La sabiduría psicodélica y los sonidos extraños de Devendra Banhart

POR VANESSA GRIGORIADIS


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La mayor parte de esta década, Banhart ha sido considerado el líder de la escena “freak folk”, una amorfa colección de mundanas bandas e intérpretes como Joanna Newsom, Vetiver y Animal Collective. Banhart personifica tanto al chamán como al simplón prodigioso, un sex symbol barbón de la nueva escuela hippie, que alguna vez salió con Natalie Portman.


Sin embargo, recientemente se ha rodeado de un nuevo grupo de músicos –desde Beck hasta Fabrizio Moretti y Julian Casablancas de The Strokes– con quienes ha creado una especie de Ciudad Gótica prototípica en las colinas del este de Hollywood, con olor a eucalipto.


What Will We Be, el más reciente álbum de Banhart, oscila entre los desgarradores chillidos a lo Led Zeppelin hasta las baladas en la perdida lengua de los nativos californianos del Río Pit.


Devendra se ha hecho más paciente”, dice su baterista, Greg Rogove. “Las primeras grabaciones eran muy improvisadas, pero ahora se toma el tiempo para escribir las letras y trabajar sobre las estructuras con la banda”.


devendra_banhart_dc_240x240Banhart es un devoto de la estética urbana, hasta la médula, un chico de escuela artística y patineto callejero influenciado por The Incredible String Band, Tropicália y The Fugs. Es también hijo de una modelo originaria de Caracas, Venezuela, quien era un espíritu libre. El músico afirma que What Will We Be fue inspirado por un pañuelo desechable. “Me estaba sonando la nariz con un Kleenex y pensé ‘Esto solía ser un árbol’. Así que le dije al árbol en el pasado, ‘Gracias por dejarme sonarme la nariz con tu futuro’ no sé si ese árbol sabía que se iba a convertir en un Kleenex, tal vez sí. Pudo haber existido en una cuarta dimensión, donde el tiempo es lineal”.


Banhart nació en Texas en 1981; cuando era pequeño, relata, su padre fue mandado a prisión por cinco años (se niega a detallar los cargos, limitándose a decir que el crimen no fue violento)


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Su padre quería reivindicarse y le compró a Banhart un boleto de avión a cualquier lugar del mundo. Banhart, que había comenzado a grabar demos, eligió París, esperando que todas las chicas se vieran como Jean Seberg en Breathless. Se llevó $600 dólares y tomó prestada una grabadora de cuatro pistas. Cuando se le acabó el dinero, se paró afuera de un concierto de Sonic Youth buscando a alguien que lo dejara quedarse en un sillón; después de gorronearle a varios comenzó a dormir en el metro...




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