Agosto 02, 2019

Asuntos Internos: Investigaciones, arrestos y persecución

Un nuevo gobierno y la promesa de cambios sustantivos mantienen a sectores y ciudadanía expectantes; la cuarta transformación (4T) inició una ruta que, además de generar intensos debates, defensas a ultranza y enconadas críticas, vive un momento clave, pues en plena gestación advierte inconsistencias, procesos abiertos y fisura

POR Eduardo Reyes

En medio de esta coyuntura se advierte la fragilidad y cohecho en los que la anterior administración entregó el gobierno. Excesos, abusos y corruptelas salen cotidianamente a la luz pública mostrando no sólo la corrupción e impunidad acaecidas por la toxicidad de relaciones clientelares sembradas a la sombra del poder, sino también de lo alto que estas han llegado.

 

Se presumen nuevos tiempos, al menos esto es lo que cotidianamente comunica el gobierno. El obradorismo logró una aplastante presencia en la vida pública a costa –entre otras cosas– de denunciar y prometer combatir los excesos, frivolidad e impunidad anteriores. En su discurso cotidiano y como eje de su proyecto, Andrés Manuel López Obrador propone encabezar una cruzada que sea capaz de desterrar la corrupción. A raíz de ello y acompañados de la agenda mediática salen a la luz numerosos escándalos y acusaciones. La lista no es corta y presume crecer; lo más revelador, todas las acusaciones llevan directa o indirectamente a un personaje y su círculo cercano: Enrique Peña Nieto.

 

Si bien la persecución y castigo a políticos de primera plana por temas de corrupción o violaciones a la ley en el mundo son una constante, en nuestro país muestra rasgos inéditos. En más de una ocasión, personajes de segundo orden o subordinados han arrastrado acusaciones y duros acuerdos de culpabilidad a cambio de beneficios o protección. Sin embargo, intereses políticos o beneficios económicos hacen muy poco probable escalar en la cadena de culpabilidad. Hoy, en apariencia, la alternancia política, la debacle electoral del grupo político saliente, la debilidad de la oposición, el hartazgo social y los excesos anteriores se aprecian tan serios que abren la posibilidad de investigar y en su caso, juzgar a figuras antes intocables.

                                    

¿Es un momento inédito?

No es secreto que el presidencialismo mexicano históricamente se ha dotado a sí mismo de mitos, costumbres y fórmulas que le caracterizan. Una de ellas (que data de los excesos del echeverrismo y el lopezportillismo) se remite a prometer erradicar y combatir excesos pasados y vicios; de esta manera se captura a uno o más personajes para demostrar la buena fe y firmeza del nuevo gobierno. Así hizo Salinas con Joaquín Hernández "La Quina", líder petrolero; Zedillo con "el hermano incómodo", Raúl Salinas; Calderón con Raúl Muñoz Leos, exdirector de Pemex y Peña Neto con Elba Esther Gordillo, lideresa del SNTE.

 

El nuevo sexenio enfrenta una condición similar,sin embargo, en esta ocasión, a la tentación del mero mensaje se le suman ingredientes nuevos y posibilidades mayores: sobre la mesa tenemos una promesa de cambio de régimen y un gobierno que, tras dos intentos frustrados, tiene hoy posibilidades de "ajusticiar" a aquellos que en palabras de su líder boicotearon y evitaron de manera facciosa su arribo al poder. Ahora se tienen condiciones para trascender al paliativo mediático y con ello se abre la oportunidad de generar cambios verdaderos; algo que apremia en un momento en que las cosas no acaban de funcionar para la 4T: 10 renuncias de funcionarios (tres de alto nivel), un cúmulo de procesos abiertos y emergencias no resueltas; economía en grado de estancamiento y recesión técnica; escalamiento de la violencia y confrontación con los medios.

 

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