febrero 2, 2021

‘Cobra Kai’ trasciende del nostálgico ‘remake’ del pasado

Es una tarea extremadamente difícil tomar una película icónica con un gran número de seguidores y reimaginarla enteramente para una nueva generación.

Todo el mundo odia a los bullies, aquellos que golpean y maltratan a los débiles en un intento de enaltecerse. Tanto en la realidad como en la ficción, estoy seguro de que de presentarse la oportunidad les daríamos a probar de su propia medicina, los haríamos pasar por lo que nos hicieron pasar a nosotros en un afán de equilibrar el ecosistema de las fuerzas, en un esfuerzo por ser los héroes. Desde acosos verbales hasta agresiones físicas en público, el bullying es un tema que ha estado presente en numerosas películas a lo largo de la historia del cine en el mundo, siendo el principal detonante de la trama, películas como “Carrie (1976)”, “One Flew Over The Cuckos Nest (1975)”, “The Breakfast Club (1985), “Back to the Future (1985)” y toda la saga de “Karate Kid (1984)”.

Es una tarea extremadamente difícil tomar una película icónica con un gran número de seguidores y reimaginarla enteramente para una nueva generación. Puedo contar con una mano el número de veces que se ha hecho con éxito y uno de esos dedos está señalando a Cobra Kai.

Cobra Kai expone el otro lado de la moneda, siempre hay más en la historia si se mira de cerca y la serie hace un gran trabajo al elaborar en la historia de Johnny Lawrence, nuestro protagonista, revelando la relación abusiva que tuvo con su padrastro. Por lo regular los bullies fueron por sí mismos víctimas de abuso y justifican lo que les sucedió perpetuando lo que se conoce como «el ciclo de la violencia», el hecho de que los bullies empiezan como víctimas, no justifica sus acciones, pero entender lo que los hizo ser quienes son, nos ayuda a entender el verdadero problema y las posibles soluciones para el mismo. En Cobra Kai se nos revelan los motivos que construyen la personalidad y el comportamiento de Johnny, volviéndolo inmediatamente un personaje más empático y más atractivo para el público, reivindicándolo de las cosas que malas que hizo en las películas pasadas.

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Me sorprendió lo que el creador y los escritores de la serie lograron. Cobra Kai alcanza lo que las secuelas o spin-offs raramente hacen, trascendieron del nostálgico remake del pasado y llevaron la icónica historia base en una nueva dirección, atractiva y relevante.

Una de las formas en las que Cobra Kai se las arregla para expandir los temas de su predecesor, Karate Kid, es reconociendo las áreas grises de la justicia. Las películas de los ochenta, incluyendo la saga de Karate Kid, tenían una tendencia a simplificar la moralidad, los buenos son claramente buenos, los malos son claramente malos y rara vez existía alguna sutileza o área gris entre estos dos extremos. Vale la pena mencionar que el Karate Kid original hace un esfuerzo por dotar de tintes claroscuros y profundidad a sus personajes, especialmente la relación entre Daniel y el Sr. Miyagi, pero la narrativa de la película hace todo lo posible por inspirarte a que te caiga bien Daniel y odies a Johnny. Cobra Kai tira de esa profundidad, sumergiéndose mucho más en las turbias aguas de la moralidad.

Uno de los aspectos más divertidos de Cobra Kai es la ideología anticuada de Johnny, que encarna la ideología simplista de las películas de acción de los 80’s y parece ajeno al clima actual de lo politicamente correcto. Es un anacronismo muy gracioso, el personaje del pasado servía al pragmatismo narrativo previamente mencionado en las historias ochenteras, buenos buenos y malos malos, pero debajo de su exterior “rudo” siempre se escondió un buen corazón. Tal y como lo dice Miyagi en la película original “no hay malos estudiantes, sólo malos profesores”. Y mientras Daniel fue inicialmente la víctima del rudo, el mismo Johnny fue víctima de su sensei John Creese a pesar de que parecía que llevaba una vida afortunada. Cobra Kai profundiza en este aspecto del personaje de Johnny mientras que en la saga original sólo se insinúa.

Cobra Kai puede gustar tanto a los espectadores que vieron Karate Kid durante su adolescencia, como a las nuevas generaciones que no saben ni que existía esa película. La serie se encarga, a través de pequeños flashbacks, de contextuailizar algunos de los aspectos que van sucediendo durante los episodios, para que hagamos memoria. Cada capítulo tiene una duración de apenas media hora, lo cual hace que la serie sea vista en una sentada. Además, el guion tiene suficientes sorpresas para mantener el interés durante todas sus temporadas.

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