de Montreal, que ya habían trabajado con Billie en el pasado para presentaciones presenciales, XR Studios, un grupo de efectos de realidad extendida, Lili Studios, un estudio interactivo de Los Ángeles y la plataforma de livestream, Maestro (que ya habían participado en shows de la era del COVID, como el de Melissa Etheridge y el de Tim McGraw), todos trabajaron juntos para diseñar el show.
Maestro es anfitrión de conciertos virtuales, mezclados y de realidad aumentada, mientras que Lili ayuda a crear experiencias en tercera dimensión para los fans. Algunos patrocinadores en la transmisión incluyeron a Fender y Gucci.

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Y hablando de Gucci, la casa de moda debutó una campaña para su nueva colección de ropa, en conjunto con Eilish, durante el pre-show – lo cual fue uno de los aspectos más excepcionales de la transmisión. Mientras Billie tomaba el escenario a las 6:00 p.m E.T., los espectadores tenían la posibilidad de mirar una serie de videos pregrabados que comenzaba una hora antes, en donde podían encontrar la nueva campaña de Gucci, así como también un primer acercamiento al documental que Apple Music está preparando para Eilish, un poco de contenido de detrás de cámaras, encuestas interactivas, menciones de personalidades como Steve Carrell, Alicia Keys y Lizzo, y una corta introducción del staff de producción, grabado por Billie.

«Es importante que sepan que la gente está perdiendo sus trabajos», dijo Eilish a sus fans, refiriéndose al daño financiero que ha ocasionado el COVID en la industria de la música en vivo, mientras caminaba a través del lugar, hablando con los miembros del equipo. «Por eso es vital que hagamos esto». Eilish canceló su agotada gira mundial de este año en mayo debido a la pandemia y aún no ha ofrecido una reprogramación de fechas y recintos. Parte de las ganancias de su concierto virtual fueron dirigidas a Crew Nation, un fondo de auxilio creado por Live Nation.

Tanto el pre-show como el concierto en sí, presentaron una propuesta de valor refrescante y honesta para la era de la transmisiones por COVID: No estás pagando por ver un sustituto de un concierto en vivo; estás pagando para ver una hazaña tecnológica, para conectar con la música en un nuevo nivel, y para apoyar a los artistas y a sus equipos en un tiempo de necesidad urgente.

El equipo de Eilish, quienes controlan los datos de la audiencia, bajo el modelo de negocio de Maestro, decidieron no revelar detalles de la cantidad de boletos vendidos. Pero eventos virtuales de paga han demostrado un gran éxito en las transmisiones de artistas consolidados como BTS, que generó alrededor de $20 millones de dólares en un solo concierto. En menos de un año, las transmisiones en vivo han pasado de un nicho, a un ente gigante dentro de la industria musical, con inversionistas frescos que incluyen a J Balvin, Scooter Braun y Justin Bieber – aunque los artistas y las compañías de producción si deben de pelear contra un paisaje abarrotado de competidores para que sus proyectos destaquen. Según Bandsintown, miles de transmisiones musicales son lanzadas cada mes, tanto de superestrellas como de artistas emergentes.

Eilish cerró su set con «Bad Guy», su éxito del 2019, ganador de múltiples Grammys, que llevó a los espectadores a los quijotescos días previos a la pandemia. «Bad Guy» también resultó ser la producción mas visualmente vertiginosa de la noche, iluminando a Eilish y a Finneas en rápidos destellos de color mientras siluetas de coches, personas y otros objetos circulaban alrededor de ellos, como una versión alucinante de un comercial para el iPod a inicios de los 2000’s.

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Y así concluyó. (Resulta que las transmisiones en vivo digitales altamente coreografiadas no son, al parecer, configuraciones ideales para realizar repeticiones). «Voten, por amor a Dios», gritó Eilish al final, antes de que las cámaras se desplegaran para mostrar el alcance de la producción –cables gruesos en abundancia, enormes grupos de personal de producción y gigantes cajas de resonancia que rodeaban el escenario con paneles de pantalla– y los créditos empezaron a rodar.

De RS USA

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