Mayo 19, 2019

Canciones que debes conocer: "Must I Evolve?" de Jarv Is…

El himno dedicado a estar fuera de onda y obsoleto creado por el erudito del britpop.

POR Jon Dolan

Jarvis Cocker siempre ha sido uno de los personajes más astutos e irónicos del rock, desde sus días en Pulp lanzando canciones de britpop sobre el sistema de clases británico, hasta sus esfuerzos solistas más recientes, como su tema de 2009 "I Never Did I Was Deep" — un dejo de presunción al estilo de Bowie que se sintió un poco como Ziggy Stardust haciendo stand-up autolacerante.

 

La última edición al canon de Cocker, "Must I Evolve?" —publicada bajo su nuevo nom de pop, Jarv Is…— es una hilarante llamada de auxilio de un hombre olvidado por la vida, el amor y la historia en sí. "¿Debo evolucionar?" pregunta Cocker, "¿Debo cambiar?", mientras un coro responde fríamente, "sí, sí, sí". Sonando tan cruel como siempre, Cocker contrasta la lenta y sangrienta evolución de la humanidad con su propio apuro como un hombre que intenta adaptarse de manera desafortunada social, cultural, romántica y emocionalmente a un mundo que lo ha dejado atrás: "Dragging my knuckles/Listening to Frankie Knuckles". Pero si este tipo es vencido, no será por no haber luchado. La canción es una juerga psicodélica teñida de Krautrock, con Cocker cantando sus letras con una fortaleza sombría, empuñando su desesperación como un arma contundente.

 

Aunque “Must I Evolve?” es un verdadero himno a la obsolescencia, cantado por un artista que alcanzó su punto máximo en 1996 con “Common People” de Pulp, en realidad es oportuna, llegando un par de días después de que un artículo en el New York Times se lamentara por la desafortunada situación de la Generación X que ha inspirado a una orgía en Twitter de personas que celebran desafiantemente la cosa más cómicas sobre sí mismos ("dirigir una página de fans de R.E.M. de 1996 a 2014", "comenzar una revista simplemente para burlarse de otra revista", etc.).

 

Es una prueba de que estar fuera de moda nunca pasará de moda, y nos recuerda que, a su manera extraña, Cocker todavía tiene su dedo delicadamente colocado sobre un cierto tipo de pulso cultural apenas audible, uno que sólo se puede escuchar con el equipo apropiado.

 

 

 

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